
Parece, en cambio, que en esta edición han decidido atiborrar a la bestia con material sensible. Por sus gafas oscuras pasaron anoche actuaciones de puro bochorno que cualquier sesión casera del Sing Star podría superar. Resulta cuanto menos sospechoso que de entre los 11.000 aspirantes a triunfitos, estos 18 seleccionados fueran los de voz más prodigiosa. ¿No será que venden más las reprimendas del jurado que el talento de los participantes en este concurso? A juzgar por la reacción del público allí presente, que únicamente se desgañitó cuando intervino Risto Mejode, parece que sí.
Se pueden contar con los dedos de una mano los concursantes que merecen ganar el programa. El resto verá cómo durante las próximas semanas la humillación irá creciendo o decreciendo en función del volumen de espectadores. De momento, parece que la audiencia vuelve a acompañar a OT. Casi 4 millones de personas aguantaron las incesantes interrupciones publicitarias, ya fueran en forma de bandolera del BBVA como de anuncio, y que alargaron la agonía hasta la una y media de la madrugada. Ya veremos como evoluciona la cosa.
Si en algo conviene felicitar a los creadores del invento es en su capacidad de adaptación. De la misma forma que los de Gestmusic entendieron muy bien lo que suponía cambiar de La 1 a Telecinco, con tipos de audiencias tan diferentes, también han sabido aumentar la dosis de espectáculo hasta la perfección. Imagino la cara de los realizadores de Fama en Cuatro cuando comprobaron que es posible ofrecer planos de infarto sin que el espectador pierda ni un solo detalle de la actuación. Se nota la experiencia y se notan los medios. Plató impresionante, buena coordinación, excelentes montajes y excelente presentador. Puro espectáculo televisivo.
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