miércoles, 25 de enero de 2012

OSCARS 2011. Mi apuesta personal. ¡Vota la tuya!


Mejor películaPrimer año con el experimento que posibilitaba de cinco a diez nominaciones a mejor filme y se ha saldado con un total de nueve candidatas. Nueve que se podrían acotar a cinco si nos fijamos en los directores que optan al premio gordo y cinco que incluso podríamos reducir a dos si tenemos en cuenta a las dos únicas rivales que se las han tenido en la pretemporada de premios y festivales. The artist y The descendants parecen a día de hoy las dos películas con más opciones reales al Oscar, a pesar de que la gran favorita, a juzgar por el número de nominaciones, sea La invención de Hugo, la cinta que ha experimentado la subida más meteórica. Pero más allá de su aire nostálgico, todo parece indicar que el homenaje cinéfilo de la cinta de Scorsese y The artist se saldará en favor de esta última. La producción de los Weinstein, francesa, muda y en blanco y negro, le lleva a Hugo muchos meses de campaña de ventaja, con la crítica rendida a sus pies, aunque sin el favor del público norteamericano (en Estados Unidos, The artist sólo ha recaudado 9 millones de dólares). La lista incluye a todos los filmes que aparecían en las quinielas previas, incluida la Tan fuerte, tan cerca de Daldry, que de ser una de las favoritas en el inicio de la carrera ha visto cómo se desinflaban sus expectativas con el paso del tiempo. Por contra, una de las mejores películas del año, sino la mejor, Drive, ha sido injustamente vilipendiada por los académicas, que ni tan siquiera han querido reconocer el impecable papel de su protagonista, Ryan Gosling.

Mejor directorAunque este puede que sea el año de The artist, pocos apuestan por su director, Michel Hanazavicius, como favorito al Oscar. Si finalmente la noche se salda en favor de Los descendientes, esta categoría debería pertenecer sin duda a Alexander Payne. Pero las quinielas, y la temporada de premios previa, se inclinan más por cualquiera de los otros tres candidatos. Los académicos puede que se inclinen por el extravagante Terrence Malick, que indudablemente no hará acto de presencia en la ceremonia, o por un Woody Allen al que ignoran desde hace años (hay que remontarse a 1978, con Annie Hall, para recordar su última estatuilla como director). Sin embargo, el furor que está experimentando Martin Scorsese con La invención de Hugo podría otorgarle un nuevo galardón cinco años después de recibirlo por 'Infiltrados'. Tienen gracia los avatares de estos premios. De confirmarse los pronósticos, el director de Toro salvaje o Taxi driver sería reconocido en la historia de los Oscars por un 'remake' y una película infantil. ¿Mejor eso que nada?

Mejor actrizComo el Oscar a la mejor interpretación femenina está predestinado desde hace meses a la Margaret Thatcher de Meryl Streep, la polémica en esta categoría se ha centrado en la, al parecer, inexplicable exclusión de Tilda Swinton por Tenemos que hablar de Kevin en favor de Rooney Mara y su reinvención de Lisbeth Salander. A falta de conocer la actuación de Swinton, sólo cabe reconocerle el mérito a la joven que ha encarnado a la peculiar pirata informática de las novelas de Larsson con la misma excelencia que su predecesora, Noomi Rapace. Mucho más frustrante será la noche para Glenn Close, que tras regresar a primera línea después de años de vacío verá pasar la oportunidad de lograr su primer Oscar cuando la Streep suba al escenario del Kodak Theatre. A juzgar por los Globos de Oro, la única rival posible para la protagonista de La dama de hierro es una habitual de estos premios, Michelle Williams, y que podría dar por fin la campanada con un personaje tan agradecido como el de Marilyn Monroe.

