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Breaking bad y las 10 despedidas de Walter White en su gran final

Qué placer, qué gustazo, qué satisfacción encontrarnos con un final de serie sin cabos sueltos, sin finales abiertos, sin tomaduras de pelo, con absoluta fidelidad a la trama y para el único deleite de sus seguidores. Pocas veces en televisión se logra el fundido a negro definitivo cumpliendo las expectativas. Y desde luego Breaking bad no sólo ha logrado despedirse por la puerta grande y con el respaldo de más de 10 millones de espectadores sino que lo ha hecho sin lacrar ni un solo momento su estatus de obra maestra.  

Breaking bad dijo adiós de forma serena, como Walter White, sin grandes sorpresas ni giros inesperados, porque para escenas de infarto ya tuvimos los siete episodios previos, cargados de imágenes para el recuerdo. Vince Gilligan, el creador de este prodigio, prefirió conceder a su protagonista todo el tiempo y la calma posibles para poder dar el último suspiro con la conciencia un poco más tranquila. Murió solo, con el peso de la culpa, pero resolviendo los asuntos pendientes, redimiendo sus pecados capitales de la única forma posible. Deshaciendo el entuerto de un negocio que empezó como una medida inocente y derivó en la más oscura de las tragedias.  

1. Cerco a los benefactores
Gilligan afirma que la escena de Gretchen y Elliott es la más complicada del último capítulo, no tanto por su ejecución sino por la dificultad que tuvieron los guionistas para encontrar una salida a la cuestión más importante para Walt, cómo trasladarle el dinero a su familia después de 62 episodios. El regreso del matrimonio Schwartz en este tramo final de la serie, además, ha sido de lo más gratificante. De ellos surge buena parte del orgullo y el complejo de inferioridad de Walter, los dos sentimientos que han ido motivando su descenso a los infiernos. El amigo traicionado consigue desahogarse por fin amenazándoles con la muerte en la escena más tensa del episodio e ironizando sobre sus riquezas. “Animaos, gente guapa. Ahora es cuando haréis lo correcto”.  

2. La aparición estelar
Es uno de los regalos con los que Gilligan ha querido obsequiar a los fans en este capítulo final. No hacía falta que estuvieran en esta despedida, pero sin embargo su presencia es de las más nostálgicas del episodio, recordándonos aquellos tiempos en los que Jesse Pinkman se rodeaba de estos dos yonquis entrañables, capaces de discutir durante horas sobre si es mejor Star Wars o Star Trek. Detrás de los dos láseres que apuntaban a Gretchen y Elliott estaban Skinny Pete y Badger, con los que esperamos que Jesse pueda reencontrarse en un ‘flashforward’ imaginario.  

3. Lydia, el ricino y el stevia
Lydia, a la que el propio Gilligan ha definido como una “Darth Vader con Louboutins”, se lleva la muerte más elegante y sofisticada de la serie. En su enésimo encuentro en la cafetería con Todd, por fin descubrimos quien era la destinataria del ricino que tan desesperadamente fue a recuperar Walt en el capítulo Blood money. Su envenenamiento es el ejemplo perfecto de hasta qué punto esta serie ha cuidado los pequeños detalles. Siempre obsesionada con no llamar la atención y con el adelgazamiento, al final es un sobre de stevia el que termina con su vida.  

4. El visto y no visto de Marie
Uno de los grandes secundarios de la serie merecía quizá un final más memorable que una simple llamada a Skyler advirtiéndole de la presencia de Walt en la ciudad. Marie, la cuñada charlatana y cleptómana, pasó de ser la fiel confidente de Skyler a protagonizar una de las escenas más duras de la última temporada, cuando casi sale huyendo de casa de los White con Holly en los brazos. Unas últimas palabras de Marie con su hermana, para saber cómo han encauzado sus vidas tras la muerte de Hank y la huida de Walt, o incluso un último cara a cara con el químico, hubieran sido muy satisfactorios.  

