miércoles, 13 de mayo de 2015

The good wife 'season finale': ¿Queremos final?

[Contiene SPOILERS de toda la sexta temporada]

Que los King no se han portado demasiado bien con uno de los personajes revelación de la última década televisiva lo reconoce hasta la propia afectada. Archie Panjabi confesaba en una entrevista reciente para Entertainment Weekly que su papel no ha sufrido la mejor de las evoluciones. De ganar el Emmy por su arrolladora interpretación en la primera temporada de The good wife ha terminado por convertirse en la chica de los recados, en una especie de autómata ensombrecida por el resto del reparto de la serie.

Por suerte, los guionistas repararon el daño en la season finale, cuando Kalinda aparece repentinamente en la barra del bar y comparte sus últimos tequilas con Alicia, la amiga que formó parte de la mejor etapa de su vida. La investigadora, por tanto, ni se despide de la audiencia por la puerta grande ni por la de atrás pero al menos protagoniza la escena más entrañable del capítulo final.

El ascenso profesional de Alicia Florrick, su creciente ambición, han ido en detrimento del que fue su mayor apoyo. Kalinda es el ejemplo perfecto de hasta qué punto The good wife es única perfilando grandes secundarios pero también desigual a la hora de rematarlos (ahí están también la entrañable y desaparecida Robyn o la suegra de Alicia para cerciorarlo). En el núcleo duro y en los personajes esporádicos es donde la serie demuestra el máximo de sus respetos.

El retorno de Charles Lester, el execrable abogado de Lemond Bishop, en este último episodio representa perfectamente ese punto fuerte de la serie, capaz de dibujar grandes rasgos de personalidad en pequeños papeles secundarios. La lista de eventuales imprescindibles en The good wife es tan larga que no existen categorías suficientes en los Emmy para recompensarla.

Los cabezas de cartel, como decíamos, son también los grandes mimados por parte de los guionistas. Si a Will Gardner le brindaron el año pasado la mejor etapa de la serie y una de las mejores salidas de la historia de la televisión, esta sexta temporada ha ido poniendo entre las cuerdas a Diane Lockhart (y sus batallas dialécticas con los republicanos) y, sobre todo, a Cary Agos, que marcó los potentes capítulos iniciales con su inculpación en los negocios turbios de Bishop.

Porque si en algo siguen demostrando maestría los King es en su capacidad de revolucionar el status quo, de jugar hasta el límite con el entramado judicial y político que han ido construyendo. Campañas, elecciones, nuevos bufetes, estrategias, sorprendentes intercambios de socios. Las fórmulas parecen ilimitadas. Pero si las teorías sobre el número de palabras en los títulos son ciertas y la serie acaba finalmente en su próxima temporada, debemos empezar a pensar que la carrera hacia la presidencia de los Estados Unidos de Peter Florrick será el punto culminante con el que la serie dará su adiós definitivo.

La campaña de Alicia para fiscal general del estado ha centrado buena parte de las tramas de esta sexta temporada y nos ha deparado algunos de sus grandes momentos, desde la negociación con los donantes hasta el debate con su oponente Frank Prady. Pero, sobre todo, la serie suma enteros y mucho humor inteligente con la presencia del ya imprescindible Eli Gold y su hija Marissa, el personaje revelación de la temporada. El nuevo reto presidencial, con la oposición frontal de Alicia, promete nuevos y sugerentes encontronazos entre la cada vez menos dócil esposa y el asesor de campaña.

Recientemente anunciada su renovación, The good wife parecía por momentos dirigirse hacia su final definitivo en esta sexta temporada. El capítulo The deconstruction, sin ir más lejos, empezaba con una referencia explícita al inicio de la serie, cuando una compungida Alicia permanecía en un segundo plano durante la rueda de prensa posterior a los escándalos sexuales de su marido. Esta vez, era Peter el que la acompañaba durante su renuncia pública al cargo tras las acusaciones de fraude. Intercambio de posiciones que, sin embargo, no se correspondía con un intercambio real de roles en la pareja. La subyugada esposa se mantiene, al menos públicamente, al amparo del macho alfa.

