martes, 28 de septiembre de 2010

'The walking dead', la serie más esperada de la nueva temporada

La temporada de series ya ha comenzado al otro lado del charco y ya pueden vislumbrarse posibles éxitos o fracasos (de momento, la primera en caer de forma fulminante ha sido la apuesta de la Fox Lonestar). Mientras aterrizan en nuestro país estas nuevas producciones, podemos constatar cuáles de ellas se recibirán con los brazos más abiertos. Y la más ansiada por los lectores de La Pantalla, con un total de 9 votos, es precisamente la que más tardará en llegar: The Walking Dead.
La AMC, cadena de la exquisitez, de la elegancia y de los premios, gracias sobre todo a los publicistas de Mad men, apuesta esta temporada por una de zombies. Ocho capítulos trepidantes, a juzgar por el trailer, que convierten a esta producción en una de las más originales de la nueva hornada. ¿Se había hecho antes una serie sobre muertos vivientes? Me recuerda Izengabe desde Dalealstop un antecedente: Dead Set. Aún así, el género de terror no se prodiga demasiado en televisión, por lo que merecerá la pena darle una buena oportunidad a The Walking Dead (el 5 de noviembre, en FOX).
La segunda serie más esperada (con 6 votos) ha sido el estreno más exitoso de la HBO en los últimos seis años y ya tiene asegurada una segunda temporada. Sin duda, la garantía de continuidad es un motivo de peso para engancharse a Boardwalk Empire. Pero el más importante es que el encargado de rodar el piloto de esta ficción de gángsters ambientada en el Atlantic City de los años 20 ha sido el mismísimo Martin Scorsese. El sello HBO, que para algunos podrá resultar también un lastre, es un tercer argumento a su favor (próximamente, en Canal+).
Pisando los talones a los gángsters, con 5 votos, está The event, de la NBC, mi serie más esperada. Porque el piloto me dejó con la boca abierta, porque parece seguir la fórmula de las producciones adictivas, porque echo de menos los cliffhangers de Lost. En definitiva, tengo puestas todas mis esperanzas en ella, cruzando los dedos para que no se convierta, como vaticinan algunos, en la nueva Flashforward. De momento, sus datos de audiencia en Estados Unidos no son menospreciables: 11,48 millones de espectadores para el piloto, casi 9 millones para el segundo episodio. Y en España, tendremos que esperar bien poco para comprobar si cumple las expectativas. TNT la estrenará el próximo 11 de octubre.
Por último, y como era de esperar, el rey Midas de la televisión, J.J. Abrams, no parece haber acertado con su nuevo proyecto para la NBC. Undercovers tiene toda la pinta de ser un cruce entre una Alias descafeinada y la Sr. y Sra. Smith de Brangelina. El trailer con el que pensaban captar nuestra atención demuestra que estamos ante un producto totalmente alejado de las creaciones más adictivas de Abrams, Lost y Fringe. Calle 13 ya se ha aventurado a adquirir los derechos, antes de comprobar si los 8 millones logrados en su estreno suben o bajan como la espuma. Aquí, al menos, ha recibido el voto de un alma caritativa.
La encuesta incluía además dos producciones que no han recibido ninguna adhesión. La primera, No ordinary family, es una de las grandes apuestas de la ABC y esta misma semana comprobaremos la aceptación que ha tenido la familia de superhéroes en la televisión norteamericana. La segunda, otro procedimental sobre abogados, ya parece tener un claro veredicto. El estreno de The whole truth apenas alcanzó los 5 millones.

Promos de la temporada 2010-2011

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Del papel a la pantalla: 'Chesil beach', por Sam Mendes