Mejor actorSi el Oscar está cantado para Meryl Streep, el equivalente masculino también parece tener como único destinatario posible a George Clooney. Es el favorito y es el que con toda probabilidad saldrá ganador, pero que esta sea la mejor interpretación del niño mimado de Hollywood no significa que esté a la misma altura que algunos de sus contrincantes e, incluso, de otros grandes ausentes. Porque efectivamente esta ha sido una de las categorías más injustas de las nominaciones. El ganador moral debería ser Jean Dujardin, reconocido en los Globos de Oro por su fantástico papel en The artist, pero compartiendo pantalla en el momento de abrir el sobre deberían estar, sin lugar a dudas, Ryan Gosling y Michael Fassbender. El primero se ha convertido en uno de los factores que convierten a Drive en una obra maestra cautivadora. El segundo ha demostrado su gran polivalencia, ya sea protagonizando un blockbuster como X-Men o desnudándose física y metafóricamente en Shame. La Academia ha demostrado una vez más su falta de valentía (y de modernidad) ninguneando a dos de las películas más rompedoras de 2011.

Mejor actriz de repartoEs curioso el respaldo que está obteniendo Melissa McCarthy por su papel en La boda de mi mejor amiga, que incluso la ha llevado a colarse en las nominaciones de unos premios más dados al drama. Curioso y desconcertante, puesto que su compañera de reparto y protagonista de la cinta, Kristen Wiig, es la auténtica revelación de la disparatada comedia. En todo caso, es el dramón Criadas y señoras el que tiene más posibilidades de salir victorioso, con dos sus actrices nominadas en la categoría de reparto. Jessica Chastain no ha tenido suerte como protagonista de El árbol de la vida y, sin embargo, ha sido destacada por su interpretación más bien cómica en Criadas y señoras, mientras que su compañera Octavia Spencer acumula todas las papeletas para que su nombre sea pronunciado en la gala del próximo 26 de febrero. Lástima que la pareja de The artist, cuya química se desprende en buena parte gracias a la frescura de la argentina Bérénice Bejo, se vea deslucida por unos premios que con toda probabilidad no le reconocerán el mérito.

Mejor actor de repartoCuatro de las actuaciones nominadas pertenecen a películas que todavía no han llegado a nuestro país. Sin embargo, el gran favorito de la categoría, Christopher Plummer, forma parte del elenco de Beginners, el único filme que ya hemos podido testar en nuestras salas. Es indudable que los méritos para triunfar en los premios más importantes de Hollywood van más allá de los puramente interpretativos. En ocasiones es la campaña de marketing, en ocasiones la veteranía, y en este caso parecen conjugarse ambos aspectos, ya que el papel de Plummer puede que sí destaque dentro de la cinta pero no entre toda la cosecha de 2011. En todo caso, falta por valorar si su actuación es la más meritoria entre las cinco candidatas. Sorprende la ausencia de John Goodman por The artist, incluso la del perrito de la cinta que logró robarle el protagonismo a Gervais en la última gala de los Globos de Oro.

Mejor guión originalSin duda, una de las categorías más sorprendentes de esta edición, a pesar de que la lógica que coloca a The artist como favorita debiera cumplirse con el triunfo en mejor guión original. De la misma forma, Woody Allen podría hacer triplete con su Midnight in Paris, algo bastante improbable. El gran mérito se lo llevan las otras tres contrincantes. La boda de mi mejor amiga se codea entre las importantes y sin embargo, inexplicablemente, no obtiene esa décima plaza como candidata a mejor película. Por otro lado, y como en su día lograra Almodóvar con Hable con ella, la película extranjera (más concretamente iraní) Nader y Simin logra destacar también a su guionista, Asghar Farhadi. Por último, Margin Call logra la única candidatura con su particular visión de la actual crisis financiera.

Mejor guión adaptadoEl topo es otra de las películas que este año ha logrado su reconocimiento entre los académicos de Hollywood pero que no ha obtenido el empujoncito final para competir en la categoría madre. No es probable que salga vencedora con el guión adaptado, reconocimiento que ya se predispone para Los descendientes. Otro de los filmes que aparecían en las primeras quinielas y que al final ha tenido una tímida repercusión en los premios es Los idus de marzo, también con Clooney como estrella invitada. Y pisando los talones de cerca al tándem The artist-Los descendientes se encuentra de nuevo La invención de Hugo, que fácilmente podríamos denominar La incógnita de Hugo. Con menos opciones se encuentra también Moneyball, que a pesar de todo mantiene una sólida presencia en las nominaciones.

