lunes, 25 de febrero de 2013

Y los Oscars llegaron a la Casa Blanca

¿Alguien se imagina a la mujer de Rajoy presentando el Goya a la mejor película? Es lo que medio Twitter se preguntaba anoche tras la aparición estelar de la primera dama de Estados Unidos en la ceremonia de los Oscar, demostrando que el sentido del espectáculo en ese país está arraigado incluso en las más altas esferas. Michelle proclamó vencedora desde la Casa Blanca a Argo, la favorita de la noche a pesar de que su director, Ben Affleck, fue injustamente ignorado por los académicos en las nominaciones. La cinta que narra con tensión milimétrica la operación real de rescate de seis diplomáticos de la embajada estadounidense en Irán se alzó con el máximo galardón en una de las ediciones más competitivas y repartidas de los últimos años, en la que cualquier otra opción podría haber sido igualmente bienvenida. 

La gran decepción de la noche se la llevó Steven Spielberg. Aspiraba a doce estatuillas por su obra magna sobre Lincoln y salió del Dolby Theatre con tan sólo dos premios bajo el brazo, uno de ellos para el gran favorito Daniel Day-Lewis. En contrapartida, Tarantino se llevó dos de las sorpresas de la velada con los Oscar al mejor guión original y al mejor actor secundario, otorgado a un Christoph Waltz que en realidad es el que lleva toda la batuta en Django desencadenado. Aunque sin duda el que salió más satisfecho de la gala fue Ang Lee, que ha logrado cuatro galardones por su hazaña visual (y poco más) en La vida de Pi

Que los norteamericanos en general y los californianos en particular llevan el espectáculo en las venas lo demostraron las impresionantes actuaciones musicales, en especial la que congregó en el escenario a todo el reparto de Los miserables, momento álgido de una gala que Seth Macfarlane salvó con aprobado raspado. Aunque el auténtico impacto de esta edición más o menos predecible, además de en la intervención de Obama, lo encontramos en la alfombra roja, con una Charlize Theron derrochando glamour entre tanta belleza artificial y con una Helen Hunt luciendo modelo de H&M como si de un Dior o un Prada se tratara. Sentido del espectáculo, y de la economía, para tiempos de crisis.

viernes, 22 de febrero de 2013

Los Oscar que serán

Todo está listo para la edición número 85 de los premios Oscar, probablemente una de las más reñidas de los últimos años. Al menos eso es lo que parecía cuando se anunciaron las nominaciones y una de las favoritas, Argo, perdía escalones en todas las quinielas al no contar con Ben Affleck como candidato a mejor director. Sin embargo, al pasar los días, la película que narra el secuestro y rescate de varios diplomáticos en la embajada estadounidense de Teherán se ha vuelto a situar en lo más alto de todas las apuestas, sobre todo después de salir vencedora de todos los premios gordos de la temporada.

Un año más, pongamos la lupa en una de las revistas que hace un mejor seguimiento de los Oscar, la Entertainment Weekly, que de nuevo realiza su particular quiniela con los porcentajes de posibilidades de cada candidatura. El año pasado acertaron cuatro de las seis categorías principales, si bien la contienda era mucho más sencilla de prever, con una victoria para The artist que se anticipó con meses de antelación. En esta edición, se prevé más complicado acertar los ganadores a mejor director, mejor actriz y mejor actor secundario, mientras los galardones para la mejor película, la mejor actriz secundaria y el mejor actor parece que ya cuentan con un claro favorito.

Mejor película
La ausencia de Ben Affleck en las nominaciones a mejor director no ha mermado las aspiraciones de Argo. Más bien al contrario, ya que desde entonces las voces (y los premios) en su favor no han parado de proliferar. La única película que podría hacerle sombra es Lincoln, que en principio partía como favorita acaparando el mayor número de candidaturas (doce en total). Mientras El lado bueno de las cosas y La vida de Pi se afianzan como serias contrincantes, sorprende que otros filmes a priori más oscarizables como La noche más oscura o Los miserables se encuentren tan rezagados en las quinielas, por detrás incluso de esa inexplicable incursión de Bestias del sur salvaje. Su hueco y el de la décima candidata deberían haberlo ocupado Las sesiones o Looper.

