sábado, 29 de septiembre de 2012

Alejando el arte

Fernando Trueba dedica la película a dos recientes pérdidas, la de su hermano Máximo, escultor, y la de un buen amigo y técnico de sonido. El artista y la modelo parece sin duda creada para rendirles homenaje, al primero poniendo a un maestro labrador como protagonista y, al segundo, renunciando por completo a la banda sonora en favor del sonido ambiente. La cinta es pura belleza, puro arte, pura delicadeza, pero también, aunque cueste reconocerlo, un puro sopor.

Últimamente parece que para rendir tributos al pasado o para demostrar una mayor sensibilidad haya que renunciar a los avances cinematográficos. Se da por hecho que el blanco y negro favorece la recreación histórica y le imprime a la película una estética más intelectual. Se prescinden de los elementos artificiosos, como el sonido o la banda sonora, para rescatar experiencias fílmicas olvidadas. Pero a menudo lo que más se persigue es el aplauso de la crítica, más que el beneplácito del espectador.

Es probable que deba tragarme mis propias palabras cuando este fin de semana me deje embriagar por la Blancanieves de Pablo Berger. The artist, sin ir más lejos, supuso un original soplo de aire fresco para una industria con pocas ideas en stock. Pero ambas han viajado hacia atrás con la mirada siempre puesta en el futuro. Sus propuestas, arriesgadas, han convertido el pasado en novedad. El artista y la modelo, en cambio, ofrece una mirada melancólica, una admiración por lo pretérito que parece renegar del cine y el público actuales.

Los esfuerzos de Trueba por plasmar la perfección estilística se convierten en trabas para el espectador. ¿Por qué la ausencia del color? ¿Por qué el silencio? ¿Por qué en francés? Si tales decisiones artísticas jugaran a favor de un relato crítico, o reflexivo, o emotivo, o las tres cosas a la vez, se entendería una puesta en escena tan sobria. Pero la pesadez de unas escenas flemáticas y reiterativas no se ve recompensada por una historia para el recuerdo.

La relación entre un viejo escultor, afincado con su vida bohemia en un lugar del sur del Francia, con una joven campesina española huyendo de la guerra y sin ningún conocimiento artístico podría servir como argumento para veinte películas. Discusiones intergeneracionales, sobre el sentido del arte, sobre la creación de una obra, sobre la belleza. La propia amistad entre el artista arisco y la chica inocente podría causar más de un erizamiento epidérmico. Pero la contención, de gestos y de palabras, también impera en los personajes, con los que tampoco resulta fácil empatizar.

De esta forma, El artista y la modelo se convierte en ese tipo de filmes que nacen para recibir la ovación de los entendidos. Es indudable que se trata de un ejercicio fílmico impecable, bello, meticulosamente academicista. Pero más allá de la eufórica reacción en prestigiosos festivales de cine, conviene saber la acogida del público llano, ese al que no le da miedo expresar sacrilegios. Y el silencio, el más profundo y soñoliento silencio, es lo que imperó en una sala no tan comercial de Barcelona con una película en busca del culto por la vía sedante.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

ESTRENOS OTOÑO: Revolution

Otra producción apocalíptica. Su parecido más que razonable con sonoros fracasos como Terranova o Flashforward. La crítica, mil veces vista en pantalla, al egocentrismo humano, incapaz de sobrevivir al anarquismo sin retener el instinto animal. Revolution partía con tantos puntos negativos antes de su estreno que finalmente las bajas expectativas podrían haber jugado a su favor. Esto, que le habrá sentado de maravilla a la NBC, sobre todo tras los buenos resultados de audiencia del piloto, debería frustrar por completo al padre de la criatura, un J.J. Abrams a la búsqueda desesperada de otro fenómeno de masas.