Hace unas semanas, se anunció que Sam Mendes renunciaba a dirigir la nueva entrega de la saga James Bond hasta que la Metro Goldwyn Mayer lograra recaudar el presupuesto necesario. Pero al parecer, los problemas financieros del estudio ya se han resuelto, y el director inglés podría retomar las riendas del agente 007. Entre un comunicado y otro, sin embargo, salió a la luz un nuevo proyecto para el realizador de American Beauty. Mendes nos dejaba con la incertidumbre de comprobar sus dotes como director del cine más comercial para embarcarse en la adaptación de la última novela de Ian McEwan, Chesil beach.
A la espera de comprobar cuál será finalmente el nuevo filme de Sam, si la entrega número 23 de la saga 007 o este anunciado proyecto, el caso es que para Chesil beach ya se ha barajado una firme candidata a protagonista: Carey Mulligan. Tras despuntar en An education, la exquisita actriz británica volvería así a un drama de época y se pondría de nuevo en la piel de una víctima de las convenciones sociales en la Inglaterra de los años 60. Sin duda, la mejor elección para el papel de Florence Ponting.
A diferencia de la Jenny de An education, la protagonista de Chesil beach ha claudicado ante las rígidas normas de su época. Florence se ha mantenido virgen hasta el matrimonio y, ahora, en plena noche de bodas, se horroriza ante el inevitable momento del coito. Hasta ese instante, su romance con Edward ha sido idílico. Su historia de amor ha sido hermosa y placentera. Salvo que en su interior le repugna la idea de un simple beso con lengua. Y precisamente la sociedad no espera de ella un ataque de sinceridad. La sumisión y el mutismo eran la clave para un buen matrimonio.
El relato de McEwan se desarrolla plenamente en esa luna de miel en un hotel en Chesil Beach. Aunque el autor nos detalla el pasado y el futuro de Florence y Edward, el grueso de la trama se centra en los conflictos interiores de ambos personajes ante el que será el momento decisivo y revelador de sus vidas. La novela es breve y su lectura se lleva a cabo en un suspiro. Y precisamente por eso, el gran reto de su adaptación al cine reside en alargar una historia corta a los estándares de un largometraje.
Mientras la lectura nos permite penetrar de lleno en los pensamientos de los protagonistas, la película lo tendrá un poco más difícil a la hora de reflejar la angustia interior de Florence ante el acto sexual al que se ha visto conducida por inercia social. Complicado también mostrar los cambios de humor de Edward al comprobar las reacciones de su reciente esposa. Muchos sentimientos reprimidos y muy poca acción visual, a diferencia de, por ejemplo, Revolutionary road, donde las peleas entre Frank y April eran constantes y abiertas.
Dónde seguramente la novela alcance en pantalla el auténtico clímax es en el diálogo final, cuando estallan por fin las confesiones y la historia discurre por derroteros imprevisibles. Promete ser una escena antológica, sobre todo porque el encargado de ejecutarla será un director experto en radiografiar (y criticar) la hipocresía occidental. Sam Mendes sumará así con Chesil beach un nuevo drama de denuncia social a su imponente filmografía. ¿Logrará superar la excelencia de Revolutionary road? Esperemos que Bond no nos impida comprobarlo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Tan encantada de conocerse como Clooney

Él es consciente de su físico, de que a punto de cumplir los 50 una simple caída de sus ojos las vuelve locas. De que su sonrisa de niño travieso despierta los más bajos instintos. No le hace falta nada más. De la misma forma que nos muestra orgulloso sus abdominales, la última cinta que produce y protagoniza George Clooney se regodea en la estética, en regalar los ojos del espectador. Pero ambos se olvidan que a veces falta algo más que meros estímulos visuales para proporcionar un placer duradero.
No pedíamos a Clooney que se pusiera en la piel de otro Jason Bourne o del mismísimo James Bond, aunque el cartel de la película así lo insinuara, pero desde luego tampoco esperábamos encontrar un thriller, y perdonen la simpleza del guiño, tan descafeinado. Desde el momento en que el asesino a sueldo Jack abandona Suecia y atraviesa un túnel romano en forma de ingeniosos títulos de crédito, The american se adentra en una atmósfera de tranquilidad, de amodorramiento, que echa por tierra el prometedor arranque de la película.
Los planos rebuscados, esos que seducen y conquistan al público más intelectual, eclipsan por completo cualquier atisbo de acción. La cinta parece ser consciente de que en la sobriedad se encuentra la belleza, o al menos el tipo de belleza que se gana el favor de cierta crítica. Por ese motivo, encadena los silencios y redunda en los detalles, con ese ritmo que aletarga a las plateas para regocijo de unos pocos. Mientras el director alardea de su ingenio creativo, los pocos mortales que logran mantener los ojos abiertos intentan interpretar una trama que, de tan sencilla, confunde.
Así, se suceden los minutos a la velocidad de horas observando a Clooney deambular de noche por un pequeño pueblo italiano. O construyendo meticulosamente un arma de precisión. O conversando con el cura del pueblo, que enseguida sospecha de su tapadera. O enamorándose de una prostituta (la bellísima Violante Placido) y saltándose, por tanto, las reglas del juego de todo sicario, que prohíben cualquier relación personal. El director Anton Corbijn parece haber asimilado también esas normas y nos aleja en todo momento de cualquier vínculo emocional, adoptando una actitud tan fría y distante como la del personaje de Clooney.
En su búsqueda de la admiración de los más exigentes, la película termina echando mano de algún recurso demasiado forzado. Una referencia a lo americano en el filme, por ejemplo a la hora de pedir un café, puede despertar una sonrisa. Dos, mantiene el ingenio. Pero cuando hasta termina sonando el mismísimo Tu vuo’ fa’ l’americano en la radio de un bar, las continuas referencias se acercan peligrosamente al ridículo.
Dónde sí alcanza el mérito la cinta, desgraciadamente, es en el final. Es cuando las imágenes bellas vienen acompañadas de dos elementos hasta el momento ausentes: la acción y el sentimiento. Por fin El americano se erige en thriller y por fin el protagonista nos deja ver sus inquietudes. Tanto él como la propia cinta descubren su alma en el tramo final. Demasiado tarde para convertir la pesadilla en un dulce sueño.