Puede que la sexta no haya sido la mejor ni la más coherente de las temporadas de The good wife, sobre todo tras la cúspide del año anterior, pero aún así nos ha seguido regalando capítulos inmejorables como Mind’s eye, cuando una afónica Alicia prepara la entrevista más crucial de la campaña imaginando todos los escenarios posibles. El ingenio no parece agotarse. Como alicientes para otoño ya disponemos de la tensión sexual no resuelta con Finn y esa maravillosa vuelta de tuerca que supone la nueva alianza con Louis Canning. De seguir a este ritmo y nivel, larga vida a los Florrick.

viernes, 8 de mayo de 2015

Refugiados, otra víctima del hype desorbitado


Lancemos desde aquí una advertencia a nuestras televisiones. Dejen de promocionar sus nuevas apuestas de ficción como la panacea de la ficción española, como el antes y el después que nos equiparará de una vez por todas con el panorama televisivo internacional. Traslademos también el aviso a nuestros compañeros periodistas. Avísennos cuando realmente un producto de nuestro país rompa esquemas, aporte auténticas novedades y no esté en todo momento con el ojo puesto en los grandes referentes, los que marcan tendencia. Porque de todo el arsenal de grandes novedades que nos esperaban esta temporada, sólo una, El ministerio del tiempo, ha asumido un gran riesgo y pulverizado moldes. 

Flaco favor le hacemos a las productoras españolas si generamos excesiva y precipitada expectación con propuestas que, sólo faltaría, se adecuan a los nuevos tiempos pero que en realidad no tienen ni tendrán un peso determinante en el mercado internacional. Desde el momento en que, tanto desde los medios como desde los propios gabinetes de comunicación de las cadenas, se equipara una nueva apuesta con la ficción extranjera es de justicia comparar con equidistancia y sin condescendencia. Y, francamente, puede que Refugiados cuente con el respaldo de la BBC, pero su trascendencia en el género de la ciencia ficción es poco más que nulo. 

El gran mérito de la serie que estrenaron anoche de forma simultánea los cuatro canales de Atresmedia es haber logrado el apoyo de la cadena de referencia británica, con la que al parecer los guionistas españoles tuvieron algunas desavenencias. Y no es para menos. Son fácilmente identificables las carencias de una propuesta con más ambición teórica que práctica y que desde luego no la incorporarán en el cada vez más amplio catálogo de series influyentes de la BBC. 

Si el objetivo era parir una serie que no pareciera española, no hay duda que lo han conseguido. Autores extranjeros, fotografía a la orden del día, una ambientación que bien podría estar ubicada en Estados Unidos, rodaje en inglés con un doblaje nefasto. Hasta los créditos parecen sacados de la HBO. Pero si algo ha demostrado la ficción que nos ha regalado este año la imaginación de los hermanos Olivares es que puede alcanzarse la gloria y el aplauso de crítica y público sin perder la propia identidad. Español no tiene por qué equipararse siempre con lo rancio o lo garbancero. 

En todo caso, no es criticable que un producto made in Spain tenga aspiraciones globales (el cine de Amenábar, por ejemplo, es cada vez menos español y más influyente). Lo que sí es condenable es desaprovechar el tirón mediático y la carta de presentación con un primer capítulo que ya pierde el ritmo una vez planteada la interesante premisa inicial. Después de situarnos en un contexto en el que tres millones de personas regresan del futuro con una lucecita roja en el pecho para intentar salvarlo, la trama quiere volverse intimista y centrarnos en un microcosmos de recelos y miedo psicológico. Podría ser para crear una atmósfera claustrofóbica, asfixixante, terrorífica. Pero sólo sirve para infundir el más profundo de los sueños.   

Hay ficciones lentas y ficciones aburridas. Refugiados es ambas cosas. Porque hay ritmos sosegados pero que conllevan mucho mar de fondo, que profundizan en los personajes, que te adentran en una atmósfera inquietante de la que resulta imposible escapar. Sin embargo, hay lentitudes injustificables, plagadas de altos en el camino que no aportan nada, que ralentizan la marcha sin criterio alguno. Es la dinámica de esta nueva serie, que se permite el lujo de alcanzar los bajones de intensidad que las grandes producciones suelen manifestar cuando el espectador ya está lo suficientemente enganchado como para abandonar. La emisión de dos capítulos seguidos tampoco ayudaba. Certificó al instante que el interés resucitará a golpe de cliffhangers

Mal vamos si para sobrevivir a esta miniserie de ocho capítulos debemos esperar a los clímax finales del episodio, después de minutos y minutos de relleno existencial basados en la reiteración. Una intriga de ciencia ficción como la que plantea Refugiados merece un tratamiento mucho más apasionado que el que han demostrado las dos primeras entregas de la serie. 100 minutos desaprovechados, sumidos en un letargo que sólo aviva un par de golpes de efecto. Oportunidad de oro perdida que costará mucho recuperar. Frenen el ritmo de entusiasmo, queridos compañeros y gabinetes de prensa, porque tamaña expectación sólo pueden cubrirla los éxitos más inesperados. 

