martes, 24 de junio de 2008

Empacho de Carrie

Los devotos de Carrie y sus tres amigas, entre los que me encuentro, sabían a lo que iban con la entrada de Sexo en Nueva York en la mano. Elucubraciones de una treintañera ya cuarentona con muchos pájaros en la cabeza y muy poco trabajo, conflictos de pareja de unas antaño solteronas y ahora aposentadas señoras, moda a raudales y sexo, lo que se dice sexo, más bien poco. De hecho, la calificación para mayores de 13 años en la introducción ya lo deja bien claro.
Lo que algunos seguidores de la serie puede que no lleguen a comprender, entre los cuáles también me hago un hueco, es cómo ha sido posible un estiramiento tan desmesurado de este chicle ya mascado y que tan buen sabor de boca supo dejarnos. Uno de los productores de la serie y director del filme, Michael Patrick King, ha condimentado Sexo en Nueva York, la película con tantos guiños al fan que ha rozado peligrosamente el empacho.
Sabíamos que Carrie era pija a morir pero no hasta el punto de meterse en la cama con un pedazo de collar de perlas. Conocíamos su gusto por la moda y los manolos de 300 dólares pero no tanto como para presagiar que en el futuro necesitaría un armario del tamaño de mi piso. El colmo de la perplejidad nos llega cuando la protagonista contrata a una asistenta nada más y nada menos que para abrirle los mails! Todo un despropósito que convierte a la nueva Carrie en una parodia de lo que fue.
Ni siquiera Samantha, la que da mayor sentido a Sexo en Nueva York, parece la misma. Si sus hazañas con los hombres eran protagonistas día sí y día también a lo largo de toda la serie, en esta edulcorada versión su talento humorístico se reduce a una única escena con el ‘sushi’ como protagonista. Si en toda la película lo único descojonante que sale de su boca es un comentario sobre la depilación de Miranda, apaga y vámonos. Su talento habrá sido desaprovechado.
Y es que el toque humorístico que tan bien encajaba en la serie por sus comentarios ácidos y sin tabúes apenas está presente en la versión para la pantalla grande. Los dilemas sobre el sabor del esperma de la nueva conquista de Samantha se sustituyen aquí por los problemas gastrointestinales de Charlotte, uno de los pocos momentos tronchantes de la película pero, no nos engañemos, tan poco sexual como sofisticado.
El gran problema de Sexo en Nueva York, la película es su inabarcable duración, para la que se necesitaba una estructura mucho más sólida que cinco capítulos seguidos de la serie. El guión está tan estirado que al final lo que uno espera con ansia es el previsible desenlace feliz. En la mitad quedan escenas con más o menos acierto y mejor o peor hilvanadas pero sin más interés que el de volverse a encontrar de nuevo con aquellas cuatro chicas que tan buenos momentos nos hicieron pasar.
Sexo en Nueva York, la película explota tanto los clichés por los que es conocida (y criticada) la serie que termina dando la razón a los que la consideraban banal y superflua. La moda es reducida a cuatro tópicas marcas, la elegancia y sofisticación son confundidas con el ridículo y la idiotez y el sexo es disminuido a la nada. Con tales méritos, el filme lo único que consigue es hacernos añorar aquellas sesiones de 25 minutos en las que humor, inteligencia y sexo se daban la mano.

domingo, 15 de junio de 2008

Perdiendo la fe en Shyamalan

Shyamalan merece un premio por su talento innato a la hora de ingeniar buenos argumentos. De su imaginación han brotado tramas que son capaces de absorber al más escéptico de los espectadores, empezando con aquellas señales alienígenas en plena vegetación y terminando con las intrigantes muertes en forma de suicidio masivo que plantea en El incidente. Sin embargo, el galardón debería serle retirado inmediatamente por su insistente capacidad en desmerecer tan inteligentes planteamientos. No sabemos cómo, el director de origen indio se empecina en destrozar todas y cada una de sus historias con desarrollos fáciles y mal planteados.
El incidente es quizá el ejemplo que mejor define la tendencia filmográfica de Shyamalan. Aúna el discurso fácil y demagógico que plasmó sin ningún tipo de rubor en Señales, los efectivos recursos de terror de El bosque y la atmósfera inquietante de El protegido. Le falta, eso sí, ese final sorprendente de El sexto sentido que tan buenos réditos le proporcionó en su momento. Es más, parece que ahora ha tomado el camino inverso y ha decidido adelantar el desenlace a la mitad del metraje. Y sus películas, sin esa efectiva sorpresa final, se descubren como buenas intenciones mal desarrolladas.
Que de repente, en una ciudad como Nueva York comiencen a caer cuerpos como gotas de lluvia y a pegarse la gente tiros a bocajarro sin ningún motivo aparente es un planteamiento del que resulta difícil escapar. La angustia de la situación daría para más de la mitad de una película si se explotaran de manera conveniente los sucesos, si se creara un clímax de misterio y terror con el que mantener bien atrapado al público. Sin embargo, Shyamalan opta por acotar la intriga a los minutos iniciales, cortando de raíz la incertidumbre y desvelando el origen del caos a mitad de la cinta.
Eso para todos aquellos que no leyeron antes en los medios de comunicación, y en boca del propio director, que la causa no era otra que la mismísima naturaleza. Amenazados por la brutal agresión del hombre, los árboles y las plantas desarrollaron una sustancia tóxica capaz de bloquear la parte del cerebro humano que impide que nos autolesionemos.
El mensaje ecologista aparece en El incidente de la misma forma que lo hizo en Señales la apología de la religión, es decir, explícita y demagógicamente. Si en aquella parecía que la fe en Dios era la única manera de obtener la salvación, en esta se decide explotar el mensaje verde de tal forma que hasta El día de mañana parece mucho más sutil. ¿Hacía falta que apareciera de fondo una central nuclear o un primer plano de un anuncio inmobiliario para captar el mensaje? Desde luego, la película hubiera sido mucho más efectiva removiendo conciencias si el motivo de tan extraña epidemia, esa venganza de color verde, no se hubiese planteado desde un prisma tan simple y evidente.
Si todo ello se supliera con el ingenio de una buena puesta en escena y la elaborada fotografía con las que suele revestir Shyamalan sus guiones, bastaría para considerar El incidente como un buen filme. En cambio, los homenajes a la serie B ya no sirven como excusa de quienes buscan consagrarlo como director de culto. Las escenas explícitas rozan por momentos el ridículo y algunas, como la que protagoniza una madre con el teléfono móvil, incluso lo sobrepasan, por no mencionar el bajísimo nivel de las interpretaciones.
Puede que la falta de presupuesto tras el fiasco de La joven del agua haya tenido algo que ver, pero sólo Shyamalan sabrá por qué con cada nueva película que estrena logra desacreditarse un poquito más. Sólo queda recomendarle que sus geniales ideas las venda a quien sepa exprimirles todo su jugo. Hollywood, crítica y público se lo agradecerán.