martes, 14 de septiembre de 2010

¿Las chicas de qué?

Los chicos de Vayatele ya nos lo advirtieron. Los diálogos de la adaptación española de Las chicas de oro eran calcados a los de la versión original. Incluso identificaron los capítulos emitidos anoche por La 1 con el octavo y el segundo de la primera temporada de la serie americana. Lejos de ser alentador, este dato sólo sirve para jugar en contra de la producción de José Luis Moreno, puesto que ni contando con los mismos elementos de una comedia made in USA ha logrado desprenderse del tufo casposo que evaporan todos sus productos televisivos.
El excantante de ópera, según sus propias palabras, y especialista en neurocirugía con dominio de trece idiomas, habrá amanecido esta mañana resplandeciente tras comprobar los datos de audiencia que cosechó anoche la serie en la televisión pública. Un 22% de share en plena época de la TDT es un dato para echarse a pegar brincos. Pero si el responsable del remake de Las chicas de oro fuera otro que no decorara con sus iniciales el fondo de la piscina, probablemente sentiría un poco de vergüenza por un éxito tan dudosamente justificado.
Porque tiene delito contar con un plantel de actrices que ni Almodóvar y lograr que suenen idénticas a Pepa y Avelino. Moreno consigue con el particular histrionismo de sus guiones que terminemos odiando el timbre de voz de la mismísima Lola Herrera o que acabemos sintiendo lástima por toda una Carmen Maura. La musa de La comunidad convertida en la tonta de un vodevil de cartón piedra. Más que las risas, deberían empezar a enlatar también los llantos.
Porque tiene narices que las manos del ventrílocuo hayan convertido una sitcom americana en otro producto bochornoso de la España más rancia y cañí. El humor inteligente se sustituye aquí por una sucesión de improperios que las actrices recitan con prisa pero sin pausa. Guiones tan artificiales como los decorados de teatro de revista que adornan la serie. Tan sólo unas imágenes de playa entre escena y escena, suponemos que extraídas de la serie original, nos recuerdan que este nuevo producto de la factoría Moreno tiene un precedente. El resto, ni por asomo hace pensar en las chicas de oro ochenteras.
Lo peor es que las audiencias vienen a confirmar que José Luis Moreno gusta, y mucho. Sobre todo en la televisión que lo ha visto nacer, crecer y forrarse. El estilo que pondría los pelos de punta a cualquier canal televisivo norteamericano, sin mencionar siquiera a los de pago, aquí triunfa sin complejos entre un público mayoritariamente envejecido, el que todavía forma el grueso de La 1. Ingenuos, pensamos que la retirada de Noche de fiesta supuso el punto y final a la televisión pública más casposa. Pero Moreno ha vuelto y parece que, entre todos, volveremos a financiar durante largo tiempo sus caprichos horteras de divo trasnochado.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Camino a los Goya

Tras el vacío estival, comienza la temporada cinematográfica con dos platos fuertes del cine español. Dos claras apuestas con posibilidades de situarse entre las cuatro favoritas en la próxima gala de entrega de los premios Goya. Un ambicioso proyecto frente a una película intimista. Pero no son las únicas. Todavía quedan por estrenar las mejor situadas en las quinielas: Los ojos de Julia, Biutiful y, tras el inesperado éxito en Venecia, Balada triste de trompeta.