lunes, 23 de enero de 2012

ESTRENOS MIDSEASON: Alcatraz

¿Qué sería de J.J. Abrams sin los flashbacks? El gurú de la televisión ha demostrado su habilidad a la hora de manejar con soltura los saltos temporales, elementos que ya se han convertido en una de las obsesiones que definen su obra. Si en Lost venían marcados por una cortinilla en blanco y el sonido que muchos interpretaban como el de un avión, en Alcatraz los viajes en el tiempo se identifican con la puerta corredera de una celda. El particular sonido de los hierros nos retrotrae nuevamente, como ocurriera con los náufragos, al pasado de un personaje que se convertirá en el epicentro del capítulo.

Nueva serie coral con vidas cruzadas. Desde luego, Alcatraz guarda más parentescos con Perdidos que el simple retorno a una isla como escenario de la trama. El maestro, ahora sí, juega todas sus cartas en el piloto, enseñando su particular mezcla de intriga y ciencia ficción. Era algo que no ocurría desde Fringe, tras la fallida en audiencias Undercovers y la fallida en creatividad Person of interest. Ahora sí podemos decir que estamos ante el auténtico J.J., el de las teorías enrevesadas, el de los giros imprevistos, el que te mantiene enganchado sin remedio a la pantalla.

Los espectadores que caigamos en sus redes ya sabemos el peligro que corremos. Conocemos el decepcionante final de Lost y auguramos un no menos frustrante desenlace para la cada vez más confusa Fringe. Pero nos da igual. Como concluimos con la serie de la ABC, es más importante el camino que su destino. Es probable que nos terminen diciendo que ésta también era una historia de personajes más que de misterios y nos lo tendremos que tragar. Pero no nos importa. Disfrutemos, mientras, de las sorpresas que nos quedan por venir, aunque ya aventuremos que la resolución contentará tan sólo a los más fanáticos.

El gran misterio de Alcatraz ya está servido. ¿Con qué intención han regresado los 302 reclusos y funcionarios de la famosa prisión que desaparecieron sin explicación en 1963? ¿Quién está detrás de todo? La respuesta sólo parece tenerla de momento el personaje ambiguo que nunca falta en las producciones de Abrams, el que tan bien representó Michael Emerson con Benjamin Linus. En su honor parece haberse ideado Emerson Hauser, el oscuro agente del FBI que maneja toda la información y al que da vida Sam Neill.

Pero no es el único protagonista de Alcatraz. Los peones a los que el guión manejará a su antojo son en esta ocasión la policía de homicidios Rebecca Madsen y el experto en la cárcel de alta seguridad Diego Soto, interpretado por un Jorge García que ha encontrado en las gafas de pasta de Abrams su destino como actor. Como ocurrió con Fringe, un equipo de lo más dispar estará condenado a entenderse para resolver el gran caso de sus vidas.

Los dos primeros capítulos que nos ha servido TNT esta misma semana, tan sólo un día después de su estreno en Estados Unidos, contienen la dosis perfecta de acción y suspense que uno siempre espera del gran productor televisivo (los trillados experimentos de Spielberg puede que hayan obtenido su audiencia pero están a años luz del ingenio del creador de Alias y Perdidos). Con el planteamiento, Abrams se ha asegurado una serie que, si la cosa funciona, podría alargarse, esperemos que no, hasta los 302 episodios.

Sin embargo, estamos convencidos que la trama procedimental no será la tónica habitual de una serie que promete sus grandes momentos. De entrada, ya tenemos servida nuestra ración de interrogantes sin resolver. ¿Qué papel jugará el abuelo de la inspectora Madsen, uno de los prisioneros reaparecidos, en el futuro? ¿Dónde han estado todo este tiempo? ¿Por qué no han envejecido? Y lo más importante, ¿qué planea hacer con ellos el agente Hauser en esa especie de Alcatraz alternativa? La intriga de Abrams por fin ha vuelto y parece que para quedarse. El estreno en la cadena estadounidense Fox ha registrado uno de los mejores índices de audiencia de los últimos años.

domingo, 22 de enero de 2012

De telefilme a peliculón

Todo el mundo se pregunta la utilidad de Los hombres que no amaban a las mujeres. Es la versión yanqui de la adaptación sueca del conocido best-seller de Stieg Larsson. Llega tan sólo dos años después de su predecesora. Una película que pasó con notable la complicada tarea de llevar a la gran pantalla uno de los libros más leídos de la historia reciente.

