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Del papel a la pantalla: 'Tarántula', por Pedro Almodóvar

Almodóvar lleva hablando de este proyecto desde mucho antes de Los abrazos rotos. Ya entonces insinuaba que supondría un giro en su carrera y su primer escarceo con el género de terror. De hecho, El Deseo tenía comprados los derechos de la novela de Thierry Jonquet desde hace años y ya en 2001 se insinuó la posibilidad de que Tarántula sería la nueva producción del director manchego. La especulación se ha hecho realidad diez años más tarde, con una película que nuevamente ha dividido a la crítica en defensores y detractores irreconciliables.

Inquieta pensar qué habrá hecho Almodóvar con una novela como Tarántula, sobre todo una vez vistos los avances servidos a modo de aperitivo. Tanto en ellos como en el tráiler definitivo se observan elementos tan típicos del director como esa tendencia al costumbrismo exacerbado o a la belleza visual impostada. Son sin duda las señas de identidad que esperamos de sus filmes pero que quizá no encajen del todo en un texto que persigue otros objetivos, como la tensión o el misterio. E inquieta sobre todo el resultado de esta adaptación porque la novela original es indiscutiblemente una joya inesperada y escondida de la literatura.

Su lectura no supondrá ningún esfuerzo para los escépticos. En poco más de cien páginas se desarrolla una trama que otros autores serían capaces de estirar, sin apenas pestañear, a más de 500. En la capacidad de síntesis de Jonquet se encuentra sin duda uno de los grandes aciertos de Tarántula. Con tanta tendencia a publicar ficción en formato diccionario enciclopédico, se agradece que alguien sea capaz de condensar una historia tan absorbente en tan poco espacio. Y sin renunciar absolutamente a nada.

No es de extrañar que Almodóvar anunciara su primera incursión en el género de terror con esta novela, aunque algunos ya hayan sentenciado que la cinta produce más risa que espanto. El relato es adictivo y tenebroso, con una atmósfera que mezcla locura y tortura con exquisita sordidez. Su narración es enigmática y, sin duda, el punto más sorprendente de la lectura, con una voz imperativa muy poco habitual en autores y que Jonquet convierte en el elemento más misterioso de su trama.

Antonio Banderas será el encargado de encarnar a Richard Lafargue, un prestigioso cirujano plástico con una vida oculta. Mantiene encerrada en su casa a una mujer (Elena Anaya), a la que maltrata y humilla sin saber por qué, mientras realiza visitas esporádicas a un manicomio en el que permanece internada su propia hija. Por otro lado, un joven ha sido secuestrado y torturado en circunstancias parecidas después de huir con su mejor amigo tras atracar un banco y matar por accidente a un policía. Los motivos de ambos secuestros, la incertidumbre, son la esencia que mantiene enganchado al lector. Faltará por ver si la versión cinematográfica será capaz de reflejar en imágenes la gran sorpresa que depara y el libro y que a priori parece muy complicada de adaptar.

De entrada, la elección de actores no parece desafortunada. Muchos ya vaticinan un más que probable Goya a Antonio Banderas por su papel protagonista. La interpretación de Elena Anaya, con lo poco visto, sí parece más cuestionable, más cercana al histrionismo de una actriz Almodóvar que al personaje de la novela Tarántula. Pero ya estamos advertidos. La obra de Jonquet, de indispensable lectura, ha pasado por las manos del guionista manchego, que dice haberse inspirado más que basado en el libro original. Que no nos extrañe entonces si en cualquier momento aparece un travesti en pantalla. Avisados estamos.

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