miércoles, 6 de mayo de 2015

Los 10 momentazos de la 3ª temporada de House of cards

[Contiene SPOILERS de toda la tercera temporada]

La presidencia de Estados Unidos parecía el fin que justificaba todos los medios. Cuando Frank Underwood daba un golpe encima de la mesa desde el despacho oval al finalizar la segunda temporada un ciclo tocaba a su fin. Pero lo que desconocíamos es que se abría una nueva etapa todavía más complicada, repleta de calvarios que han mermado como nunca la imagen pública de esta versión execrable del self-made man.

Más allá de nuevos adversarios, de la presión de la prensa, de las luchas de poder dentro del partido, de una popularidad por los suelos, el presidente Underwood se ha enfrentado esta temporada al peor de sus males: el resquiebro de esa maquinaria de ambición y poder que conformaba con su esposa. La paulatina crisis entre Francis y Claire ha abierto una nueva y sugerente trama en una serie que ha vuelto a marcar récords de elegante perversidad. A continuación, los diez mejores momentos, por orden cronológico, que nos ha regalado House of cards en su etapa más inquietante

1. El duro retorno de Doug (3x01)
La serie abría temporada con el nuevo presidente orinando sobre la tumba de su padre y, mucho más interesante, con el regreso del que fue la mano derecha de Frank tras la pedrada que le propinó Rachel en su huida. Un flashback portentoso en el que vemos cómo evoluciona el personaje a lo largo de su lenta recuperación, desde el momento en que despierta del coma con un ramo de los Underwood en la habitación de hospital hasta el momento en que toma conciencia de que para el presidente ya no es más que mercancía para el desguace. De verdugo a víctima de Francis en una estrategia de poder en la que no hay lugar para los débiles.

2. El sexo según los Underwood (3x02)
Durante los primeros episodios asistimos al declive del político y su esposa. Los compañeros de partido de Francis no quieren que se presente a la reelección, mientras ella pierde los nervios públicamente en la audiencia que determinará su candidatura como embajadora de la ONU. En un momento de máxima desesperación, Claire se encuentra a su marido derrumbado en el suelo. Se acerca a él y, sin mediar palabra, lo estira en el suelo, le desabrocha el pantalón y se lo folla. De la forma más fría y desapasionada posible, con el único propósito de darle un toque de atención. El sexo en este matrimonio, con tríos incluidos, siempre ha sido sólo un mecanismo más de conveniencia, un mero trámite que pasar en su contrato para alcanzar una causa mucho más placentera: el poder.

3. Francis y Dios (3x04)
“Amor, ¿eso es lo que vendes? Pues no lo compro”. Es lo que le grita Frank al jesús crucificado después de un encuentro de rigor con un obispo y justo antes de escupirle. En ese momento, la cruz cae y se rompe en mil pedazos. El protagonista se dirige entonces a cámara y nos dedica otra de sus impagables sentencias: “Parece que Dios me escucha ahora”. El presidente vuelve a estar en una encrucijada. Heather Dunbar, la abogada que él proponía para jueza del Supremo se presenta por sorpresa como candidata a la presidencia, rompiendo totalmente sus esquemas. Desde luego, encomendarse a dios parece la última de las estratagemas posibles para un personaje que sólo cree en sí mismo.

4. Montando America Trabaja (3x05)
Que Francis es un hombre de extremos lo demuestra la controvertida política con la que pretendía pasar a la historia: destinar los presupuestos de los beneficios sociales a incentivar el pleno empleo. Para popularizar el plan AmericaWorks, contrata a Thomas Yates, un escritor desmotivado y conocido por su primera novela superventas, que se convertirá en uno de los personajes revelación de la temporada. “Ningún escritor se resiste a una buena historia, igual que ningún político se resiste a una promesa que no puede cumplir”, sentencia de nuevo a cámara el presidente. Lo que desconoce es hasta qué punto se involucrará el autor en su intimidad, convirtiéndose en un nuevo frente a batir.

