lunes, 19 de octubre de 2015

ESPECIAL SITGES 2015 - Youth

¿Cuándo nos hacemos viejos? ¿En qué momento empezamos a observar el mundo a larga distancia? ¿Son los años los que marcan el inicio de la cuenta atrás? Paolo Sorrentino ha querido reflexionar en su nueva película sobre la vejez y lo ha hecho siguiendo la alargada sombra de La gran belleza, persiguiendo su estética hipnótica, su extravagante mezcla de sofisticación y sordidez, pero con una notable diferencia: derrochando un inesperado humor británico.

Que Youth es una producción italiana lo captamos por el inconfundible estilo de su director, por esos travellings embaucadores que nos descubren a paso muy lento una puesta en escena surreal y chocante. Pero a ese sello innegable de Sorrentino, que aquí se impregna con menor esplendor que en La gran belleza, se le unen ahora brillantes diálogos plagados de fina ironía y que en boca de dos astros como Michael Kaine y Harvey Keitel se convierten en todo un disfrute.
 
Un compositor jubilado y un director de cine en busca de su testamento cinematográfico observan su entorno desmoronado desde la tranquilidad y la despreocupación que brindan los años. Una amistad entrañable que perdura a golpe de sarcasmo y mofas en torno a las inclemencias prostáticas y otros traumas de la vejez. Aunque si algo se concluye de esta paradójica juventud de Sorrentino es que hay vidas que se marchitan mucho antes de la jubilación. Vidas sin rumbo que confluyen en un hotel decadente de los Alpes, un sanatorio de lujo para almas en pena, y que consolidan al director italiano como el mejor retratista de la frivolidad.

ESPECIAL SITGES 2015 - Macbeth

Adaptar a Shakespeare debe ser lo más parecido a un marrón de proporciones épicas para un director de cine. ¿Cómo extrapolarlo a la gran pantalla sin ofender a los salvaguardas de tan magnánima obra? Muchos optaron por el escudo de la versión libre, léase Luhrmann o más recientemente Joss Whedon, pero pocos han tenido el coraje de rendirle fidelidad al espíritu del texto original con tan poca experiencia a sus espaldas como la que tenía el australiano Justin Kurzel antes de asumir tan temible reto.

El director no sólo supera el desafío con sobrada solvencia. Deja para la historia la adaptación total de Macbeth, una traslación casi definitiva que bendito aquél que ose querer rebasarla. Dificilísimo lo tendría para encontrar un binomio tan perfecto entre paisaje y fotografía, fundidos mediante una neblina y un cromatismo arrebatadores, asfixiantes, a la altura de una historia de ambición y poder que conduce a la tragedia teñida en sangre. Cuasi imposible captar de nuevo, con tanto rigor, con tanta eficacia, el obsesivo y peligroso bucle del protagonista por alcanzar su profético destino. Pero, sobre todo, ardua tarea la del pobre desdichado que quiera encontrar sustitutos para una sibilina Cotillard y un poderoso Fassbender. Ellos son, sin duda, los Macbeth perfectos.

ESPECIAL SITGES 2015 - Victoria

Comienza a aburrir. Que el continente se trague al contenido para convertirse en el reclamo de una película es una tendencia preocupante. Es la senda que ha seguido Victoria para captar nuestra atención. 140 minutos de filme en un solo plano secuencia.  La cámara no descansa. Se adentra en discotecas, ascensores, cafeterías. Nos sumerge en persecuciones, huidas en coche, tiroteos. Todo en una sola noche. Un mérito incuestionable para el director y un milagro de la técnica. Sin duda. Pero cabe preguntarse qué habría sido de la cinta sin su revestimiento. Porque esta juerga nocturna entre una joven española y un grupo de chicos berlineses en realidad tiene muy poco que contar. 

Nos dijeron que Victoria era un thriller -apasionante, añadieron algunos-, que la noche se complicaría para estos jóvenes con un atraco de imprevisibles consecuencias. Pero hasta que llega la acción pasan prácticamente 60 minutos. Una interminable hora en la que pides a gritos que suceda el milagro. Y cuando llega, tampoco es para tanto. Una huida hacia adelante con escasas sorpresas, salvo quizá la osadía de la actriz catalana Laia Costa de convertirse en el eje sobre el que orbita el famoso plano secuencia.  La sensación final es que el señuelo de Victoria también se convierte en su principal escollo. Porque a esta supuesta originalidad sólo la salva una potente apuesta visual que nos haga olvidar su vacío argumental.