Mejor director
Es la categoría menos clara de esta edición: cuatro directores disputándose el puesto con prácticamente el mismo porcentaje de posibilidades. Descartados los grandes favoritos Ben Affleck (Argo), Kathryn Bigelow (La noche más oscura) y Tom Hooper (Los miserables), la mayoría parece inclinarse por Steven Spielberg, que vería así recompensada la derrota en el apartado de mejor película de su gran obra sobre Abraham Lincoln. Pero le pisan los talones demasiado cerca tres grandes realizadores: Ang Lee por su hazaña visual en La vida de Pi; David O. Russell por su cautivadora El lado bueno de las cosas y Michael Haneke por su obra más unánimemente reconocida. El experimento Benh Zeitlin (Bestias del sur salvaje) es un insulto para los tres descartados y para Quentin Tarantino, nuevamente ignorado en esta categoría.

Mejor actriz
Las apuestas se inclinan ligeramente hacia Jennifer Lawrence por su enorme trabajo en El lado bueno de las cosas pero desde luego esta es una de las categorías que se prevé más excitantes. Por un lado, Jessica Chastain lo borda en su comedido papel de agente de la CIA a la caza de Bin Laden, pero en los últimos días parece que ha crecido entre los académicos de Hollywood el cariño hacia Emmanuelle Riva, la musa de la nouvelle vague que enterneció a Haneke y a buena parte de sus seguidores. Para colmo, la nominada más longeva de la historia de los Oscar cumplirá 86 años este mismo domingo, una ocasión de oro para gratificarla con el mejor regalo de cumpleaños. Aunque algunos de los académicos que han hecho públicos sus votos han apostado por Naomi Watts, las posibilidades de la australiana por su papel en Lo imposible se reducen al 15%.

Mejor actor
Daniel Day-Lewis ha permanecido inamovible desde que en otoño se iniciara la batalla hacia los Oscar. De hecho, es la categoría que menos vaivenes ha experimentado durante todos estos meses de preparación, a pesar de que probablemente sea la más competitiva de todas, con actuaciones memorables. Ahí están Hugh Jackman, llevando todo el peso y la voz de una superproducción como Los miserables; Bradley Cooper, demostrando que su registro va mucho más allá de comedietas o Joaquin Phoenix, erigiéndose en lo mejor de una película como The master. Pero todo pinta a que este año Day-Lewis batirá récords: se convertirá en el primer actor con tres Oscar en esta categoría.

Mejor actriz secundaria
Si la victoria de Day-Lewis por su reencarnación en Lincoln se da por cantada desde hace meses, lo mismo lleva ocurriendo desde que la ya mítica escena de Anne Hathaway en Los miserables se dio a conocer, convirtiéndose en el punto más álgido del filme. Pero a la ex presentadora (por suerte) de los Oscar le surgió de repente una dura competencia, la de Sally Field cantándole las cuarenta a su marido en la cinta de Spielberg. Especialmente dolorosa ha sido la inclusión de Helen Hunt en un año tan competitivo. Regresó después de años de silencio de la forma más valiente y sin embargo no verá recompensada su hazaña. Si el domingo, contra todo pronóstico, saliera vencedora sería una sorpresa de lo más agradable.

