
De 2003 a esta parte, con Cold Mountain y esta última Breaking & Entering, lo que antes suponía en Minghella un tempo suave y pausado hoy resulta un tedio insufrible. Y el motivo no es otro que el argumento. Por un lado, en la primera, la inverosímil historia de amor en tiempos de guerra entre una pareja ya de por sí inverosímil como Jude Law y Nicole Kidman. Por el otro, en la recién estrenada, un conjunto de ideas dispersas sin el mínimo interés y que no debieron pasar de la simple anécdota.
Complicado lo han tenido este mes las revistas para definir la película. Unas la calificaban de thriller, y todo porque el protagonista, de nuevo Jude Law, sufre una serie de robos en su oficina, situada en un barrio marginal de Londres. Suspense y emoción, ya digo, cero. Otras la han etiquetado como drama. Y todo porque el personaje en cuestión se enamora de una mujer bosnia (Juliette Binoche) que resulta ser la madre del ladronzuelo que le trae de cabeza, mientras su matrimonio atraviesa por una serie de fricciones por culpa de la hija hiperactiva de su mujer (Robin Wright Penn). Historia de amor metida en calzador, de nuevo inverosímil, y situaciones dramáticas mal contextualizadas. Vulgarmente yo la definiría como una película ‘ni chicha ni limoná’.

Por lo demás, Breaking & Entering deambula sin ton ni son hacia un final tan previsible como deseado. Y es que pocas veces se desea con semejante ansiedad el desenlace de una cinta. Teniendo en cuenta que Minghella invierte una media de tres años de su vida en estrenar una nueva película, uno se pregunta a qué dedica este hombre el tiempo libre. Desde luego no a buscar algo que contar.
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