Ir al contenido principal

DUNKERQUE | Nolan pluscuamperfecto

Últimamente parece que hay que diferenciar entre películas y experiencias cinematográficas. Como si el cine en mayúsculas fuera un coto exclusivo de determinadas cintas de autor, como si la autoría excluyera por norma la vertiente más comercial. Christopher Nolan pertenece a esa tierra de nadie en la que sus parias casi deben pedir perdón por dignificar el blockbuster, si es que sus propuestas pueden encajarse en tan denostado género. Y para no restarles mérito, casi con condescendencia, los defensores de la pureza del séptimo arte califican sus obras de experiencias, otorgándole al cine otros menesteres.

Pues sí, Dunkerque es toda una experiencia. La más envolvente y asfixiante que jamás se haya rodado sobre una contienda bélica. Reducirla a un espectáculo de fuegos artificiales es cuanto menos injusto, ya que independientemente de su afán por el entretenimiento, como si éste fuera un demérito, la película nos sumerge como nunca en lo más parecido a un estado de guerra. El caos, la supervivencia, el azar de las decisiones precipitadas, que tan pronto te matan como te salvan la vida, las miserias, la desesperación. También el compañerismo, la solidaridad, el patriotismo bien entendido, la empatía. Todas las particularidades de la condición humana, puestas a prueba por la barbarie, están condensadas en esos 100 minutos que, para colmo, representan un apabullante ejercicio estilístico.

Fiel a su afán por romper los cánones narrativos, Nolan da con Dunkerque una nueva vuelta de tuerca a los experimentos espaciotemporales que ya abordó en Memento, Origen e Interstellar. En esta ocasión, la historia se va hilvanando a tres tiempos. Una semana, un día y una hora antes del desembarco civil que logró rescatar a 300.000 soldados aliados acorralados por el ejército nazi. Tres tiempos distintos que progresan a su respectivo ritmo, entremezclándose, avanzando sutilmente escenas que más tarde resultarán claves, jugando como nunca con los puntos de vista, de la tierra al mar y del mar al aire. Sin descanso ni tregua.

El director no permite al espectador ni un segundo de respiro, que asuste apabullado, aturdido, tan sobrecogido ante los acontecimientos como cualquier víctima de una guerra, a una sesión implacable de daños colaterales. Las escenas de acción en Dunkerque se fusionan, se dan paso, se interrumpen, en un diálogo a tres tiempos que orquesta una banda sonora total. Y es que pocas veces película y música resultan tan interdependientes como en esta fusión entre Nolan y Zimmer. Imágenes y sonidos al completo servicio de un clima angustiante y claustrofóbico que se mantiene desde el primer instante hasta uno de esos finales que desembocan irremediablemente en erizamiento epidérmico.

A la experiencia no puede exigírsele más alicientes. Mientras asistimos atónitos a la oscuridad más terrorífica, a la ausencia de oxígeno en los lugares más temibles, a la vulnerabilidad de un blanco a tiro de enemigos sin rostro, nos preguntamos qué es el cine sino esta impagable inmersión en los horrores de la guerra. Qué otra función puede esperarse de un invento que nació para dotar de vida a las imágenes. Si Dunkerque no es digna de reconocimiento en la próxima edición de los Oscar, más vale que la Academia de Hollywood se replantee el objetivo de sus galardones. Nolan les propina una lección magistral sobre cómo confeccionar la película pluscuamperfecta.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los 8 momentos memorables del final de Mujeres Desesperadas

Pueden contarse con los dedos de una mano las series que han logrado cerrar la persiana sin remordimientos. Mujeres desesperadas seguramente se encuentre en ese reducido grupo de privilegiadas que alcanza el final satisfaciendo a la gran mayoría de sus seguidores, sin polémicas, sin originalidades, sin alterar, en definitiva, la esencia de una fórmula que la ha mantenido en antena durante ocho temporadas.
Podrán vertirse muchas críticas sobre esta creación de Marc Cherry, gustarán más o menos algunas épocas de la serie, pero lo que no puede negársele a Mujeres desesperadas es la fidelidad a su público. La coherencia suele convertirse en la factura pendiente en producciones que, movidas por el éxito, suelen alargarse hasta el infinito, perdiendo en el camino la cordura (Lost) o a buena parte de su reparto original (CSI).
Consciente de ello, Cherry decidió ponerle punto y final a su niña mimada antes de que el tiempo erosionara su identidad. La fecha escogida fue el pasado domingo 13…

JUEGO DE TRONOS 7 | Las 7 escenas clave de una temporada exprés

[Contiene spoilers de toda la séptima temporada]

El invierno llegó en pleno julio y ha venido para instalarse. Al menos es lo que nos espera estos próximos meses, dicen que hasta 2019, sin más andanzas en Poniente. Después de seis temporadas anunciando su llegada, la amenaza se ha hecho real y ha dividido como nunca a los millones de seguidores de este fenómeno planetario llamado Juego de tronos. Los tiempos se han reducido, las distancias se han acortado, y la serie ha emprendido el rumbo hacia la plena satisfacción del fan.

Lo ha hecho a costa de la coherencia contextual, propulsada por ese acelerón que se han autoimpuesto sus responsables. David Benioff y D.B. Weiss disponían de material para cuatro o cinco temporadas más y, sin embargo, decidieron acotar el desenlace a trece episodios divididos en dos tandas. Juego de tronos es probablemente el primer caso en el que una serie de éxito no estira su trama argumental sino más bien al contrario, la constriñe con la única explicación d…

Sin etiquetas

Qué gran golpe nos habría propinado Tomboy si desconociéramos el argumento de la cinta antes de entrar en la sala. Con la boca abierta nos habría dejado esa escena en la que el hasta el momento protagonista de la cinta, un niño de 10 años, se levanta de la bañera y nos desvela que en realidad tiene vagina. Tan valiente como esa imagen de una menor desnuda, irreproducible en otra cinematografía que no sea la francesa, hubiera sido mantener el secreto hasta ese instante. La experiencia habría sido inmejorable.

Pero el marketing manda y había que vender la película de alguna manera. Difícil resistirse a la tentación de titular con el reclamo de una niña que se hace pasar por chico. Es probable que de otra forma sólo unos pocos aventurados se hubiesen atrevido a verla, así que bienvenida la estrategia de venta si con ella se consiguen más espectadores para una cinta modesta, silenciosa, pero que seguro es la más gratificante de una cartelera de puente de mayo tan desalentadora.

Más que el…