Mejor actor secundario
Los cinco cuentan con un Oscar y los cinco presentan este año un trabajo ejemplar. Sorprende esa victoria por la mínima de Robert De Niro, cuando la mayoría de apuestas prevén un combate cuerpo a cuerpo entre Tommy Lee Jones y Philip Seymour Hoffman. También es aventurado descartar con un simple 10% a Christoph Waltz, cuando todavía permanece imborrable su impagable labor en Django desencadenado. La victoria de De Niro, sin embargo, no sería para llevarse las manos a la cabeza. Es enternecedora la relación que establece con su hijo en El lado bueno de las cosas. Su nominación, por cierto, es la primera que recibe el actor en más de veinte años.

lunes, 18 de febrero de 2013

Bicefalia en los Goya

Todas las alertas estaban encendidas ante una más que probable secuela del No a la guerra. Pero con el gremio del cine ocurre lo mismo que con la meteorología, son difíciles de prever. El granizo sobre la política de recortes del gobierno cayó, pero no con el ingenio esperado. Eva Hache disparó sus dardos con más ímpetu que talento, mientras el ministro Wert se escabullía de las miradas con la complicidad del realizador de TVE, esa televisión pública que el presidente de la Academia reclamó desde el escenario. Apenas vimos su reacción ante los discursos realmente eficaces, los que le dedicaron José Corbacho y Candela Peña. La 27ª noche de los Goya será recordada, más que por el mordiente político, por el lío de los sobres, un vergonzoso descuido que nadie fue capaz de aclarar. También por ese Goya bicéfalo para Lo imposible (mejor dirección) y Blancanieves (mejor película). La primera lo merecía por salvar las cifras del cine español; la segunda, por reconciliarnos con ese talento patrio no siempre cristalizado. Pero si por algo pasarán a la historia estos Goya es por reconocer de una vez el trabajo de Concha Velasco y José Sacristán. Con el mejor sentido del humor recibían la primera estatuilla en sus más de 40 años de trayectoria profesional. Pensándolo bien, esta circunstancia acorta distancias entre nuestros premios y los laureados Oscar: en ambos se cometen históricas injusticias.

lunes, 11 de febrero de 2013

Yo quiero ser marginado

Cuando uno piensa en comedias de instituto estadounidense enseguida le vienen a la mente jugadores de rugby, cheerleaders, taquillas y novatadas. Cuando el título del filme incluye además la palabra ‘marginado’ ya puede preverse la indispensable dosis de bullying para ganar la empatía del espectador. Aunque todos esos elementos están presentes (debe ser tan difícil obviarlos como los autobuses escolares de color amarillo), la ópera prima de Stephen Chbosky se aleja bastante del tópico y se convierte en una extraña gozada, sobre todo para aquellos que vivimos aquellos años de adolescencia como los peores de nuestra vida.

Charlie llega al instituto contando los días que le quedan para abandonarlo, como esa larga condena en la que puede convertirse el paso por la educación secundaria, en ese nivel intermedio entre la confortabilidad de la escuela y la liberación universitaria. Es tímido, callado y, para colmo, participa en clase. Desprende rareza y aparenta fragilidad. Reúne, por tanto, todas las papeletas para convertirse en pasto de los desalmados. Sin embargo, encuentra cobijo en un grupo de marginados que poco o nada tiene que ver con los clubes de lectura o las competiciones de ajedrez.

Porque la pandilla que lideran Emma Watson y Ezra Miller está bien lejos de ser marginal. Es más, su desparpajo, el culto a la música de los ochenta y su look desenfadado provocarían hoy en día la máxima envidia entre los paseantes de Gracia o Chueca. Más que unos outsiders, nos encontramos ante un grupo de lo más cool. Y es que seguramente hoy habría patadas por entrar en una hermandad de raritos con tanta personalidad y tan buen gusto musical.

Así pues, más que en el victimismo de los seres incomprendidos, Las ventajas de ser un marginado se centra en los despertares de la época más confusa de nuestras vidas. Lo hace además con un protagonista de lo más entrañable, que mientras se enfrenta a varios traumas infantiles descubre a su primer amor. Las relaciones que va forjando Charlie en el instituto, con el profesor de literatura, con el extravagante Patrick o con la arrolladora Sam, son el auténtico aporte de una cinta que si algo desprende es optimismo y buen rollo.

