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TRES ANUNCIOS EN LAS AFUERAS | La paradoja McDormand

Lo que el cine une que no lo divida la realidad. Forma parte de su magia. La capacidad de la ficción de convertir en entrañables personajes que odiaríamos si formaran parte de nuestro entorno más cercano. Frances McDormand se ha especializado en encarnarlos. Mujeres fuertes, fastidiosamente punzantes, lo suficientemente asqueadas con la vida como para recordar al resto lo miserables que resultan sus existencias. En pantalla, la adoramos. En el día a día, seguramente formaríamos parte de ese nutrido pueblo que no la comprende, que le da la espalda, que murmura perplejo e incómodo tras cada una de sus salidas de tono. Actriz y personaje son necesarios. Nos reflejan en formato grande cuán hipócrita puede llegar a ser nuestra actitud.

Martin McDonagh realiza un enorme salto cualitativo con Tres anuncios en las afueras. Resulta imposible no rendirse ante una premisa que capta enseguida la atención y que se desarrolla de manera impecable, gracias a un guion en el que hay hueco para todo y en el que nada chirría. Una mezcla arriesgada pero perfectamente hilvanada que logra sus múltiples efectos gracias al trabajo de un casting redondo. McDormand, pero también Woody Harrelson y Sam Rockwell, consiguen lo que parece imposible, hacernos empatizar con tres personajes que en mayor o menor medida nos parecerían deleznables.

Y es que la causa de Mildred Hayes es universal. Cualquiera se identificaría con la lucha de una madre desesperada por encontrar al asesino que violó y quemó a su hija. Pero la fraternidad se desdibuja cuando la afectada no responde al perfil de víctima, cuando saca las uñas y altera el orden establecido, sobre todo el orden en un microcosmos donde el racismo y la justicia por la mano campan a sus anchas. Es en ese instante cuando la víctima se convierte en verdugo, por obra y arte de una sociedad que vive ajena a las realidades incómodas.

Tres anuncios en las afueras reproduce a la perfección ese pequeño universo en el que conviven la venganza, la culpa, los complejos y la intolerancia. Podría contentarse siendo un mero reflejo de esa América profunda mil veces retratada. Pero prefiere ser más honesta con sus personajes y profundizar en sus debilidades para transmutarlas en fortalezas. Podría acomodarse en un estado contemplativo, hurgando en la herida dramática, y en cambio ofrece un arsenal de giros imprevistos que la convierten en toda una experiencia emocional. Podría ser un thriller, un drama intimista o una comedia negra y se convierte en todo eso y mucho más. Género inclasificable para un cine de gran envergadura.

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