¿Qué necesidad había de insistir de nuevo en Millennium tras las tres entregas de la saga, la serie y los telefilmes? ¿La necesidad de restregar el poderío de la industria de Hollywood, siempre dispuesta a demostrar que más es mejor? ¿La fobia del mercado estadounidense a cualquier obra extranjera? Cualquiera de estas respuestas valdría para uno de los tantos remakes que se realizan con una mera voluntad comercial. Pero este filme persigue algo más que la rentabilidad económica. Busca y consigue superar al original con un valor añadido y seguro: David Fincher.

El remake americano se diferencia del Milennium sueco desde el primer minuto, con unos títulos de crédito que buscan marcar distancias y, efectivamente, alardear de poderío. Pero si por algo adquiere la película un tono distinto no es por la generosidad de medios, que también, sino por una personalidad marcada que enseguida la aleja del estilo a telefilme que desprendía la cinta de Niels Arden Oplev.

Donde el sueco ponía minuciosidad, siguiendo casi a rajatabla el texto de Larsson, Fincher propone selección. Si entonces asistimos a una descripción pormenorizada de la investigación del caso Vanger, ahora lo que se describe con sumo cuidado son los personajes principales, auténtico reclamo de Los hombres que no amaban a las mujeres. Oplev decidió apostar por la historia. El director de Seven y Zodiac, en cambio, ha puesto el ojo en Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, igualando un poco más el protagonismo de ambos.

Porque aunque no lo parezca, el personaje principal de las novelas de Larsson es el periodista de Millennium, algo impensable si tomamos como referencia al descafeinado actor que lo encarnó en la saga sueca. Daniel Craig demuestra ser todo un acierto de casting. Para los que sólo lo recuerden como el nuevo agente 007 supondrá toda una revelación en la piel de un Blomkvist mucho más cercano que su antecesor.

Pero tampoco conviene engañarse. El personaje que despierta las pasiones de los millones de lectores de Millennium no es otro que Lisbeth Salander. Consciente de ello, Fincher no ha renunciado ni un ápice al protagonismo de la investigadora más atípica y asocial de la novela negra. Y el mejor piropo que puede recibir Rooney Mara, una de las revelaciones del año, es que ha conseguido mantener el listón que ya dejó bien alto Noomi Rapace, la actriz que anda ahora aprovechando el despegue que le ha supuesto el papel de Salander (la vemos ahora en Sherlock Holmes 2; la veremos en Prometheus, de Ridley Scott).

La pregunta de por qué un remake de Millennium tan cercano en el tiempo, por tanto, tiene multitud de respuestas. La nueva versión ya no es una fotocopia fría y aséptica de la novela original. Interioriza la estética y el sentido del ritmo para exteriorizar una trama sórdida y absorbente que la propuesta sueca no logró transmitir. Aquellos que sientan que el talento de Fincher está siendo desaprovechado en pos de una saga sobreexplotada no han entendido nada. El director de Denver está dando una de sus mayores lecciones de cine. Algunas adaptaciones no sólo tienen el poder de mejorar sino que incluso pueden desterrar al olvido a sus antecesoras.

lunes, 16 de enero de 2012

Los Globos asientan a ‘The Artist’ y aúpan a ‘Homeland’

Por si hacía falta algún indicio más de por dónde irán los tiros en la próxima edición de los Oscars, los Globos de Oro han terminado de confirmar que este será, sin duda, el año de The artist. Aunque su principal rival en la contienda, Los descendientes, ha salido de la gala en igualdad de condiciones, con película y mejor actor principal, podemos augurar sin mucho temor a equivocarnos que en cuanto comedia y drama se unan en una sola categoría, el filme de Hazanavicius saldrá del Kodak Theatre con el premio gordo.