5. “Shame on you, Mr. President” (3x06)
El rifirrafe entre Frank Underwood y el presidente ruso ha sido otra de las tramas que ha marcado, y de qué manera, esta tercera temporada. Especialmente, al personaje de Claire. La conversación que mantiene la primera dama con el activista gay Michael Corrigan en una celda rusa no sólo sirve para mostrarnos que definitivamente ella representa el lado más humano del binomio Underwood sino también para marcar un antes y un después en su papel de abnegada esposa. Después de que el joven se quitara la vida antes de traicionar sus principios, Claire cambia su discurso oficial y condena públicamente al presidente ruso con un memorable “Shame on you”. La monumental bronca que tiene lugar después en el avión presidencial tampoco tiene desperdicio: “Jamás debí hacerte embajadora”, le grita Frank a su esposa, a lo que ella responde intachable: “Jamás debí hacerte presidente”.

6. La gota que colma el vaso (3x10)
Todo el conflicto que mantienen Estados Unidos y Rusia por el valle del Jordán se resuelve finalmente con la peor condición que podría exigirle el presidente Petrov a Francis Underwood, despojar a su esposa de su puesto como embajadora de la ONU. “No sé por qué Claire significa tanto para usted”, le pregunta el presidente a su contrincante. “Porque significa mucho para usted. Sólo así sabré que va en serio”, le contesta Petrov, apuntando directamente al talón de Aquiles de Frank, a su punto más débil, e iniciando un camino sin retorno de la pareja hacia la ruptura.

7. Francis y los hombres (3x10)
Primero fue en aquel soporífero reencuentro con los compañeros de universidad en la primera temporada, luego llegó Meechum y ahora ha sido el turno de Thomas Yates, el escritor con pasado gigoló con el que Francis vuelve a destapar su lado homosexual. Después de semanas sin compartir cama con Claire y de obligarla a dimitir de su puesto en la ONU, Frank se sincera con el autor y reconoce que la traicionó. A partir de ese momento, comienza a acariciarle la mano, el escritor se la lleva al pecho y cuando parecía que el político volvería a dar rienda suelta a su pasión, le sobreviene un ataque de represión y lo manda a casa. Pero su lado más íntimo ya está en conocimiento de un escritor que además comparte cama con una ávida periodista. Otro cabo suelto para futuras temporadas.

8. El gran debate (3x11)
El cara a cara que mantienen los tres candidatos a la presidencia por el partido demócrata es, sin duda, uno de los pasajes más apasionantes de la temporada, no sólo por el particular juego de tronos que había detrás de ese escaparate sino porque, una vez más, sirve para desenmascarar la falta de escrúpulos de Frank Underwood, que deja en la estacada a su compañera de estrategia Jackie Sharp delante de toda la audiencia. Si por algo ha destacado también esta tercera temporada es por ese insuperable trío de actrices que han configurado Molly Parker (Jackie), Elizabeth Marvel (Dunbar) y Robin Wright. El ejemplo perfecto de cómo la televisión se ha convertido en el refugio perfecto para actrices maduras.

9. “Go fuck yourself” (3x12)
Dunbar empieza a jugar sucio en cuanto las encuestas no le son tan favorables. Recurre a Doug y a su arma en forma de diario íntimo de Claire y desde ese momento descubrimos que el consejero nunca había confabulado en contra del presidente. Toda esta enrevesada trama era su particular estrategia para lograr acercarse a su antiguo jefe, a pesar de haberle traicionado el día que no cumplió las órdenes de quemarlo. Descubierta la artimaña política para minar la imagen política de la primera dama, Frank se reúne con su oponente y le suelta: “Sólo tengo una cosa que decirte: que te jodan”, para a continuación dirigirse hacia nosotros y decir “¡Dios, qué bien sienta!”.

10. “I’m gonna leave you” (3x13)
Todo el mar de fondo que se iba gestando desde el primer capítulo de esta temporada sale a flote en el episodio final. “Juntos gobiernan un imperio sin herederos. Su legado es su único heredero”, escribía Thomas sobre los Underwood en el primer capítulo de su libro. Pues bien, todo ese imperio de la codicia se desmorona en una violenta y tensísima escena en la que por fin Frank y Claire se desnudan el uno frente al otro. “Tú no eres suficiente”, le confiesa ella. “Sin mí no eres nada”, le contesta él tras agarrarla del cuello. Sí, Francis ha salvado el caucus de Iowa y probablemente repita legislatura. Pero esta vez andará solo, sin el apoyo incondicional y el necesario favor de su esposa. Estamos deseando saber cómo se materializará la fría y calculadora venganza.