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Mostrando entradas de febrero, 2015

El misterio de la ficción española

Hace una semana, se estrenaba en Antena 3 Bajo sospecha, la que prometía ser una de las series de la temporada, a juzgar por las alabanzas de buena parte de la crítica. Comparada con producciones del mismo género como Broadchurch o The Killing, el piloto enseguida denotó las mismas flaquezas que suele arrastrar la ficción televisiva española: planteamiento inverosímil, errores flagrantes de casting y una puesta en escena mediocre. Un producto correcto, decente, pero sin ningún tipo de ambición internacional.

Una semana más tarde, TVE decidía enfrentar el éxito de Antena 3 con su gran apuesta de ficción para este año, El ministerio del tiempo. Y en ese momento, expuestas las dos en el prime time de los martes, se produjo el milagro, la reacción espontánea, unánime y entusiasta del público en las redes sociales. Por fin una serie española decidía arriesgar en su argumento sin provocar vergüenza ajena. Por fin una ficción patria de la que sentirse orgulloso. Al fin la mirada puesta en un…

Haz la guerra y no el amor

Existe el cine bélico –o antibélico-, que describe con más o menos distanciamiento el fragor de una batalla, y, por otro lado, un subgénero mucho menos imparcial, claramente partidista y adoctrinador, que es el cine propagandista. Es el que utilizaban con descaro los regímenes totalitaristas pero también es el que siguen empleando de manera más sibilina las pequeñas, medianas y grandes potencias para justificar sus intervenciones militares. Es muy fácil de identificar. En su planteamiento sólo existen dos bandos, el de los buenos frente a los malvados. Sin excepciones ni medias tintas.

Clint Eastwood se ha convertido paradójicamente en el vivo ejemplo de estas dos maneras diametralmente opuestas de representar la guerra en el cine. Hace nueve años, Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima formaban un magnífico díptico en el que cada uno de los dos bandos de una batalla de la segunda contienda mundial tenía su propia voz. Un ejercicio admirable de empatía y a la vez de dist…

¿Y si la dirigiese un hombre?

¿Recuerdan esa mítica escena en la que Antonio Banderas y Rebeca de Mornay fornicaban como animales en una especie de jaula? Pertenecía a Nunca hables con extraños, de 1995. ¿O El cuerpo del delito, otro thriller erótico en el que una calenturienta Madonna derramaba cera caliente sobre el cuerpo desnudo de Willem Dafoe? Se estrenó en 1993. Veinte años más tarde, ya en la actualidad, se convertiría en fenómeno la historia de amor sadomasoquista entre un joven magnate y una inocente estudiante. La prueba palpable de que, en materia sexual, la industria de Hollywood (y por ende toda la sociedad occidental) no sólo no ha avanzado hacia la modernidad sino que ha desandado el camino recorrido hacia la más pretérita mojigatez.

Increíble que un argumento tan escueto y sencillo, resumible en una sola frase, haya nutrido más de 1.500 páginas de una trilogía que ha arrasado entre más de 100 millones de mujeres (y algún que otro hombre). Es de suponer que tanta polvareda y excitación entre el pú…

Retorno a Albuquerque

Planos en blanco y negro de pastelitos de canela. Hermosos y detallistas, mostrándonos a un Saul Goodman solitario y de incógnito. Es la sorprendente manera con la que Vince Gilligan y Peter Gould decidieron abrir el esperado spin-off de Breaking bad. No se trataba de un flashback, a pesar de la ausencia de color, sino de un salto hacia delante que nos sitúa después de los sucesos acontecidos tras el final de la serie original. La mejor manera de enganchar al espectador potencial, el que anhela como agua de mayo las desventuras de Walter White.

¿Satisfará Better call Saul a esa legión de seguidores de Breaking bad? Cuando la AMC decidió dar luz verde al proyecto, muchos nos llevamos las manos a la cabeza. Goodman no era precisamente el secundario más interesante de la serie y la idea inicial parecía encarrilada a desarrollar una especie de sitcom en torno al abogado. Por suerte, los creadores cambiaron de rumbo y el tono finalmente se asemeja bastante a esa mezcla de drama y humor neg…

La televisión se apodera de los Goya

En el año más luminoso y competitivo que ha dado el cine español en los últimos tiempos, la Academia del Cine decidió agasajar a una sola película, la excelente La isla mínima. Los dos grandes grupos de comunicación de nuestro país trasladaron su particular guerra al escenario de los premios Goya. Si Mediaset ganó la batalla del público con El niño y, sobre todo, con Ocho apellidos vascos, Atresmedia salió anoche vencedora de la gala con diez galardones para el thriller de Alberto Rodríguez. Un aluvión de premios que dio la espalda a las auténticas heroínas de la noche, propuestas de bajo presupuesto que jugaron al riesgo y conquistaron al público sin apenas ruido. 10.000 km tan sólo obtuvo el Goya a la mejor dirección novel, mientras su pareja protagonista, los entrañables Natalia Tena y David Verdaguer, perdían el premio revelación frente a Nerea Barros y el chico del momento (y aceptable presentador de la gala), Dani Rovira. Más duro fue el golpe para Magical Girl, mejor película …