Todavía faltan por conocer las nominaciones a los grandes premios de Hollywood, que en esta edición podrán oscilar entre las cinco y las diez candidatas a mejor película, pero con toda seguridad volverán a verse las caras muchas de las que han sido seleccionadas en esta antesala de los Oscars. Ahí estarán la mencionada Los descendientes, Criadas y señoras, La invención de Hugo y probablemente también el Caballo de batalla de Spielberg. Pero pocas veces la carrera hacia la estatuilla dorada ha venido tan predeterminada como en este 2012.

La prensa extranjera ha decidido repartir como nunca sus Globos de Oro. La engorrosa manía por separar la comedia del drama y el drama de la comedia despeja pocas dudas más sobre cuales serán los vencedores el próximo 26 de febrero. ¿George Clooney en Los descendientes o el soberbio Jean Dujardin de The artist? ¿La Margaret Thatcher de Meryl Streep o la Marilyn Monroe de Michelle Williams? Añádanle más confusión al apartado de dirección, con la repentina y aislada victoria de Scorsese por La invención de Hugo, y al de guión, con otra sorprendente victoria para la Medianoche en París de Woody Allen.

Sí podemos vislumbrar qué competidores pierden fuelle tras los resultados de anoche. Glenn Close y Viola Davis, dos de las actrices que aparecen en todas las quinielas, restaron puntos en detrimento de la todopoderosa Streep, clara favorita, y de Williams. En el apartado masculino pueden empezar a asimilar la derrota actores de la talla de Michael Fassbender, catapultado este año tras su papel en Shame, Leonardo DiCaprio por J. Edgar y el mismísimo Brad Pitt, cuya interpretación en Moneyball es para muchos la mejor de toda su carrera.

El apartado televisivo, por su parte, ofrecía una rivalidad de alto nivel entre los tres grandes estrenos de la temporada y Boardwalk Empire, la vencedora del año pasado. Cualquiera de las candidatas, exceptuando quizá Boss, podría haberse llevado la palma y pocos se habrían sentido defraudados. Nadie puede cuestionar la impresionante adaptación de Juego de tronos o la innovación y el riesgo de American Horror Story. Pero finalmente ha sido Homeland, el thriller post 11S protagonizado por Claire Danes, también galardonada, el que se ha erigido como la mejor serie del año.

Las otras dos rivales tampoco han quedado del todo malparadas. La recompensa les ha llegado en forma de Globo de Oro a mejor interpretación secundaria. Una para Peter Dinklage por bordar el papel más carismático de Juego de tronos y otra para Jessica Lange que, sin duda, es uno de los grandes aciertos, y uno de los mayores placeres, de American Horror Story.

Por último, la gala de los Globos de Oro ha ratificado el imparable éxito de Downton Abbey fuera de las fronteras británicas. Su inclusión en la categoría de miniserie ha frenado a Mildred Pierce, la impecable TV movie de la HBO que se ha tenido que conformar nuevamente con otro premio para Kate Winslet. Ahora sólo queda comprobar cuantos de los que anoche subieron al escenario del Beverly Hilton de Los Ángeles repetirán andadura a finales de febrero y cuantos engrosarán la escasa capacidad de sorpresa de los Oscars. Por alguna razón los Globos siguen llevando la etiqueta de antesala.

viernes, 13 de enero de 2012

La yaya de hierro

¿Entenderíamos que un biopic sobre Adolfo Suárez, primer presidente español tras la dictadura de Franco, se detuviera más de 10 minutos en su conocida enfermedad neurodegenerativa? Además de calificarla de mal gusto, la posible adaptación cinematográfica se consideraría inmediatamente inválida, por centrar la atención en los últimos años de un personaje cuya trascendencia histórica se remonta a la mediana edad.

Algo parecido es lo que ha sufrido Margaret Thatcher con La dama de hierro, una ambiciosa producción sobre la vida de la exprimera ministra británica que decide utilizar su delicada situación actual como hilo conductor de la trama. Parece que la directora sólo ha encontrado en sus últimos días la manera de humanizar a uno de los personajes más odiados de la historia reciente, mostrando la etapa más frágil y vulnerable de cualquier ser humano. ¿Lo consigue? La estrategia puede que infunda lástima en algún espectador pero lo que seguro genera en la gran mayoría es hartazgo.