Las ventajas de ser un marginado sirve también para constatar el sentido común de los chicos de Harry Potter, que se han sabido labrar un futuro prometedor una vez cerradas las puertas de Hogwarts. Daniel Radcliffe hace tiempo que buscó su hueco entre los escenarios de Broadway y las producciones independientes pero todavía faltaba por ver qué sería de la dulce Hermione. La joven maga nos ha crecido y, desde luego, con esa mezcla de rebeldía y elegancia se ha convertido en una excelente robaplanos. Ahí está la sincera y emotiva escena en la que declara su amor hacia su amigo Charlie para demostrarlo.

Pero la gran aportación a la película (estará todo el mundo de acuerdo) la proporciona Ezra Miller, el que daba nombre a Tenemos que hablar de Kevin, y que aquí simplemente desborda talento con el histriónico y homosexual sin tapujos Patrick. En su libertinaje, en su absoluta falta de complejos, se resume el espíritu de un filme que dignifica la etiqueta de independiente. Porque entre las ventajas de ser el responsable de tu propia adaptación cinematográfica se encuentra sin duda la más importante, la que diferencia a esta cinta de tantas otras, la de la plena autonomía.

jueves, 7 de febrero de 2013

PANTALLAZOS #7

LOS ACIERTOS
- Revolution: Quizá porque esperábamos tan poco de ella, la producción postapocalíptica de J.J. Abrams ha resultado más entretenida que los últimos batacazos del productor.
- Emmys 2012: Los académicos de la televisión estadounidense por fin sorprenden otorgando el máximo galardón a Homeland después de cuatro victorias consecutivas para Mad men.
- Blancanieves: Es una lástima que The artist le tomara la avanzadilla, porque la versión del cuento de Blancanieves es lo más hermoso que ha rodado el cine español en mucho tiempo.
- Segunda temporada de Homeland: Parecía imposible estar a la altura de su impresionante primera entrega, pero la serie de Showtime ha demostrado que incluso en algunos capítulos podía superarla. Sorprendente, adrenalínica e inolvidable.
- Frankenweenie: Los seguidores de Tim Burton hacía tiempo que no se reencontraban con su director fetiche. Ha tenido que ser esta película animada la que les devuelva la esperanza después de tantos bandazos en la Disney.
- American Horror Story: Asylum: La serie de Ryan Murphy se traslada al manicomio de Briarcliff y lo hace con personajes y secuencias inolvidables, que incluso ensombrecen la excelente primera temporada.
- Looper: La ciencia ficción y, concretamente, los viajes en el tiempo encuentran en esta película su exponente más lúcido e inteligente, con escenas concebidas para convertirse en leyendas del género.
- Argo: Camino de convertirse en la vencedora de la próxima edición de los Oscar, la tercera película de Ben Affleck como director convierte un hecho histórico (el secuestro de varios estadounidenses en la embajada de Teherán) en un apasionante thriller cargado con dosis de comedia.
- Skyfall: Después del batacazo de Quantum of solace, la saga 007 encuentra en Sam Mendes a su mejor rescatador y en Javier Bardem uno de los mejores villanos de sus 50 años de historia.
- En la casa: Jamás el proceso de creación de una obra literaria, a cargo del alumno más prometedor de una escuela pública francesa, había despertado en pantalla tanto morbo y tanto interés.
- Tercera temporada de Downton Abbey: A la espera de que Antena 3 estrene el episodio especial de navidad, está claro que la mansión de los Crawley se mantiene en buena forma, superando incluso a la desigual segunda entrega.
- Una pistola en cada mano: Cesc Gay retrata como nadie los traumas del hombre occidental urbano, con situaciones y diálogos repletos de veracidad y sentido del humor.
- De óxido y hueso: Más que la trama de superación de una mujer que de repente pierde sus dos piernas, el último filme de Jacques Audiard es una atípica historia de amor con uno de los Te quiero más emotivos de la historia del cine.
- Las sesiones: Otra cinta con un discapacitado como protagonista y con un tratamiento innovador. John Hawkes nos acerca sin victimismos a la primera experiencia sexual de un tetrapléjico, con lucidez, con ironía y con la ayuda de una sorprendente Helen Hunt.
- La noche más oscura: Puede que sea la versión que la CIA quiere colarnos sobre la muerte de Bin Laden, pero es tan meticulosa, está tan bien parida, que hasta duele que Kathryn Bigelow haya sido ninguneada en las nominaciones a los Oscar. Esta vez sí lo merecía.
- Amor: Haneke, el director más frío y crudo, se mantiene fiel a su estilo pero con una temática más cercana, la de un feliz matrimonio interrumpido por la vejez, la enfermedad y la muerte. Su filme más triste y conmovedor.
- Django desencadenado: Sin llegar a la altura de Kill Bill, Tarantino vuelve a acertar con otra venganza histórica, esta vez la de un esclavo negro contra la tiranía blanca, aunque la inteligencia de la primera mitad se diluya con la interminable segunda parte.
- Lincoln: Aunque el espectador se pierde con tanto entresijo político, se agradece un filme de Steven Spielberg más cercano a la documentación periodística que a los trucos lacrimógenos de los que podría hacer gala con el tema de la esclavitud de por medio.
- Final de Fringe: No se despidió por todo lo alto, más bien lo hizo sin hacer ruido, pero la otra mítica serie de J.J. Abrams que quedaba por finiquitar se fue con un desenlace que de bien seguro tuvo una mejor acogida que el de Perdidos.

