Ir al contenido principal

Malditas coincidencias

Mientras Daniel Monzón se atiborra estos días con el festín que le ha brindado una potente campaña de marketing a su correcta, efectiva y bien resuelta El niño, esta semana Alberto Rodríguez estrena su isla mínima con el respaldo unánime de una crítica lanzada a sus pies pero probablemente sin la maquinaria de propaganda suficiente como para convertir a esta película en lo que es, el nuevo gran paradigma del cine español.

Podría haberse conformado con entregar un gran thriller, siguiendo a rajatabla los cánones del género, sin desviarse un ápice del camino. Hoy estaríamos aplaudiendo la impecable factura que envuelve a su crimen por resolver. Pero el director andaluz demuestra por segunda vez que no basta con cumplir el expediente. Si en Grupo 7 enriquecía su relato policial ambientándolo en la Sevilla de los años previos a la Expo, esta vez ha decidido retroceder unos años más y situar la intriga en ese no tan ejemplar tránsito entre la dictadura y la democracia españolas. Un esfuerzo de contexto que cubre de matices la investigación de dos policías antagónicos en un pueblo de la Andalucía más recóndita.

Las marismas sirven de escenario perfecto para una puesta en escena insólita en nuestro país. Planos aéreos abismales que desde los títulos de crédito ya nos sitúan en un páramo inhóspito, tan inaccesible como aterrador. Entre hierbajos y humedales se presenta una escena del crimen angustiante y envolvente, la versión andaluza del frío y gélido cine negro sueco.

Sin enredarse en una maraña de pistas falsas y vías muertas, el guión nos va conduciendo de la forma más sencilla y elegante posible desde la desaparición de dos adolescentes durante las fiestas del pueblo hasta la resolución del caso, siempre desde el punto de vista de dos agentes que representan a las dos Españas, la de la violencia y la opresión frente a la que mira al frente con ganas de olvidar el pasado. Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo conforman un tándem también inaudito en el ámbito de la interpretación española, repleto de tormento y contención, sin ruido ni estridencias. A tono con la atmósfera del metraje.

Rodríguez podría haberse contentado con todos estos elementos y, sin embargo, arriesga de nuevo jugando con la cámara, regalándonos planos como el que nos presenta la escena del crimen desde una camioneta repleta de patos o el que nos sitúa en el asiento del copiloto en plena lluvia durante un registro, por no mencionar su particular mirada sobre la fauna local, testigo omnipresente de la atrocidad humana. Pero sin duda la escena que se lleva la palma y que más logra palpitarnos el corazón es la que tiene lugar entre dos coches en una carrera nocturna cargada de miedo y de tensión. A la altura del mejor Fincher. Ni siquiera se le puede reprochar la falta de valentía en el final, tan atípico como cargado de simbolismo.

Lástima que la casualidad haya querido que La isla mínima coincidiera en el tiempo con la reciente y exitosa 'True detective', porque las comparaciones lamentablemente están fundadas. Dos policías atormentados enfrentándose a un crimen en el que el paisaje también tiene su rol particular. Imposible ignorar la sensación de 'déjà vu'. Pero lo mismo le ocurrió hace unos años a Pablo Berger y su maravillosa Blancanieves con The artist. Malditas coincidencias que empañan en cierta manera la gran hazaña de sus propuestas pero que incluso han logrado reforzarlas. Marcan la diferencia hasta entre sus enormes semejantes.

Comentarios

Entradas populares de este blog

'Los abrazos rotos' ya tiene cartel

Era extraño que las revistas de cine de este mes no contaran con el cartel de la nueva película de Almodóvar, a pesar de que se estrena el próximo 18 de marzo . ¿El motivo? Todavía no había salido a la luz. Ha sido esta semana cuando por fin se ha desvelado el diseño del que será el filme de mayor metraje del director manchego. Penélope Cruz se convierte de nuevo, tras Volver , en la protagonista absoluta, mientras que el colorido habitual de sus diseños viene esta vez bajo la influencia del Pop Art de Andy Warhol. El argentino Juan Gatti ha sido otra vez el encargado de dar imagen a una película de Almodóvar. Todo un artista cuya obra conocida y desconocida ha permanecido justo hasta hoy en la Fnac Triangle de Barcelona (Ver fotogalería de la exposición) .

Lost: The final deception

Sabían que esperábamos respuestas, que había una gran expectación por ver cómo resolverían todos los misterios que habían generado. Contaban, además, con nada menos que tres temporadas para resolver el embrollo . Pero decidieron virar de forma estrepitosa hacia la ciencia ficción. Si nos aseguraron que la cosa no iría de máquinas del tiempo, en la quinta temporada nos marearon del pasado al futuro sin miramientos. Lo aceptamos e incluso lo acogimos con júbilo. Pero el final era otro cantar. Nos dijeron por activa y por pasiva que aquella isla no era un purgatorio y que los protagonistas no estaban muertos. Y sin embargo, la idea de una antesala de la muerte ha surgido, aunque por suerte, no sea aplicable a toda la serie sino a una temporada, la sexta, que ya se ha convertido, sin miedo a morir lapidado, en la peor de Perdidos . Cierto es que había demasiados misterios por resolver, demasiados frentes abiertos casi imposibles de cerrar, pero también es cierto que disponían de 18 episodi...

Los 8 momentos memorables del final de Mujeres Desesperadas

Pueden contarse con los dedos de una mano las series que han logrado cerrar la persiana sin remordimientos. Mujeres desesperadas seguramente se encuentre en ese reducido grupo de privilegiadas que alcanza el final satisfaciendo a la gran mayoría de sus seguidores , sin polémicas, sin originalidades, sin alterar, en definitiva, la esencia de una fórmula que la ha mantenido en antena durante ocho temporadas. Podrán vertirse muchas críticas sobre esta creación de Marc Cherry, gustarán más o menos algunas épocas de la serie, pero lo que no puede negársele a Mujeres desesperadas es la fidelidad a su público . La coherencia suele convertirse en la factura pendiente en producciones que, movidas por el éxito, suelen alargarse hasta el infinito, perdiendo en el camino la cordura ( Lost ) o a buena parte de su reparto original ( CSI ). Consciente de ello, Cherry decidió ponerle punto y final a su niña mimada antes de que el tiempo erosionara su identidad. La fecha escogida fue el p...