ESPECIAL SITGES 2015 - Into the forest

Las películas que cierran el Festival de Sitges suelen ser obras notables del género fantástico. Ocupan ese privilegiado lugar en su programación porque contienen la dosis de expectación suficiente como para convertirse en un broche de oro para el certamen. Por ahí pasaron en su momento Looper o The sacrament, grandes representantes, respectivamente, de la ciencia ficción y del ‘thriller’ sectario. Este año, sin embargo, la elección ha sido más desafortunada. Into the forest podría pertenecer al subgénero postapocalíptico, al suspense, al terror, al gore, pero no encaja en ninguno de ellos simplemente por su poca capacidad para superar el drama de sobremesa con tintes panfletarios.
 
Ellen Page y Evan Rachel Wood, con la participación especial de Max Minghella, interpretan a dos hermanas y un padre que deben aprender a sobrevivir, aislados en una impresionante choza perdida en la montaña, en un nuevo mundo sin electricidad. Es fácil adivinar la moraleja del cuento. Podemos renunciar a todas las comodidades de nuestro tiempo, regresar a nuestros orígenes de autosubsistencia y convivir con la madre naturaleza. Mensaje ecologista que contrasta con el alegato provida de uno de los personajes. Una contradicción que termina por importarnos más bien poco. Into the forest es tan plana, tan tímida a la hora de aprovechar todo su potencial, que incluso sería más interesante sin la presencia de seres humanos. Para más inri, la cinta se estrenaba en un festival que patrocina Gas Natural Fenosa. El futuro es ver a las poderosas energéticas reconvertidas en fabricantes de mermelada casera.

jueves, 15 de octubre de 2015

ESPECIAL SITGES 2015: La novia

Comienzan a escasear. Los grandes dramas románticos, esas historias de amor en las que los sentimientos se llevan hasta sus últimas consecuencias, parecen una fórmula en vías de extinción. El romanticismo en su sentido más clásico, en su sentido más trascendental y trágico, es cosa del pasado, de otra época en la que los cuentos de hadas eran más un objetivo que una fantasía. Una época en la que la pasión se presuponía eterna. Por eso se agradece que en la era de las relaciones de quita y pon, una joven aragonesa decidiera dar vigor a una de las grandes obras de García Lorca y que lo hiciera, además, volcando todos los medios a su alcance en enfatizar los detalles más pequeños pero más intensos, como ese roce de manos entre la recién casada y el amor de su vida, esa caricia prohibida que emana chispazos de sufrimiento y deseo.

La novia es un ejercicio estilístico muy poco común en nuestros días, la maravillosa unión entre fotografía, banda sonora e interpretación que homenajea con absoluto respeto y admiración al autor granadino. Extrapola el texto teatral a una nueva dimensión cinematográfica en la que no hay ni un solo elemento dejado al azar. Quizá esa ambición preciosista, esa persecución constante de una belleza arrebatadora, es la que impide al espectador empatizar con tan trágicos acontecimientos con la misma intensidad que destilan cada plano, cada frase susurrando prodigiosos versos. Pero eso no le resta ni un sólo mérito a la directora. Ella no tiene la culpa de que la poesía, de que el arte más abstracto y evocador, haya sido desterrado de nuestras vidas, ninguneado por su consentido hermano menor. Ni de que el amor más intenso y desgarrador, el que ya no mueve montañas, se perciba en pantalla como lo más parecido a la ciencia ficción.

ESPECIAL SITGES 2015: Love 3D

Llegaba precedida de una polémica campaña en la que, sin sutileza alguna, el semen era el absoluto protagonista. Imágenes burdas, con el único propósito de polemizar y llamar la atención en un mercado altamente competitivo. Sin duda hacían referencia a la explicitud de una película que no teme al sexo pero no hacían justicia a un Gaspar Noé con ganas de algo más que provocar. Y es que Love quiere ser algo más que una cinta transgresora, sobre todo porque hace ya tiempo que una corrida en todo su esplendor dejó de ser novedad en la gran pantalla.
 
