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¡Mamma mia, podría haber sido mucho peor!

Por lo que yo sé, que es más bien poco, existen dos tipos de musicales: los que componen un conjunto de letras basadas en una historia y los que, por el contrario, adaptan el argumento a un conjunto de canciones ya conocidas, generalmente pertenecientes a un grupo de gloria pasada. Es el caso de Queen, musical con desafortunada versión en español, o el de Mecano, el único made in Spain que ha logrado salir bien parado de la hazaña.
Es el caso, también, de ¡Mamma mia!, que no ha querido desaprovechar el tirón popular que todavía tiene ABBA a nivel mundial. Con más de 400 millones de discos vendidos, el grupo sueco logró posicionarse la semana pasada en el número 1 de las listas inglesas con Gold, recopilación de sus grandes éxitos que salió a la venta hace nada más y nada menos que 16 años. Cuando hasta la mismísima Madonna recurrió al cuarteto con Hung up para relanzar su carrera, que menos que dedicarle una película al musical que suma desde su estreno en 1999 más de 30 millones de espectadores.
El problema está, y ya viene de origen, cuando a un grupo no se le ocurre otra cosa que componer un conjunto de temas inconexos que apenas puedan encajarse en una historia. Por entonces, los suecos no eran tan espabilados como ahora, Ikea todavía no había nacido, y a nadie se le ocurrió la idea de que, ya que estaban puestos, no estaría mal ponérselo fácil a los guionistas de una posible adaptación teatral de su repertorio.
De esta manera, Anni-Frid, Benny, Björn y Agnetha compusieron temas sin ton ni son, desde Waterloo y Money, Money, money a Take a chance on me, pasando por The winner takes it all. Faena tuvieron las guionistas de este tinglado para encontrar un mínimo hilo argumental. El resultado es esta historia en la que una chica a punto de casarse en una esplendora isla griega busca a su padre entre los tres amantes de su pendona madre. Y sorprendentemente, el resultado, al menos en forma de película, no resulta tan patético como amenazaba con ser.
Tener a Meryl Streep como cabeza de cartel es, sin duda, el gran privilegio con el que ha contado Phyllida Lloyd, la directora del musical en teatro y que ahora debuta en la gran pantalla. Su interpretación de la hippie trasnochada Donna no sirve sino para confirmar que esta mujer puede con todo. Streep no sólo es capaz de dar credibilidad a un personaje bastante inverosímil sino que también demuestra contar con una portentosa voz. Salir airosa de este embolado en el que se metió por capricho es todo un mérito, algo que no puede decir, por ejemplo, su compañero de reparto Pierce Brosnan. A su eterna y superficial sonrisa se le suman ahora unas increíblemente desafinadas cuerdas vocales.
El resto de actores asumen a la perfección su función en esta película: formar parte de ese mundo tan artificialmente feliz que sólo los musicales logran recrear. Desde la joven y bella Amanda Seyfried hasta la más veterana Christine Baranski, espléndida y graciosa en su papel de menopáusica devora hombres. Hasta los secundarios, ataviados como típicos griegos, añaden de forma eficaz esa pequeña dosis de sátira que todo número musical necesita. Sólo así se consigue no caer en el ridículo cuando una de las coreografías emerge de repente del mar en forma de un montón de chavales con gafas y aletas de buceo.
La directora logra con ¡Mamma mia! llevar a buen puerto un proyecto harto difícil. Aunque la historia es simple y la mayoría de canciones se añaden a la trama con calzador, la película es fresca y tiene ritmo, algo que ya quisieran para sí muchos musicales. Su mérito es no aburrir, y eso ya es mucho pedir a un género en el que con cada nueva canción suele agotarse el tiempo y la paciencia del espectador.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Cazadora:

Yo la fui a ver este verano y me encanto, decir q me lleve una sopresa con Meryl Streep y su voz, impresionante... price brosman, el pobre, lo suyo no es el canto no..jeje. Esta bien, es fresca y divertida la pelicula, me gusto bastante

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