LO INDIFERENTE  
- La voz: A pesar de que ha sido el programa revelación de la temporada, la pésima realización y las nefastas intervenciones de sus coaches han mermado lo que podría haber sido una excelente adaptación del formato internacional.
- A Roma con amor: La aventura italiana de Woody Allen mejora con nota a muchas de sus paradas europeas pero no pasará a la historia como una obra maestra del director, que pide a gritos el retorno a Estados Unidos.
- Magic Mike: El último filme de Steven Soderbergh sólo pasará a la historia por desbocar las hormonas de millones de mujeres en pleno furor por la trilogía de Grey.  
- Lo imposible: La película que ha batido todos los récords en la taquilla española no es más que un telefilme tan sobredimensionado como el tsunami que arrasó Indonesia en 2004.  
- La vida de Pi: La prometedora aventura de un joven hindú y un tigre de bengala en alta mar termina convirtiéndose en una lección de tintes religiosos que ni Ang Lee ni sus impresionantes efectos especiales logran colar.  
- El hobbit: Tan poco interés me ha despertado esta precuela de El señor de los anillos y tantas han sido las voces clamando contra su soberano aburrimiento, que todavía no me he atrevido a verla, algo impensable con las tres primeras entregas.  
- Los miserables: Irreprochables el talento y la puesta en escena, pero totalmente condenables la ausencia de diálogos, de números musicales y, sobre todo, de unas tijeras para podar tan soporífero metraje.
- The master: El director favorito de los alternativos, de los más cool, vuelve a brindarnos una buena historia, con una buena imagen, con unas brillantes actuaciones, deslucida por esos aires trascendentales que sólo unos pocos privilegiados dicen disfrutar.  
- Volver a nacer: Su posición en este apartado intermedio es prácticamente un milagro, ya que esta adaptación de Castellitto ha recibido el rechazo furibundo de gran parte de la crítica. Desproporcionado e inmerecido.

LAS DECEPCIONES
- Holy Motors: Esperpento cinematográfico delirante y surrealista que despierta pasiones entre los críticos más iluminados y acompleja al resto de mortales que osan considerarla como un bodrio.  
- Fin: Prometedor filme apocalíptico que únicamente consigue asustar por el bajísimo nivel de interpretación de sus actores, entre los que se incluye Maribel Verdú en uno de los peores papeles de su carrera.