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Qui torna ja no ets tu

Que la distancia es el olvido es algo que saben hasta los de Efecto mariposa. Pero una cosa es pasar de puntillas sobre tal obviedad con otra edulcorada letra del pop español y otra bien distinta es lograr implicar al espectador como lo hace 10.000 km. Con sólo dos actores y una original puesta en escena, Carlos Marqués-Marcet debuta en la gran pantalla con los niveles de intimidad de una obra madura. Los suficientes como para que uno sienta como propia esta aparentemente sencilla historia de amor.

Todo en nuestro entorno conduce a una vida entre dos. Hasta las fundas nórdicas parecen diseñadas para que uno no las pueda revestir sin la ayuda de su media naranja. Lo que no aparece en ese manual de instrucciones del amor conyugal es qué hacer cuando inevitablemente divergen los intereses comunes. Justo lo que le ocurre a esta pareja urbanita de manual formada por Sergi y Alex, un barcelonés preparándose las oposiciones para profesor y para padre y una adorable inglesa con inclinaciones artísticas y entregada a la causa. Hasta que la oportunidad profesional irrumpe en sus vidas en forma de email.

Es dolorosamente angustiante cómo van pasando los días en 10.000 km. Cualquiera es capaz de anticiparse a los hechos desde el momento en que ambos discuten la posibilidad de aceptar o declinar la oferta, desde el instante en el que uno de los dos renuncia a sus deseos para satisfacer los del otro. Sabemos que se avecinan recelos y reproches, que 365 días con un océano de por medio son demasiado peso para una relación que todavía no se ha puesto a prueba.

Lo que comienza siendo una aventura a dos retransmitida a diario y en directo vía Skype termina derivando con el paso del tiempo a la frialdad del correo electrónico y las llamadas sin respuesta. Esa agónica involución amorosa nos la va narrando Marqués-Marcet a golpe de webcam y píxeles, de interrupciones y trasnoches. Pero son las escenas de apertura y clausura de la cinta las que marcan un antes y un después, la primera como el plano-secuencia más largo del cine español (23 minutos) y la segunda por su apabullante carga dramática.

Que la cinta sea tan aterradoramente verídica es tanto mérito de un director valiente como de dos actores, David Verdaguer y Natalia Tena, tan creíbles en una escena de cama como de cibersexo. Alcanzan una química insólita en nuestras pantallas y logran con ese grado de verosimilitud implicar de lleno al espectador en la incertidumbre sobre quién es el culpable de la debacle, si el que supedita la felicidad ajena o el que antepone su ambición personal al proyecto de pareja.

En todo caso, lo que brinda Marqués-Marcet en esta imprescindible ópera prima es una profunda reflexión sobre el amor, un debate entre la versión preponderante de la llama eterna y la versión utópica, la auténticamente altruista, en la que seríamos capaces de retirarnos a tiempo por el bien del otro, sin imposiciones ni renuncias. De tan honesta, 10.000 km supondrá todo un mazazo para los amantes del color de rosa.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Esta actriz sale en Juego de Tronos...XD..

La peli no la he visto.

jesn

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