miércoles, 4 de junio de 2008

Preguntas con y sin respuesta de 'Perdidos'

SPOILER: Abstenerse de leer y de ver todos aquellos que todavía no hayan visto el final de la 4ª temporada de la serie

Una vez concluida la 4ª temporada de la serie cuyo título mejor define a sus espectadores (andamos todos verdaderamente desorientados), surgen nuevos interrogantes con los que estrujarse el cerebro hasta su regreso ¡a principios del 2009!, es decir que nos quedan como mínimo seis largos meses para dar respuesta a alguna de estas cuestiones.

- La que más morbo despierta: ¿qué narices le dice Sawyer a Kate al oído antes de saltar del helicóptero en una nueva muestra del carácter angelical que lleva bien escondido en su interior? Jesn, a quien desde aquí mando un afectuoso saludo, ha dado con la respuesta en una de las millones de páginas web dedicadas a la serie: “I have a daughter in Alberquerque. You need to find her. Tell her Im sorry". Desde luego, invita a repasar de nuevo la serie para acordarse, pero ahí queda. Sawyer le pide a Kate que haga una visita a su hija, y todo indica, a juzgar por los flash-forwards de esta cuarta temporada, a que no tuvo reparos en hacerlo, aún a riesgo de provocarle celos a Jack. Por cierto, que menudo dilema tuvo la chica cuando el piloto del helicóptero invitó a alguien más a tirarse al agua…

- ¿Por qué deben volver todos, incluido el muerto, a la isla? Y lo que es peor, ¿cómo lo harán? Algunos foros sugieren que los supervivientes sólo tienen la opción de regresar si no quieren volverse majaras. A la mayoría les han visitado fantasmas del pasado que les impiden olvidar todo lo que han dejado en la isla. Todo parece indicar, también, que Jon Locke saldrá tan vivo del ataúd en cuanto pise la isla como le sucedió al padre de Jack y Claire (¿Jacob?).

- ¿Sun será buena o mala? Su intrigante visita a Charlie Widmore deja mucho que pensar. ¿Querrá vengarse del magnate por haber destrozado su vida o de Jack por haberle impedido rescatar del barco a su amado Jin? Lo que está claro es que los guionistas jugarán con la incertidumbre tanto como hicieron con Juliet, de la que todavía nos queda bastante por conocer… Por otro lado, todo el mundo da por sentado que Jin está vivo.

- ¿Nació Charlotte en la isla? Eso sugería el diálogo que mantuvo con Miles, del que tampoco conocemos su interés por quedarse. No tengo ni idea de qué implicaciones puede tener que este personaje, magníficamente interpretado por Rebecca Mader, haya nacido en la isla, sólo que me abre otro nuevo interrogante: ¿no decían que no podían nacer niños en ella?

- ¿Qué pasó entre el momento que Penny encuentra a los perdidos en una balsa y una semana después? ¿No es la primera vez que la serie nos resalta el intervalo de tiempo que ha transcurrido? Sabemos que Jack es el que toma la voz cantante en cuanto a lo de mentir a la sociedad sobre su rescate, pero en mi opinión Penny tiene mucho que ver en su coartada. Parece que la hija de Widmore quiere ayudarles e impedir que su padre tenga más pistas sobre el paradero de la isla. Claro que entonces, ¿quién puso el avión en el fondo del mar?

- Y el gran quid del último capítulo: ¿Dónde narices ha ido a parar la isla y todos los que estaban en ella? Algunos foreros consideran que la isla no se ha movido de sitio, sino que se ha trasladado en el tiempo, con lo cual permanece en el mismo lugar pero un tiempo más hacia delante o hacia atrás. Pero se trata tan sólo de especulaciones por confirmar. Todo el mundo coincide en que Ben es transportado al desierto del Sahara tras mover la isla, tal como muestra el capítulo The shape of things to come. Lleva la misma ropa y cicatrices que tras la pelea con Keamy en la Orquídea.

Estas son sólo algunas de las nuevas preguntas que quedan sin resolver y que sumadas a las anteriores (oso polar, humo negro, 4, 8, 15, 16, 23, 42, etcétera) hacen de esta serie la más intrigante y adictiva de la historia de la televisión. Es de agradecer que al menos esta cuarta temporada de ‘Perdidos’ haya servido para aclarar ciertas cosas, como que la ciencia ficción, con los viajes en el tiempo como máximo exponente, juega un papel fundamental.