LopeQuienes la han comparado con Shakespeare in love la han sobreestimado. Es cierto que entre patios de corrales nos sentimos como en el Londres teatral de finales del siglo XVI y que ambas se centran en un momento determinado de las vidas de dos escritores de renombre, pero ni Lope de Vega es William Shakespeare ni el biopic del primero se acerca en ambición y resultados al del segundo. Tampoco quienes la han equiparado a Alatriste han acertado. Con menos recursos que la superproducción de Díaz Yanes, Lope consigue lo más importante, contar una historia y contarla bien.
Aquí, el impresionante elenco de actores no sirve para acumular apariciones estelares al estilo Alatriste sino para cohesionar una trama más sencilla pero mejor desarrollada. Díaz Yanes no supo orquestar todos los medios con los que contaba, esas cifras totalmente alejadas de los estándares del cine español. El brasileño Andrucha Waddington, en cambio, ha preferido sustituir la cantidad por la calidad, destinando la acción a los diálogos y no a unos efectos especiales totalmente prescindibles en un drama romántico de estas características.
Por otro lado, no sabemos por qué el cine español se empeña en las historias de época. Los presupuestos se evidencian muy diferentes a los del otro lado del charco y las comparaciones siempre resultan odiosas. Es en el aspecto técnico donde únicamente chirría la cinta. Incapaz de ofrecer una introducción espectacular, Lope tampoco suple la falta de medios con un arranque que logre cautivar al espectador. No es hasta que avanza el metraje cuando la historia comienza a cobrar interés y la película adopta un sentido.
En el momento que entendemos el objetivo del filme, adentrarnos en la tensión sexual entre Lope y sus dos bellas amadas, Elena e Isabel, coge fuerza el guión y, sobre todo, el trabajo de los actores. De Pilar López de Ayala y de Leonor Watling podíamos presagiar grandes interpretaciones, pero la gran duda residía en Alberto Ammann. ¿Podría asumir un segundo papel protagonista? Pues no sólo lo asume, sino que lo borda. El argentino demuestra que la oportunidad de Celda 211 no fue una decisión caprichosa y que, desde luego, ha sabido aprovecharla.

Todo lo que tú quierasOcho años ha necesitado Achero Mañas para reunir el presupuesto necesario y volver a la gran pantalla tras el varapalo de Noviembre. Y no lo ha hecho con un proyecto fácil. Como con su anterior cinta, el director corría el riesgo de estamparse de nuevo contra los caprichos de la crítica. Pero en esta ocasión la apuesta ha salido a su favor. Todo lo que tú quieras es una película arriesgada y, sobre todo, valiente que consigue salir airosa de su particular planteamiento.
Un padre en plena desesperación decide travestirse de mujer para ayudar a su hija a superar la muerte de la madre. Es evidente que la premisa corría un serio peligro de caer en lo grotesco e incluso lo bochornoso. En manos de Mañas, sin embargo, se consiguen momentos de auténtica ternura entre un padre y su pequeña tras quedarse en desamparo por la ausencia de la figura materna.
Porque la madre es un pilar insustituible, y porque al hombre no le queda otro remedio que resignarse a un papel menos trascendental, el filme ha querido reflexionar sobre la falta de ese referente común en todas las culturas. Juan Diego Botto encarna con absoluta brillantez, y con ansias de galardón, la impotencia de un padre descolocado que tomará medidas desesperadas, e incomprensibles, para suplir el vacío dejado por su mujer.
La decisión, un tanto bipolar, vendrá acompañada de otros momentos trascendentales del filme que incluso se alejan de la trama principal. José Luis Gómez se reserva el más importante y amargo de ellos, transformado en actor de variedades homosexual, cuando se humilla ante el protagonista en plena función. Sólo su interpretación es más digna de elogio que la del mismísimo Botto.
Un segundo instante sublime, de los más duros del filme, lo protagoniza Najwa Nimri, cuando se ve forzada a asumir el papel de la fallecida en pleno coito. Ni la muerte de la protagonista, a la que también asistimos, resulta tan dolorosa. Y con la misma intensidad asistimos a una última escena intachable, cuando la niña, excelente Lucía Fernández, se niega a aceptar la realidad distorsionada. Por esos tres momentos imborrables, Todo lo que tú quieras ya logra superar sus flaquezas, como la reiteración o el estereotipo, hasta alcanzar el notable alto.