
La adaptación del ‘best-seller’ de bien seguro que no defraudará. Los rasgos de telefilme que la caracterizan quedan disimulados con la (casi) absoluta fidelidad a la obra original. La puesta en escena, oscura, decadente, de la Suecia más fría y glacial es prácticamente idéntica a la que el lector imagina a medida que avanza en la trama. Y, por supuesto, los responsables del cásting merecen todo el reconocimiento por un reparto en el que nadie chirría pero en el que, sobre todo, alguien sobresale. Noomi Rapace parece haber entendido a la perfección la complejidad de su personaje y se ha convertido en la mejor encarnación posible de Lisbeth Salander.

Lo que en la novela supone lo más interesante, esas primeras 300 y pico páginas donde el autor nos sumerge en los mundos de Mikael Blomkvist y de Lisbeth Salander, en la película se convierte en una inacabable introducción. Mientras se van alternando las primeras pesquisas del periodista en el caso de Harriet Vanger y las vicisitudes de la peculiar espía con su asqueroso tutor, el espectador termina por desear que los caminos de ambos protagonistas se crucen de una vez por todas. Oplev parece olvidar que la descripción, terreno en el que la literatura se mueve como pez en el agua, no encaja tan bien en el lenguaje cinematográfico, donde la imagen termina devorando a las palabras.

A los pocos que todavía no hayan leído la novela de Larsson, vírgenes del acontecimiento literario, puede que la historia les haya resultado atrayente. A los muchos que acudan al cine embelesados por el ‘best-seller’ puede que también el traslado a la pantalla les parezca digno de mención. A los que, en cambio, naveguen a contracorriente y consideren desproporcionado este fenómeno de gran magnitud llamado Millennium es probable que la adaptación de un libro repleto de lagunas, tanto argumentales como de estructura, les termine provocando el mismo grado de decepción.
Comentarios