Ir al contenido principal

Invitación a soñar

Parece que sólo existan dos posturas enfrentadas, irreconciliables, frente a los musicales. Admiradores que sueñan con un mundo mágico e irreal frente a los que aborrecen los súbitos arranques de cante y baile. Al musical se le adora o se le detesta, cuando la historia del cine nos demuestra que existen multitud de propuestas que se alejan de los cánones habituales del género. La la land no pertenece precisamente a ese reducido grupo de excepciones, no llega con inquietud revolucionaria, pero su brillante ejercicio de nostalgia consigue alcanzar a un público mucho más amplio, el de los eternos románticos.

Damien Chazelle ha querido rendir homenaje a sus dos grandes pasiones, el cine y el jazz, echando la vista atrás, con una mirada melancólica, irresistiblemente hipnótica, a la época dorada en la que los cines se abarrotaban y los clubes de jazz derrochaban vitalidad y talento. Sustituidos ahora por locales de samba y tapas, por la moda efímera, o con la amenaza de cierre, sorprende que sea un chico de apenas 32 años el que reivindique con su obra el pasado glorioso de Hollywood y de la música negra. Gracias a la enorme acogida de La, la, land, su alegato, además, ha surtido efecto.

Resulta imposible resistirse a los encantos de una película que fusiona música e imágenes con tan exquisita precisión. Desde el plano secuencia inicial, que sin duda encandilará de la misma forma que horrorizará a seguidores y detractores del género, hasta la brillantísima secuencia final. Probablemente, los mejores apertura y cierre en una sola cinta. Milimétricamente pensados para abrir boca y dejar poso.

Entre principio y final, una bonita historia de amor entre dos soñadores, el que busca tocar el piano en su propio local y la que persigue el éxito en la industria cinematográfica desde una cafetería de los estudios Warner. De las coreografías vistosas, de los números musicales eufóricos vamos pasando poco a poco, a ritmo de piano, al encandilamiento del flirteo, de la primera vez, con un clímax que nos conduce del terrenal cine Rialto al firmamento del observatorio Griffith, en una maravillosa escena que lo reconcilia a uno con la visión más romántica del amor.

Por suerte, Chazelle no permite que flotemos demasiado tiempo en el espacio exterior, justo a tiempo para impedir que la propuesta alcance cotas insoportables de cursilería. La ensoñación a la que asistimos protagonistas y espectadores, absorbidos por la indudable química entre Emma Stone y Ryan Gosling, topa de lleno con los sueños particulares. El eterno conflicto entre el interés común y los individuales, entre el quiénes somos y el quién quiero ser, hace acto de presencia para despertarnos de la utopía a la que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood.

Sin embargo, la clara invitación de La la land es a soñar. Poco importa que la vida sea más compleja que el argumento de un musical, que las historias de amor casi nunca terminen como en un cuento de hadas o que las oportunidades formen parte de un coto privado. Uno de los objetivos del cine es la ilusión. Y Chazelle la lleva hasta sus últimas consecuencias con una obra maestra que, por lograr, incluso consigue que una ciudad tan fea y hostil como Los Ángeles se convierta por momentos en el lugar más bonito del mundo. Ni para los amantes ni para los enemigos del musical, La ciudad de las estrellas es para todos aquellos con ganas de soñar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ensayo sobre la humanidad

Fernando Meirelles pedía disculpas a los asistentes del preestreno barcelonés de A ciegas por las imágenes tan duras que iban a presenciar. Para quien no conociera el Ensayo sobre la ceguera de Saramago, sin duda le sorprendería la crudeza de algunas escenas, sobre todo las que tienen lugar durante la improvisada cuarentena para ciegos . Pero los que alguna vez leyeron la novela del Nobel portugués seguramente recordarán la sensación de angustia que provocaban algunos pasajes, hasta el punto de resultar incómoda su simple lectura. La adaptación no obvia los momentos más duros del relato, pero sí elude algunos escabrosos detalles que hubieran hecho del filme una auténtica pesadilla. La recreación de un mundo sumido en el caos tras caer todos sus habitantes en una inexplicable ceguera blanca es meritoriamente realista. De bien seguro que Saramago se quedó corto al suponer la degradación a la que puede sucumbir un ser humano en estado de emergencia, sin orden ni control. Aún así, el rel...

Aburrida hasta para 'El País'

Hagan paso, que el salvador de la cinematografía española hace su entrada, por si no se habían dado cuenta. Qué mal le debe haber sentado a nuestro Pedro despertar esta mañana con la lectura de El País , el periódico al que tanto homenajea en su última película y que tantos masajes le ha practicado a lo largo de su carrera. Una relación que permanecía idílica hasta que un buen día los mandamases de Prisa decidieron contratar a ese inconformista llamado Carlos Boyero y lo convirtieron en su crítico de cabecera. No contaron con que un día al señor le tocaría comentar al intocable y ha pasado lo que tenía que pasar. La sangre de Almodóvar habrá entrado en ebullición en cuanto haya leído en su amado diario un doloroso titular para su nuevo filme: “La única sensación que permanece de principio a fin es la del tedio” . Suelo rendirme ante Almodóvar con la misma intensidad con la que tiendo a aborrecer la forzada rebeldía de Boyero, pero en esta ocasión no tengo más remedio que ponerme del l...

Lost: The final deception

Sabían que esperábamos respuestas, que había una gran expectación por ver cómo resolverían todos los misterios que habían generado. Contaban, además, con nada menos que tres temporadas para resolver el embrollo . Pero decidieron virar de forma estrepitosa hacia la ciencia ficción. Si nos aseguraron que la cosa no iría de máquinas del tiempo, en la quinta temporada nos marearon del pasado al futuro sin miramientos. Lo aceptamos e incluso lo acogimos con júbilo. Pero el final era otro cantar. Nos dijeron por activa y por pasiva que aquella isla no era un purgatorio y que los protagonistas no estaban muertos. Y sin embargo, la idea de una antesala de la muerte ha surgido, aunque por suerte, no sea aplicable a toda la serie sino a una temporada, la sexta, que ya se ha convertido, sin miedo a morir lapidado, en la peor de Perdidos . Cierto es que había demasiados misterios por resolver, demasiados frentes abiertos casi imposibles de cerrar, pero también es cierto que disponían de 18 episodi...