La primera escena, un plano fijo con una pareja masturbándose mutuamente, sin ningún tipo de censura, es una innecesaria declaración de intenciones. El cine debería tener asumido que el sexo forma parte de la vida cotidiana de su público, mucho más que la omnipresente violencia. En cambio, todo lo posterior, sobre todo la primera mitad, es una vibrante reflexión sobre las relaciones de pareja, sobre el imprevisible rumbo que puede adquirir lo que empezó en tan buen puerto.

La llegada de un trío a las vidas de Murphy y Electra desemboca en una espiral de decadencia a la que asistimos de polvo en polvo. La escena del propio ‘ménage a trois’ está rodada con absoluta elegancia, incluso ternura, alejada de todo mal gusto. Como exige uno de los propios personajes de la película, Gaspar Noé logra captar a la perfección la sexualidad sentimental. Lástima que la segunda mitad se adentre en la senda de la provocación y que finalmente uno termine aborreciendo tanto clítoris y tanto pene erecto. El 3D, por cierto, sólo se justifica por una sola escena y no hay que ser muy hábil para adivinar qué hazaña pide a gritos la tridimensionalidad. Sin duda, dará que hablar.

ESPECIAL SITGES 2015: The Gift

Arranca como el típico thriller de sobremesa. Un antiguo compañero de clase del protagonista aparece de improviso y se adentra lenta y peligrosamente en su matrimonio. La tragedia se ve venir, cocinada a fuego lento, consciente el espectador de que la fórmula obsesivo-compulsiva se acelerará frenéticamente en su segunda mitad. Pero la virtud de The gift, ópera primera del australiano Joel Edgerton, también en el papel de antagonista en la cinta, es precisamente la de volcar presupuestos y sorprender al espectador.

Porque la película da un vuelco a mitad del metraje y nos descubre verdades ocultas, trasfondos imprevistos en personajes impolutos, convirtiéndose en un elegante thriller sumamente eficaz en la creación de un clímax asfixiante. La resolución, en cambio, vuelve al terreno conocido, el de la venganza. En vez de rematar el enfoque en torno a las falsas apariencias, decide unir las nuevas revelaciones con las antiguas. El resultado, aunque más convencional, no resulta menos efectivo.

ESPECIAL SITGES 2015: Vulcania

Pocas producciones españolas se adentran en el complicado terreno de la ciencia ficción más realista, esa en la que no predominan los robots y la tecnología de última generación sino un universo costumbrista en un contexto hipotético e irreal. En el caso de Vulcania se trata de una comunidad cerrada y dictatorial en la que el trabajo en una fundición de acero es lo único que dignifica a sus integrantes, adoctrinados mediante el discurso del miedo a lo desconocido y una falsa apariencia de libertad. ¿Les suena de algo?

La crítica es tan evidente que incluso se refuerza con la frase “ni siquiera sabríais ser libres”, por si a algún espectador despistado no le había quedado claro el mensaje. Todo lo valiente que es el debutante José Skaf recreando una atmósfera que tan pronto recuerda a ‘El bosque’ como a Perdidos deja de serlo en cuanto decide reducir los momentos de tensión a su desenlace. Un enorme plantel de actores, encabezado por José Sacristán, Aura Garrido, Ana Wagener y un soberbio Ginés García Millán, queda desaprovechado por un planteamiento que finalmente no sabe explotar todo su potencial.

ESPECIAL SITGES 2015: The invitation

Si existe una película que reúne todos los requisitos para triunfar en el Festival de Sitges esa es sin duda The invitation. Ambiente inquietante, trama sectaria, diálogos más o menos ingeniosos, algún atisbo de sentido del humor y, sobre todo, un sprint final de tensión y violencia detallista que hace las delicias de un público con ganas de carnaza. La directora Karyn Kusama tiene todos los números para situarse en el palmarés del certamen fantástico. Otra cosa es que su película sea redonda.