Y es que es muy probable que Revolution no termine convirtiéndose en otra Fringe, ni mucho menos en una Lost. De entrada, le ha fallado la carta de presentación, mucho menos impactante y espectacular de lo que en su día fueron los pilotos de sus series bandera, considerados en su momento como los más caros de la historia. Es indudable que en esta ocasión el rey Midas de la televisión no ha contado con semejantes medios. El dinero ya no fluye con la misma facilidad y sus proyectos no son tan infalibles como antaño.

El resultado se deja notar en unos exteriores que disimulan muy poco la artificialidad del set de rodaje y de los efectos digitales. Frente a la verosimilitud de un paisaje apocalíptico como el que nos muestra The walking dead, Revolution ha decidido apostar por un escenario más cercano al parque temático (con noria incluida), imitando en buena medida la estética de Terranova. El poblado cercado, con sus casas prefabricadas y sus plantas perfectamente sembradas, junto a los interiores del hotel de Chicago, todo un culto al cartón piedra, eliminan la atmósfera aterradora que debería acompañar a un planeta reinado por el caos.  

Revolution, de hecho, tiene muy poco de revolucionaria. Si en una serie son los zombies, en otra es la contaminación, la excusa en este caso es que la tierra se ha quedado sin energía eléctrica. El resultado termina siendo el mismo: desorden, destrucción, supervivencia y tiranía. Pocas novedades al frente, salvo la incorporación de los rasgos que han marcado el estilo J.J. Abrams, léase flashbacks (en pequeñas dosis) y cliffhangers (que lo son menos cuando la sorpresa final ya venía incluida en el tráiler).

Si las tramas de la serie mantienen la senda de su primer episodio, lo más probable es que las cifras de audiencia terminen desinflándose como en su día lo hicieron otros grandes estrenos de ciencia ficción, como Flashforward o la propia Terranova (no conviene olvidar, sin embargo, el inexplicable éxito de Falling Skies). En cambio, si las conspiraciones, las ambigüedades y los personajes van ganando forma, puede que Revolution mantenga e incluso genere más interés. ¿Terminaremos viendo a lo mejor de la serie, Giancarlo Esposito, convertido en el nuevo John Locke de la televisión? Dejemos que la historia avance y que la audiencia decida.

Revolution se estrenó el pasado lunes 17 de septiembre en la NBC con 11.650.000 espectadores y una cuota del 4,1% en demográficos. Esta semana la cifra ha descendido a 9.290.000 espectadores, pero manteniendo un potente 3,5%.

domingo, 23 de septiembre de 2012

miércoles, 19 de septiembre de 2012

PANTALLAZOS #6


LOS ACIERTOS 
- Segunda temporada de The Killing: La serie de la AMC calla las voces críticas con uno de los finales más redondos y hermosos de la televisión. Esperemos que el grato recuerdo no quede empañado con el posible rescate por parte de otra cadena. 
- Segunda temporada de Juego de tronos: Más medios, más localizaciones y más calidad. La escena que cierra la temporada es uno de los cliffhangers más espectaculares de la historia. 
- Titanic: El taquillazo de James Cameron demuestra sobrevivir al paso del tiempo. 15 años más tarde se mantiene como una de las cintas imprescindibles de la historia del cine. 
- Take shelter: Inexplicable que una de las cintas apocalípticas más interesantes del género pasara totalmente desapercibida por la cartelera española. Michael Shannon, impresionante. 
- Los juegos del hambre: La sustituta de la saga adolescente Crepúsculo ha demostrado ser mucho más intensa y espectacular que su antecesora. 
- Final de Mujeres desesperadas: Un capítulo emotivo, con homenaje a los muertos y a los fans, cierra de forma magistral otra comedia insustituible de la televisión.
- Un feliz acontecimiento: El director de El primer día del resto de tu vida regresa con un retrato ácido y realista de eso tan maravilloso e idílico que es tener un bebé. 
- Blancanieves y la leyenda del cazador: El argumento no vale un pimiento, pero sus aires a lo Juego de tronos y la presencia de Charlize Theron como malvada la hacen imprescindible. 
- The Newsroom: Vilipendiada por buena parte de la crítica, esta idílica visión del periodismo que nos brinda Aaron Sorkin desde la HBO es otro ejemplo de clarividencia y genialidad. 
- Ice age 4: Tras el pequeño fiasco de la etapa prehistórica, parece que el estandarte animado de la Fox ha regresado con la misma frescura de sus inicios. 
- Carmina o revienta: El debut de Paco León tras las cámaras no es sólo un desternillante retrato de una andaluza impagable sino también toda una revolución para la distribución cinematográfica. 
- Quinta temporada de Damages: Con el caso Wikileaks de fondo, la apasionante rivalidad entre Patty Hewes y Ellen Parsons termina por todo lo alto. 
- El caballero oscuro: La leyenda renace: Christopher Nolan cierra una de las sagas superheroicas, junto a X-Men, más coherentes e interesantes de la historia. 
- Prometheus: El regreso de Ridley Scott a la ciencia ficción y al imaginario de Alien contiene algunas de las escenas más hipnóticas y terroríficas del género.