La fórmula de retroceder al pasado desde la vejez para explicar una biografía está tan manida que cualquier guionista debería esquivarla. Sin embargo, es recurrente evitar la narración lineal con interrupciones constantes. A veces tienen un valor añadido, como en Titanic, y otras tantas sólo sirven para entorpecer la trama interesante, como es el caso de La dama de hierro. El filme centra tanto interés en el presente que incluso parece que son los flashbacks los que obstruyen el argumento central. Y hasta ahí podíamos llegar.

La cinta ha recibido durísimas críticas por abordar de soslayo los capítulos más espinosos de Thatcher, como su implacable insistencia en la Guerra de las Malvinas o la entente con Ronald Reagan que abriría la veda hacia un capitalismo salvaje. Es cierto. De la contienda nos queda la imagen de una compungida gobernanta enviando misivas a las viudas de guerra y con Reagan sólo la vemos marcándose el famoso baile.

Aún así, la película tampoco termina despertando ninguna simpatía hacia la dama de hierro, una vez fracasada la estrategia de la tercera edad. Al final, y leyendo entre líneas, aparece como una mujer ambiciosa, que se casó por interés, con ningún apego hacia sus hijos y que si por algo se hizo un hueco en un mundo de hombres es por comportarse con la misma arrogancia e intransigencia que ellos.

Paradójicamente, aunque la cinta dedique buena parte del metraje a la etapa final de Thatcher, otro de sus grandes pecados es la ambición por abarcar todas las etapas de la vida de Maggie. Desde su juventud como dependienta en la tienda de sus padres hasta el abandono de Downing Street. Separar el grano de la paja es uno de los ejercicios más complicados en todo biopic. ¿Realmente es necesario contarlo todo? ¿Hasta qué punto interesa la juventud de esta mujer? Frost contra Nixon, por poner sólo un ejemplo, retrató mejor al expresidente estadounidense mediante un episodio concreto que copando todas las etapas de su biografía. Y cada minuto resultaba apasionante.

¿Qué queda entonces por resaltar en La dama de hierro? Es evidente. La aportación de una Meryl Streep que asimila sin pestañear un personaje que supondría la tumba de cualquier otra actriz. La insistencia por la vejez de la dama de hierro sólo tiene un aliciente, además de la impresionante caracterización. Streep demuestra que es posible interpretar a una persona mayor sin caer en lo cómico. Restriega así su amplitud de registros, interpretando a dos Thatchers diferentes, a cada cual más apabullante. ¿Puede un talento de Oscar salvar un filme mediocre? Es probable que no, pero al menos justifica el desembolso de una entrada de cine.

miércoles, 11 de enero de 2012

ESTRENOS MIDSEASON: The firm

Apostar por una historia de hace casi 20 años, basada en una novela todavía más lejana, era arriesgado. Pocos recordarán, y mucho menos la joven audiencia de la NBC, la trama en la que un abogado recién licenciado era captado por un bufete de Memphis que en realidad funcionaba como tapadera de la mafia de Chicago y que terminaría arruinándole la vida. Tampoco sabemos si La tapadera era la mejor elección de una obra, la de John Grisham, cargada de argumentos sobradamente preparados para la televisión. La apuesta, como decimos, no era segura.

Sin embargo, nos quedaremos con la duda de si una auténtica adaptación de la película de Sidney Pollack hubiera funcionado entre la cada vez más exigente audiencia televisiva. Porque lo que nos ofreció el piloto de The firm es algo bien distinto. La serie parece haber adoptado el título de la obra meramente como marca registrada y como posible reclamo, porque si lo que esperábamos era un adictivo thriller de acción y persecución centrado en las desventuras de Mitch McDeere diez años después, andábamos del todo equivocados.

Es cierto que la serie se esfuerza en rescatar a todos y cada uno de los personajes de la novela original con la máxima fidelidad posible, incluso manteniendo su personalidad. Ahí está la carismática Tammy, la inesperada colaboradora que encarnó Holly Hunter ahora en el cuerpo de Juliette Lewis, para demostrarlo. Los flashbacks y algunas menciones también van recordando los vínculos de Mitch con el FBI y que desataron la persecución que lo llevaría al programa de protección de testigos.

