lunes, 25 de enero de 2016

La gran burbuja

Como no dispongo de ningún famoso que se preste a ello, déjenme que les explique yo mismo, sin regodeos ni tecnicismos, de tú a tú, y a poder ser con mi mejor sentido del humor y de la estética, en qué consiste la burbuja cinematográfica. Imaginen por un momento una película con una puntuación media de tres, que es el valor real de La gran apuesta, pero que de repente empieza a experimentar, mediante una serie de especulaciones e incentivos en forma de nominaciones, un súbito e inexplicable aumento en su calificación. Las expectativas sobre el filme van subiendo como la espuma, Brad Pitt y compañía se frotan las manos, hasta que un buen día el populacho acude al cine y se echa las manos a la cabeza. Les han vendido gato por liebre. La cinta está muy por encima de su valor real, aunque los portavoces oficiales manifiesten lo contrario, y la sensación de estafa se adueña del espectador. Una vez más, Hollywood, ese Wall Street cultural, nos la ha colado.  

¿Recuerdan cuando todos tuvimos que familiarizarnos con conceptos como la prima de riesgo, las hipotecas subprime y demás jerga económica? Eran tiempos en los que la terminología habitual de unos pocos se acercó a la calle como recompensa por el sacrificio prestado. Pues bien, ahora todos aquellos conocimientos de economía para dummies se quedan cortos y obsoletos para entender una mínima parte del embrollo que nos narra Adam McKay, nominado al Oscar como mejor director por adaptar un best-seller de Michael Lewis partiendo de un contexto –la crisis económica actual- ya rodado con maestría anteriormente y emulando el nervio de directores como David O. Russell o Martin Scorsese. El resultado es un mejunje que abofetea violentamente a todas sus influencias precedentes. Un batiburrillo de ideas prestadas que quiere, y vaya si lo consigue, dejarnos con la boca abierta.

Ya sé lo que estarán pensando, avispados lectores. “Este tío no se ha enterado de nada y echa pestes sobre la película para camuflar su colosal analfabetismo”. Tienen parte de razón, lo confieso. Se me escapa el significado de conceptos como CDO o de swap, no los asimilo ni aunque me los explique Sofía Vergara dando vueltas sobre sí misma con un vestido despampanante (¿recuerdan las críticas sobre machismo?). Pero lo que no se me escapa es el argumento central de La gran apuesta, que una pandilla de inversores anticiparon la debacle mundial y, lejos de hacer saltar las alarmas, decidieron aprovecharse de la ceguera capitalista y forrarse a su costa. Tan tremendo planteamiento convierte a todos sus protagonistas en auténticos psicópatas. A todos menos a Brad Pitt, que se reserva, como buen productor, la frase más demagoga de la cinta, no vaya a ser que la imagen impoluta de Brangelina se disuelva.

La verborrea ininteligible es intencionada, tanto en la economía como en la película. En una sirve para esconder prácticas moralmente reprobables y en la otra para camuflar cada una de las estupideces que ha cometido McKay en su toma de decisiones. El montaje esquizofrénico (nominado también al Oscar) nos zarandea convulsivamente de un plano a otro, muchas veces sin coherencia ni conexión, valiéndose de una banda sonora maltratada y de alteraciones supuestamente ingeniosas, como la rotura ya no tan sorprendente de la cuarta pared o la sobreimpresión de citas “oídas en una cafetería”. Y es que el humor por el que ‘La gran apuesta’ ha sido catalogada como comedia roza por momentos el bochorno.

Otro de los activos más destacados del filme es el de las interpretaciones, destacadas tras las sucesivas nominaciones hacia un Christian Bale que emula en todo momento al Matthew McConaughey de El lobo de Wall Street. De hecho, podría considerarse La gran apuesta como una fotocopia movida de la obra maestra de Scorsese, con flecos de cintas que sí encontraron el tono para denunciar la crisis inmobiliaria, como Margin call con el thriller o Inside Job en forma de documental. Para evitarse la lluvia de críticas por banalizar asunto tan serio, McKay se asegura, eso sí, un discurso final plagado de mensajes que ya llegan tarde. El rescate financiero por parte de todos y la ausencia de culpables oficiales ya han sido asimilados, incluso olvidados, por todos nosotros. Ya estamos inmersos en una nueva burbuja repleta de nuevos incentivos crediticios y de teles curvas 4K. Si queremos que alguien nos la reviente, ya llamaremos a Michael Moore, el que para muchos es lo más parecido a un crédito basura de alto riesgo. Él al menos le echa morro, se la juega y, lo más importante, tiene chispa.

