No es lo habitual. Que una serie dirigida al gran público sobreviva cinco temporadas sin palidecer ya es un mérito. Pero que encima saque músculo después de más de ochenta episodios a sus espaldas es toda una proeza de la que deberían aprender tantas y tantas producciones que estiran tramas sin miramientos ni vuelta atrás. The good wife lo ha conseguido. Sus seguidores no lo demandaban, las tramas discurrían con caudal y fuerza durante cuatro entregas y, sin embargo, Michelle y Robert King decidieron darle un impulso que la ha catapultado a lo más alto de la ficción televisiva actual. 22 capítulos sin desperdicio alguno, que la han vuelto a poner en boca de todos los seriéfilos pero que probablemente sigan sin ser suficientes para lograr el beneplácito de los académicos de la televisión norteamericana. ¿Qué más necesitan? Una mezcla única entre la narrativa procedimental y la serializada, unos secundarios de auténtico lujo y un respeto hacia el espectador que pocas series de las ...
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