5. Soberbia Anna Gunn
La última escena con Skyler demuestra hasta qué punto era merecedora la actriz de su Emmy a la mejor interpretación secundaria. Un plano magistral nos va descubriendo a Walter escondido tras una columna mientras cuelga la llamada con su hermana. Sentada en la cocina, fumando y con la mirada extenuada de quien lo ha dado todo por perdido, escucha las últimas palabras de su marido, que por fin se quita la máscara ante ella. “Lo hice por mí," confiesa Walt. "Me gustaba hacerlo. Era bueno haciéndolo. Y estaba realmente... estaba vivo." Skyler aún es capaz de encontrar un resquicio del que fuera su marido cuando le pide despedirse de Holly, la única que al menos no recordará el deterioro de la que un día fue una familia feliz.  

6. Sin palabras para Walter Junior
Es la despedida más dolorosa de este agridulce final. Desde lo lejos, Walter observa a su hijo entrar en su nuevo y humilde hogar sin poder mediar palabra, sin poder abrazarle. La última conversación por teléfono fue muy dura, cuando el chico le recriminó desde el colegio el daño hecho a su madre y le deseó la muerte. Al pobre Walt Junior no le quedó otra que madurar a marchas forzadas desde que supo toda la verdad y presenció una pelea cuchillo en mano entre sus padres. Su paso a la edad adulta fue súbito, traumático y, a juzgar por su actitud al entrar en casa, muy triste. Es, sin duda, el inocente más perjudicado por las andanzas de Walt.  

7. Masacre antinazi
El ingenio de Walter para quitarse de encima a sus enemigos alcanza dotes de MacGyver con la muerte de Jack y sus secuaces, ametrallados literalmente desde el capó automático de su coche. Con el sonido de un sillón inflable de fondo, Walt consigue recuperar el mando a distancia desde la mesa de billar y salvar en el último momento a Jesse de esta gran carnicería final. Jack sobrevive al tiroteo, pero ni siquiera la gran baza de dónde tiene escondidos los 70 millones de dólares le ayuda a salvar el cuello. La codicia de Walter parece tener límites y finalmente le dispara antes de terminar la frase.  

8. Todd, el blanco para Jesse
Walt deja en manos de su ex compañero la muerte de Todd, el angelical rubito con menos escrúpulos de toda la serie. El joven Pinkman exterioriza con las cadenas en su cuello la rabia contenida. Por la muerte de aquel niño en bicicleta, por convertirse en su sustituto en el laboratorio, por los meses de cautiverio, por el asesinato a sangre fría de Andrea. Su muerte sin compasión está plenamente justificada. Y celebrada 

9. La libertad de Jesse
Muchos especularon con la muerte de Walt en manos de su antiguo socio. Ese esperado cara a cara entre ambos se produjo, pero no con el desenlace previsto. Jesse tenía sobrados motivos para apretar el gatillo y terminar con la vida del que dejó morir a su novia y planificó su asesinato. Pero tal y como se juró, decidió no volver a seguir nunca más las órdenes de Walt. Porque él no es un asesino, porque sólo es otra víctima de Heisenberg, porque nos cae bien, y porque vio que su ex socio ya estaba herido de muerte, Jesse tira el revólver y sale huyendo hacia una nueva vida en libertad. Lo que será de él queda a merced del espectador, que puede optar por su regreso a las drogas o ser tan utópico como Gilligan, que ya ha dicho que prefiere imaginárselo en un retiro pacífico en pleno contacto con la naturaleza.  

10. El merecido final de Walt
“Supongo que tengo lo que me merezco” reza la canción Baby Blue de Badfinger con la que Walter White se despide de nosotros para siempre. Con la mirada serena, aferrándose al laboratorio de metanfetamina, el único éxito en su vida, yace en el suelo esperando a la muerte, mientras un plano cenital nos va alejando de él al más puro estilo Perdidos. Protagonista y serie se marchan con la conciencia tranquila. Nadie puede decir que han dejado asuntos pendientes.

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