Pero la sorpresa llega cuando comprobamos que la trama original de The firm es una mera excusa, un telón de fondo, para una serie procedimental más sobre abogados. De nada sirve un prólogo espectacular que nos emplaza seis meses después y en el que vemos al protagonista huyendo por las calles de Washington. De nada sirve cuando la gran mayoría del capítulo se centra en la idílica vida familiar de Mitch y en un caso autoconclusivo que, para colmo, no despierta el más mínimo interés.

¿Es que no ha visto John Grisham The good wife? ¿Es que no ha comprobado que la fórmula que en su día explotó David E. Kelley, el experto en llevar el derecho a la televisión, dejó de funcionar hace mucho tiempo en televisión? Es evidente que no se ha fijado en las andadas de Alicia Florrick, esforzándose semana tras semana en mezclar casos sabiamente seleccionados con una trama seriada de lo más adictiva. Sólo por su total desconocimiento del lenguaje televisivo actual se entiende que Grisham produjera este producto tan alejado de sus best-sellers, siempre atractivos y complejos.


El caso con el que decidieron abrir la serie parecía más bien el de un capítulo 17 de una hipotética e imposible sexta temporada. Puro relleno. La investigación de la muerte, con chapuceros flashbacks remarcando la secuencia, ni siquiera llegaba al nivel de Homicidios. Tampoco salvaban la función unos actores sin carisma que provocan la nostalgia, no ya hacia Gene Hackman o David Stathairn, solventes intérpretes, sino hacia el propio Tom Cruise. Porque si Josh Lucas parecía un buen fichaje, al final ha conseguido lo imposible, que echemos de menos al gurú de la cienciología.

¿Qué habría sido de The firm si el argumento nos hubiera conducido por la huida planetaria de Mitch? El suspense, la acción y los giros argumentales deberían haber sido los puntos fuertes de la secuela. Aún así, si la decisión de estrenar esta serie ya era arriesgada, la apuesta ha rozado el suicidio programándose contra Once upon a time y The good wife. Los datos de audiencia han hablado por sí solos. Menos de 7 millones de espectadores se engancharon a una propuesta que precisamente no engancha.

martes, 10 de enero de 2012

Goya 2012: ¿Nuevo batacazo para Almodóvar?

El morbo de los Goya de este año parece que se va a centrar en el duelo Almodóvar-Urbizu, uno que ya es todo un experto en los galardones del cine patrio y otro que se estrena en la ceremonia, que no en el thriller (ahí está La caja 507 para corroborarlo), con No habrá paz para los malvados. Si la Academia es consecuente con sus actos previos, el director manchego saldrá nuevamente por la puerta de atrás el próximo 19 de febrero a pesar de partir como favorito con las 16 nominaciones de La piel que habito, filme con el que ni siquiera contaron en la preselección de candidatas al Oscar.

Pero ya sabemos el gusto de la institución académica por los giros inesperados. Esta mañana mismo, durante la lectura de nominaciones, ha aparecido el western Blackthorn, como resucitado del olvido, entre los seleccionados a mejor película. Imaginamos la cara de Jaume Balagueró, y de los espectadores que han podido gozar de una de las pocas películas reseñables de este año, al comprobar que Mientras duermes ha quedado fuera de la quiniela oficial. Ni siquiera la lacrimógena, sobrevaloradísima, La voz dormida, está a la altura de uno de los mejores thrillers que ha parido el cine español.

Sin embargo, si hay dos galardones que no merecen discusión son el de actor principal y el de mejor actriz revelación. Aunque el Banderas comedido de La piel que habito y el soberbio Tosar de Mientras duermes merecen todo el reconocimiento, el Santos Trinidad de José Coronado ha sido el personaje del año y, sin duda, el de toda su carrera. No habrá paz para los malvados no tendría razón de ser sin su presencia. Lo mismo podría decirse también de María León, sin cuya gracia y salero perdería el poco encanto que tiene La voz dormida.