viernes, 15 de enero de 2016

OSCARS 2016: El año de la incertidumbre

Mejor película
Hacía tiempo que la contienda hacia los Oscar no se mostraba tan difusa. Normalmente, a estas alturas ya se vislumbraba más o menos claramente la posible ganadora. Pero esta vez los premios de la crítica, de los profesionales y las diversas antesalas no han querido dejárselo fácil a los miembros de la Academia de Hollywood. Si este domingo los Globos de Oro apostaban fuerte por El renacido, las pistas previas dejaban entrever un favoritismo hacia Spotlight, mientras Mad Max: Fury Road ha dado el campanazo con un total de 10 nominaciones. Todo está en el aire. Sin embargo, la película que parte como favorita, al menos con un dato tan objetivo como el número de nominaciones, doce en total, es El renacido. En su contra juega el convertirse en la segunda cinta ganadora consecutiva dirigida por Alejandro González Iñárritu, pero a su favor se encuentran las críticas que la han valorado como una obra total, como toda una experiencia sensorial. Deberemos esperar hasta el próximo 5 de febrero para comprobarlo

Mejor director
Otra de las categorías más abiertas, sin un candidato claro. Si catapultar a Mad Max: Fury Road a lo más alto sería prácticamente imposible, no lo sería tanto premiar a su director, George Miller, por resucitar, y de qué manera, una saga que tantos daban por perdida. Algo más complicado sería que González Iñárritu se erigiera por segundo año consecutivo en el mejor director. La tercera opción más plausible es la de Thomas McCarthy, por la valentía de dirigir una cinta, Spotlight, que ha plasmado en imágenes los abusos en el seno de la Iglesia de Massachussets destapados por un equipo de periodistas de The Boston Globe.

Mejor actriz
Es el Oscar más cantado en una de sus ediciones más imprevisibles. Salvo sorpresa de última hora, Brie Larson, la actriz que nos deslumbró con Las vidas de Grace, se erigirá en la mejor actriz de 2015 por encarnar a una madre que lleva encerrada en una habitación durante años junto a su hijo pequeño. Poco o nada tienen que hacer sus rivales en esta categoría, a pesar de que la que probablemente sea la mejor interpretación del año, de los últimos años de hecho, es la de Charlotte Rampling en 45 años. Contentos estamos, al menos, de que la industria de Hollywood la tuviera en consideración. Un pequeño gran papel que debería sacar los colores a la cuatro veces nominada Jennifer Lawrence.

Mejor actor
Por caridad cristiana. El eterno ninguneo de la Academia de Hollywood a Leonardo DiCaprio es objeto de debate y de las más furibundas reacciones en toda la población. Es ya un tema de interés general que debería resolverse este año por el que dicen es su mejor papel, el de El renacido. El del actor de A quién ama Gilbert Grape, de El aviador, de Diamante de sangre, ¡de El lobo de Wall Street! Son las cuatro nominaciones previas con las que Leo se ha ido de vacío. Lástima que su merecido Oscar coincida con la que sin duda es la mejor categoría de la velada, la que reúne a Michael Fassbender por Steve Jobs, a Eddie Redmayne por La chica danesa, a Bryan Cranston por Trumbo y a Matt Damon por Marte. Glamour y talento sobre la alfombra roja.

Mejor actriz secundaria
Dicen, injustamente, que se come a su compañero de reparto dando vida a la sufrida esposa del primer transexual de la historia. Es la chica del momento, catapultada a la fama por Un asunto real y destacada este año por dos papeles no tan encomiables, el de un androide impasible en 'Ex machina' y el que la llevará al escenario del Dolby Theatre por La chica danesa. Nos falta por conocer las interpretaciones de Jennifer Jason Leigh en Los odiosos ocho, de Rachel McAdams en Spotlight y de Rooney Mara en Carol, pero el que ya conocemos, el de Kate Winslet en Steve Jobs resulta mucho más estimulante que el de Alicia Vikander.

Mejor actor secundario
No se sabe muy bien por qué pero Sylvester Stallone, o lo que queda de él tras esa capa de sucesivas operaciones antiestéticas, se ha convertido en el favorito para coronarse con el Oscar a la mejor interpretación secundaria masculina por su eterno papel de Rocky en Creed, en la que por fin da paso a un pupilo para que revitalice la saga. Hasta hace bien poco, las quinielas apostaban por una actuación seguramente insuperable en esta categoría, la de Mark Rylance en El puente de los espías. Entre ellos dos está el duelo.

Mejor guión original
Parece que hay tres claros favoritos (¿era necesaria Straight Outta Compton?), como el texto de la obra maestra Inside out o el de Ex machina. Pero si la lógica se adueña de los académicos de Hollywood, el galardón debería ir a parar a Josh Singer y Tom McCarthy, por ser los máximos responsables de una de las películas con más opciones para agenciare el premio gordo, Spotlight.

Mejor guión adaptado
Expulsado Aaron Sorkin de la competición, responsable de uno de los mejores guiones del año por su magnífica Steve Jobs, esta categoría se ha convertido en una de las más complicadas de vaticinar, más que nada porque sólo se ha estrenado en nuestro país otra de sus cinco aspirantes. Marte es una gran adaptación del best-seller de Andy Weir, pero las predicciones parecen indicar que Room será la que se lleve el gato al agua.