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Dos maduritas cachondas

Es el pretexto ideal para una película porno. Un joven cachas se cepilla a la madre de su mejor amigo una noche de borrachera. Al descubrirlo, el otro se dirige sin miramientos a la casa de al lado y hace lo propio con su mamá, conformando un cuadrilátero de infinitas posibilidades que es una lástima que esta película australiano-francesa no llegue a explorar. Porque la cinta, señores, se toma en serio la premisa y en vez de extender el delirio con tríos, incestos y escenas gay-lésbicas busca convertir en drama un argumento de risa.

Lejos de derivar esta absurda historia de amores cruzados en una tragedia griega, Dos madres perfectas encima se recrea con cierta sorna en los momentos más bochornosos. “¿Cómo te sientes?” le pregunta Naomi Watts, una de las madres a su mejor amiga cuando ambas descubren su particular intercambio de hijos. “Muy bien, mejor que nunca”, le responde sin apenas pestañear Robin Wright para a continuación ofrecernos un plano de ambas con cara de satisfacción postcoital.

Con semejante planteamiento, la película ni se esfuerza en encontrar su tono. Por determinados diálogos, como el que protagonizan los maromos cuando se reparten sus alcobas, y por las carcajadas que provocan en platea, podríamos estar hablando de una comedia. El drama romántico queda descartado desde el momento en que los conflictos y los personajes se desechan como kleenex, sobrepasando la parodia en los últimos minutos del metraje. Ni siquiera el telefilme se ha atrevido a explotar terrenos tan irreales. Incluso la última baza posible, estimular la libido de cougars cincuentonas a base de surferos con torsos desnudos, termina despertando menos erotismo que un anuncio de Coca-cola Light.

Lo más inexplicable es que dos actrices de renombre como Naomi Watts y Robin Wright se hayan prestado a semejante bochorno. La primera debió sufrir algún tipo de trastorno el año pasado. Por aquel entonces se disponía a hacer el ridículo encarnando a Diana de Gales y tuvo la santa indecencia de producir, de financiar, este esperpento. Wright, en cambio, apenas tiene justificación. Aceptar un papel como el de Roz después de recuperar el prestigio perdido en House of cards, con Globo de Oro incluido, es un paso en falso que no se debería cometer. Y es que tan sólo existe una intérprete capaz de proporcionar a Dos madres perfectas la dosis idónea de jolgorio y choteo. Su nombre es Hokulani, más conocida como Nicole Kidman.

Desde luego, era complicado adaptar el texto de Doris Lessing. Hay historias imposibles que sólo la literatura es capaz de argumentar. Pero puestos a meterse en el fregado, existen maneras más dignas de abordar este embrollo. Puede que si la ejecución no estuviera plagada de elipsis chapuceras o extraños arquetipos (¿un surfero cultureta?) resultara menos risible la visión de dos maduras perdiendo las bragas por sus respectivos vástagos. Pero Anne Fontaine es justo lo que plasma, un puro cachondeo.

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