La categoría de mejor interpretación femenina queda este año deslucida sin la presencia de las grandes actrices de nuestro cine, allanando el camino a Elena Anaya, la que más probabilidades tiene de salir con un Goya bajo el brazo. Sorprende también la alta consideración hacia La chispa de la vida, la última producción de Álex de la Iglesia. El gran público sólo ha podido de ver, a falta de su estreno este viernes, un tráiler que invita más bien a obviarla de la cartelera y de la trayectoria de su director.

La máxima expectación de esta gala, por tanto, queda reducida de nuevo a detalles morbosos, como por ejemplo si Almodóvar sellará la reconciliación de hace dos años con la Academia o si algún discurso se saldrá del guión marcado con, pongamos por ejemplo, alguna mención al movimiento 15M. Eso y comprobar cómo se las gasta la gran Eva Hache de maestra de ceremonias. Buena falta hará el humor en un año en el que nuevamente ha salvado las cifras el denostado Torrente.

jueves, 5 de enero de 2012

Incómoda de ver

Una cosa es ser feo y otra bien distinta ser incómodo de ver. Lo mismo podría trasladarse al mundo del cine. Hay películas feas, como paradójicamente lo es Precious, haciendo de la miseria su estandarte, y hay películas, que como Tyrannosaur, son incómodas de ver. Filmes ante los que uno no puede evitar apartar la mirada por su extrema crudeza pero cuya finalidad va más allá del morbo gratuito, porque el amarillismo no es sólo cosa de la tele. Obras que, cada una a su manera, nos recuerdan que la vida no es de color de rosa.

El protagonista de Tyrannosaur, traducida aquí como Redención, está bien lejos de ser amable. Joseph es un ser amargado, alcohólico y con una violencia que, efectivamente, es difícil de soportar. Tampoco es fácil aguantar las imágenes de ultraviolencia machista que padece Hannah, una devota samaritana que se cruza un buen día en su camino. El repugnante marido le reserva las peores vejaciones y la cámara no se anda con sutilezas. La experiencia, sin duda, es angustiosa pero también es realista. No todos los barrios son Wisteria Lane.

Precisamente en el reflejo de una comunidad decadente se ha mostrado ejemplar el actor Paddy Considine. Visto en El ultimátum de Bourne y En América, donde interpretaba al padre de la desgraciada familia irlandesa que emigra a Estados Unidos, debuta tras las cámaras con esta loable película, tras la cual es fácil augurarle un futuro prometedor. No en vano, los festivales y galardones más independientes, como Sundance o los Satellite Awards, ya se han rendido a los pies de su ópera prima otorgándole el máximo reconocimiento como director novel.

Y no es para menos. No sólo es el máximo responsable sino también el firmante del guión de Tyrannosaur, uno de los tantos más notables de la película. Se esmera en recrear una atmósfera de extrema sordidez y consigue extraer, poniendo como protagonistas a dos antihéroes, a dos seres desgraciados, un elogio a la amistad. Lo hace sin maniqueísmos, sin caer en la fácil tentación de edulcorar la cruda realidad. Aunque el título ya pronostique una redención, los personajes no experimentan súbitos y repentinos cambios de personalidad. Son los que son. Imperfectos.

Peter Mullan y Olivia Colman son los otros responsables de que Tyrannosaur resulte por momentos tan dolorosa. La actriz es la que está acaparando nominaciones por su frágil y angelical Hannah, pero es gracias al tándem que forma con el apático, violento e insensible Joseph que el filme adquiere toques tan humanos. Incluso Eddie Marsan, con uno de los personajes más detestables del cine reciente, suma verosimilitud a la cinta. No es tarea fácil provocar odio y asco semejantes y tan unánimes en platea.

Tyrannosaur, por tanto, no bucea en el lodo con el propósito de removerlo. Tampoco con voluntad de extraer una moraleja ni de ofrecer un cuento de superación personal. Es sólo el contexto en el que se mueve un ser atormentado, un alma solitaria y asqueada con la vida que se cruza con otro ser desesperado. Y de repente se entienden, se respetan y se quieren. Es cine incómodo de ver pero a veces nos demuestra que escarbando en la basura puede hallarse la belleza.

--------

Tyrannosaur se proyectó en el primer Festival de los Cines Renoir, excelente iniciativa que merece continuidad. La cinta se estrenará en febrero en nuestro país.