LO INDIFERENTE
- Mirror, mirror: De todas las versiones de Blancanieves habidas y por venir, parece que la protagonizada por Julia Roberts es la que antes terminará en el baúl de los recuerdos. 
- Los vengadores: El encuentro de los superhéroes de la Marvel ha barrido en taquilla pero no aporta al género algo más que no sean fuegos artificiales. 
- El sexo de los ángeles: Más allá del reclamo sexual, el trío dirigido por Xavier Villaverde ha dejado al personal más frío que caliente. 
- Final de House: Ha llegado demasiado tarde, ocho temporadas eran demasiadas para una fórmula, la del irreverente doctor, que se fue agotando capítulo a capítulo. 
- Els nens salvatges: Las interpretaciones y la puesta en escena son innegables, pero el planteamiento y sobre todo el mensaje educativo ya están muy explotados. 
- Las chicas de la sexta planta: Esta comedia sobre unas criadas españolas en el París de los 60 puede que haya sido un éxito en Francia, pero desde luego su humor no ha trascendido más allá de sus fronteras. 
- Quinta temporada de True blood: La salida de Alan Ball certifica lo que muchos de sus seguidores llevan tiempo pronosticando, que los vampiros de la HBO se arrojan al delirio. 
- Moonrise Kingdom: Wes Anderson sacrifica el guión de esta historia infantil por una estética sesentera con la que encandilar de nuevo a los más modernos. 
- The Amazing Spiderman: Un reboot tan cercano en el tiempo a la trilogía de Sam Raimi sólo podía terminar en cuestionamientos sobre su utilidad y en comparaciones odiosas. 
- Rock of ages: Adam Shankman, director de Hairspray, no consigue trasladar el humor y el ingenio a este otro musical en el que sólo sobresalen los trabajos de Tom Cruise y Catherine Zeta-Jones. 
- Brave: La primera cinta de Pixar protagonizada por una heroína ha terminado siendo menos revolucionaria que clásicos de Disney como Mulan o Pocahontas. 
- El legado de Bourne: No sé si por la ausencia de Matt Damon o por la de Paul Greengrass o por la de ambos, pero esta sobreexplotación de la saga no me invita a ir al cine. 
- Headhunters: El laureado thriller noruego termina siendo más una película de acción que una buena trama repleta de giros inesperados.

LAS DECEPCIONES 
- [REC]3: La saga pierde personalidad y sobre todo terror con este divorcio final entre Paco Plaza y Jaume Balagueró. 
- Battleship: Llamada a ser uno de los blockbusters del verano, el resultado ha sido tan descabellado como la propia idea de llevar al cine un juego de mesa como ‘Hundir la flota’. Veremos qué pasa con el Monopoly. 
- Dark shadows: Vistos los últimos resultados, más vale que Tim Burton y Johnny Depp dejen de colaborar juntos, porque ni con un planteamiento tan prometedor logran encauzar unidos una película burtoniana como dios manda.