Ir al contenido principal

El año negro de los Oscar

El anuncio de las nominaciones ya predijo que la de este año no sería una gala memorable en la historia de los Oscar. Desde el momento en que películas tan destacables como Los odiosos ocho, Carol o Steve Jobs quedaban fuera de la carrera, la batalla se reducía únicamente a dos serias aspirantes, que son las que finalmente se han repartido la planta noble del palmarés. Alejandro González Iñárritu repetía como mejor director por segundo año consecutivo mientras que Leonardo DiCaprio rompía por fin el maleficio que lo ha privado de la estatuilla durante más de 20 años. Lo hacían por una película, El renacido, que es toda una proeza visual, aunque todos los galardones técnicos fueran a parar a la vibrante Mad Max: Fury Road, que salió triunfal de la gala con un total de seis estatuillas. La otra vencedora de la noche, una reivindicación del periodismo de investigación como Spotlight, quedó deslucida con sólo dos Oscar, a pesar de alzarse con el que la corona como mejor película del año. Una edición descafeinada que prefirió amortiguar la polémica sobre la falta de diversidad racial haciendo desfilar por el escenario a buena parte de los actores negros de Hollywood, como si tal medida fuera a borrar los sonoros olvidos de Samuel L. Jackson (Los odiosos ocho) o Idris Elba (Beasts of no nation) en la lista oficial de nominaciones. Si por algo pasarán a la historia estos Oscar es por una controversia racial que seguro derivará el año que viene en la todavía más preocupante discriminación positiva, cuando lo más alarmante de esta edición ha sido en realidad el mediocre nivel de las películas nominadas y el soporífero ritmo de una gala que ni con polémica logra levantar las audiencias.

Carta en El Periódico de Catalunya

Carta en La Vanguardia

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ensayo sobre la humanidad

Fernando Meirelles pedía disculpas a los asistentes del preestreno barcelonés de A ciegas por las imágenes tan duras que iban a presenciar. Para quien no conociera el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, sin duda le sorprendería la crudeza de algunas escenas, sobre todo las que tienen lugar durante la improvisada cuarentena para ciegos . Pero los que alguna vez leyeron la novela del Nobel portugués seguramente recordarán la sensación de angustia que provocaban algunos pasajes, hasta el punto de resultar incómoda su simple lectura. La adaptación no obvia los momentos más duros del relato, pero sí elude algunos escabrosos detalles que hubieran hecho del filme una auténtica pesadilla. La recreación de un mundo sumido en el caos tras caer todos sus habitantes en una inexplicable ceguera blanca es meritoriamente realista. De bien seguro que Saramago se quedó corto al suponer la degradación a la que puede sucumbir un ser humano en estado de emergencia, sin orden ni control. Aún así, el rel...

Aburrida hasta para 'El País'

Hagan paso, que el salvador de la cinematografía española hace su entrada, por si no se habían dado cuenta. Qué mal le debe haber sentado a nuestro Pedro despertar esta mañana con la lectura de El País , el periódico al que tanto homenajea en su última película y que tantos masajes le ha practicado a lo largo de su carrera. Una relación que permanecía idílica hasta que un buen día los mandamases de Prisa decidieron contratar a ese inconformista llamado Carlos Boyero y lo convirtieron en su crítico de cabecera. No contaron con que un día al señor le tocaría comentar al intocable y ha pasado lo que tenía que pasar. La sangre de Almodóvar habrá entrado en ebullición en cuanto haya leído en su amado diario un doloroso titular para su nuevo filme: “La única sensación que permanece de principio a fin es la del tedio” . Suelo rendirme ante Almodóvar con la misma intensidad con la que tiendo a aborrecer la forzada rebeldía de Boyero, pero en esta ocasión no tengo más remedio que ponerme del l...

El embolado de Julianne Moore

¿Cómo es posible que una película protagonizada por Julianne Moore y Samuel L. Jackson se estrene en tan sólo tres salas de Barcelona? Era la pregunta que rondaba por mi cabeza momentos antes de entrar en uno de esos tres cines en los que proyectaban El color del crimen . Dos horas más tarde, al atravesar la salida de emergencia, entendí perfectamente el motivo. La película es un bodrio. Capítulos de Sin rastro desarrollan mucho mejor en 45 minutos lo que este filme alarga a 120, la misteriosa desaparición de un niño blanco cerca de un gueto habitado por negros en New Jersey. Desde el momento en que la policía decide acordonar toda la colonia para encontrar al secuestrador, estalla un conflicto racial con dramáticas consecuencias. La película muestra, a su manera, algunos de los males que azotan Estados Unidos. Como es evidente, uno de ellos el racismo y las desigualdades sociales, pero también algunos otros que producen igual repugnancia, como es por ejemplo esa tendencia al asociac...