La premisa de The invitation parecía interesante. Un thriller que quiere reflexionar sobre los absurdos mecanismos que utilizamos los seres humanos para superar el dolor y la pérdida. Pero para eso ya contamos con la insuperable The Leftovers. Porque al final, la primera mitad de esta cinta pierde el tiempo de cháchara entre amigos que han sufrido la ausencia de un ser querido y no encuentra su ritmo, trepidante y desbocado, hasta un rompimiento de copas demasiado tardío. Compases contrapuestos que desembocan, eso sí, en una de las escenas finales más turbadoras del género.

viernes, 9 de octubre de 2015

Como el que más

Ahora mismo debo ser el peor catalán del mundo. No me movilizo por la independencia, me enerva la sonrisa arrogante de Artur Mas, dejé de ver TV3 con la salida de Julia Otero y no, no he leído Mecanoscrit del segon origen. Todavía no sé cómo logré saltarme una lectura obligada de nuestro sistema educativo, pero el caso es que hoy, vista su inefable adaptación cinematográfica, me cuestiono si es realmente necesario hacer pasar por semejante trance a los alumnos de toda Catalunya. Porque flaco favor le hace a Manuel de Pedrolo una película que convierte su texto, no sé si brillante o no, en un folletín postapocalíptico que supura por todos lados sus ocho años de orfandad y de mano en mano.

Como ocurriera con Bruc, la cultura catalana todavía no ha sabido realizar su traslado a la gran pantalla de manera exitosa. Y los errores nuevamente vuelven a producirse en aspectos aparentemente tan sencillos como el casting. ¿A quién se le ocurrió que Juan José Ballesta era el mejor representante para encarnar al mítico tamborilero? Lo mismo cabría preguntarse del que decidió que una actriz británica que no entiende ni papa de catalán llevara todo el peso de una película como Segon origen.

Sorprende que un cazatalentos como Bigas Luna, descubridor de Verónica Echegui, de Penélope Cruz, ¡de Javier Bardem!, resbalara de tal forma con la selección de Rachel Hurd-Wood, cuyo acento entorpece por completo unos diálogos que sólo lograrían comprenderse con la ayuda de subtítulos. Pero sorprende todavía más que tantos otros que han supervisado el proyecto tras la fatídica muerte del director obviaran un factor tan determinante. Y que encima terminaran de hundirlo con un coprotagonista que en sus dos vertientes, sobre todo la infantil, resulta tan poco creíble que incluso han tenido que echar mano del doblaje (para que luego digan de estos excelentes profesionales).

La historia de amor entre una profesora de inglés y su jovencísimo pupilo en una Catalunya devastada y deshabitada tras una hecatombe mundial no está lo suficientemente desarrollada. Por muchos momentos de intimidad, por mucho empeño en explotar la preciosa banda sonora, el proceso de enamoramiento de los protagonistas al final se basa más en unos perfectos abdominales y en unos suntuosos pechos que en mayores sentimientos que justifiquen el drama posterior.

Como el argumento contiene tan poca sustancia, la producción ha recurrido a ambiciosos efectos especiales para reproducir una Barcelona asolada tras el apocalipsis. Imágenes poderosas que aseguran su impacto internacional, no por la presencia de la Sagrada Familia o de la torre Agbar, sino por un Camp Nou incrustado en la trama con calzador. Casi tanto como la estrella de La Caixa. Dicen que los efectos han corrido a cargo de los mismos que se encargaron de recrear la tercera película de Harry Potter, pero el caso es que hay momentos en los que el croma es tan evidente que siembran la duda.

Puede que sea el peor catalán del mundo, un paria de la peor calaña, pero por muchos paralelismos que puedan establecerse entre la ilusión de un mundo nuevo de Segon origen y el furor independentista en Catalunya, debo poder confesar que esta superproducción no está a la altura de tanto alarde mediático de la misma manera que muestro mi escepticismo ante un ‘procés’ que sigo viendo apresurado y partidista. Aun así, seguiré sintiéndome más catalán que nadie.

martes, 6 de octubre de 2015

La tríada infalible del cable USA

Homeland 5x01
Siguiendo la exitosa estrategia de la cuarta temporada, la serie cambia de nuevo de escenario para trasladarnos a Carrie a un territorio a priori más amable. Y como ocurriera también en la anterior entrega, los guionistas han preferido no dar mucha tregua al espectador. La acción tarda apenas unos minutos en llegar y enseguida nos vemos envueltos en un nuevo caso que no puede estar más ligado a la actualidad. Homeland ha encontrado su filón en los acontecimientos que abren cada día los telediarios de medio mundo y esta es, sin duda, una de las mejores decisiones que ha podido tomar el equipo de la serie a lo largo de su desigual andadura (aunque, si hacemos balance, sólo la tercera temporada se desmarca de su impecable historial).  

Berlín se convierte de repente en el punto de confluencia de tres asuntos que todavía hoy sacuden el panorama internacional: las escuchas ilegales de Estados Unidos en Europa, el avance del Estado Islámico en Siria y la consecuente crisis de refugiados. Todo un polvorín en cuyo centro se encontrará la nueva Carrie, ahora convertida en jefa de seguridad de una misteriosa fundación, y un Saul resentido con su pupila por la brusca despedida de dos años atrás. Quinn, por su parte, mantiene su actitud de rebelde indignación y se convierte en el azote moral de una CIA muy poco acostumbrada a la autocrítica. Homeland ha vuelto con el mismo espíritu del año pasado, sin conceder respiro y sin dejar títere con cabeza.

The Affair 2x01
Los que despotricaron de la deriva culebronesca que adquirió la serie en la segunda mitad de la primera temporada, se encontrarán ahora con un retorno a su esencia que debería reconciliarlos de nuevo con este maravilloso díptico, ahora cuadríptico, sobre la subjetividad. Porque The affair ha vuelto cuidando de nuevo hasta el último detalle, convirtiendo cada punto de vista en un espectáculo de matices que nos llevaría horas interpretar. Por eso, la entrada de dos nuevos prismas, hasta ahora actores secundarios de una historia entre dos, resulta de lo más sugerente.

Este primer capítulo obvia los acontecimientos que sucedieron en el episodio final y deja en el aire qué sucedió realmente en casa de la suegra de Alison, cuando Cole apuntó a Noah con una pistola por muy diferentes motivos, según la versión escogida. La investigación y la detención del protagonista por la muerte de Scotty, sin embargo, se mantienen. Pero lo realmente interesante de la serie se refuerza con este primer duelo de versiones entre un matrimonio en pleno trámite de separación. La visión de Noah sobre su suegra –fría, retorcida, vestida de negro- y su propia mujer –distante, rencorosa y combativa-, incluso hasta su percepción del mediador, se contraponen a las de Helen, que viste a su madre de blanco y adopta una actitud de lo más conciliadora durante la firma del documento de divorcio. Es ahí, en esa fantástica recreación de las percepciones, en ese rechazo a la verdad indisoluble, que The affair se hace grande, convirtiendo la resolución del asesinato de Scotty en una trama accesoria y sin importancia.

The Leftovers 2x01
Una proeza. De absoluta obra maestra podría calificarse el arranque de la segunda temporada de una de las series más interesantes y perturbadoras de los últimos años. Recordando de alguna manera a 2001: una odisea en el espacio, incluso a Holocausto Caníbal, The Leftovers iniciaba su nueva andadura, ya sin la guía del libro original de Tom Perrotta, con un pasaje de la prehistoria, el de una madre y su hijo tratando de sobrevivir en un entorno hostil. Ni un solo detalle queda a la imaginación, desde el momento del parto hasta una muerte brutal por picadura de serpiente, fieles a la esencia explícita y polémica del año anterior.  

The Leftovers se traslada de Mapleton a Jarden, el único pueblo del mundo que quedó libre de toda ascensión. Por ese motivo, se convierte en lugar de peregrinaje para miles de supervivientes que persiguen su propio milagro. La vida es aparentemente apacible, pero poco a poco va emergiendo un trasfondo tan enigmático y truculento como el de la temporada anterior, el que personifica el cabeza de la familia Murphy, una especie de guardián de la fe que se convertirá en el alter ego del protagonista –Theroux soñaba con perros; su nuevo vecino oye grillos-. Por si fuera poco, la serie no sólo se ha limitado a volver manteniendo su esencia inquietante sino que ha congratulado a sus seguidores mejorando su única pega: los títulos de crédito. Mucho más bellos, ahora también cumplen su función. Desconciertan.