martes, 27 de julio de 2010

Las pesadillas de la crítica

Los críticos comparten un mismo ranking de fobias. En el tercer lugar de su lista negra nos encontramos con las secuelas. A mayor número de entregas, peor tiene que ser la calidad de la saga, siempre y cuando no venga un director de renombre que la revitalice (léase el caso de Batman, por ejemplo). En segunda posición se mantienen desde hace tiempo las comedias románticas. Jamás superarán las tres estrellas, a no ser que Anne Igartiburu se convierta de la noche a la mañana en colaboradora de la Fotogramas. Y en el primer puesto, a larga distancia de las demás, se encuentra el género más denostado por el sector intelectual, el que nunca logrará superar a la obra original, condenado a ser siempre un producto innecesario. Sí, hablamos del remake, de la reposición, del refrito.
¿Algún crítico albergaba esperanzas sobre la Psicosis de Gus van Sant o sobre El planeta de los simios de Burton? ¿Alguno pronostica que El equipo A será mejor que la mítica serie ochentera? Está claro que no. De la misma forma, con idéntica predisposición, todos esperaban con sus bolígrafos en alto la llegada del nuevo Freddy Krueger y, como no podía ser de otra forma, las reacciones no han sorprendido a nadie. “Filme innecesario”, “cuenta lo mismo que el título original de Wes Craven pero sin elegancia”, “No hay novedades”.
Es difícil ponerse de acuerdo en la razón de ser de un remake. ¿Debe respetar al milímetro el original o tiene que romper por completo su esencia? El camino que ha decidido seguir Pesadilla en Elm Street (el origen) no es otro que el de la actualización. Su objetivo: acercar una saga muy rentable a las nuevas generaciones. Convendría que más de uno visionara después de tantos años la película original y se daría cuenta, no sólo de que las rayas del jersey de Freddy son verdes y no negras, sino de que la cinta tiene un fatal envejecimiento.
Pesadilla en Elm Street es todo un clásico del cine de terror y es de las privilegiadas que logran formar parte del imaginario colectivo, gracias, sobre todo, a su carismático protagonista. Sin embargo, no logra traspasar el filtro de los años. Lo que en su día daba miedo, hoy resulta cómico. El pavor sólo se produce al ver cómo el mito se desmorona tras comprobar que ni una sola de las escenas provoca el más mínimo sobresalto. Francamente, necesitaba una capa de pintura con urgencia.
El trabajo del debutante Samuel Bayer, en ese sentido, es meritorio. No pasará a la historia por revitalizar una saga e incluso superar al original como Christopher Nolan, pero tampoco es para despotricar por inercia de su trabajo. Sin alterar en ningún momento la historia inicial, consigue con un aprobado alto el doble cometido de este remake: actualizar el personaje a los nuevos tiempos de cara a una posible franquicia y convertir la película en algo más parecido a una pesadilla.
El prólogo de la cinta ya es toda una hazaña. Por fin una película de Freddy Krueger consigue que nos sobresaltemos, aunque sea a golpe de efectos de sonido. Se respetan algunas de las escenas memorables de la pesadilla original, como la de la cama o la de la bañera, pero adaptadas a los tiempos modernos. Además, Jackie Earle Haley, el nuevo Freddy, consigue despojar al personaje de la parodia a la que nos tenía acostumbrados Robert Englud para dotarlo de un aire más siniestro y aterrador.
La renovación, por tanto, además de necesaria, es bastante efectiva. Donde fracasa un poco el filme es en sus intenciones de precuela, aunque para producir una insensatez como la que idearon con Hannibal Lecter casi mejor no entrar en más detalles del pasado. El desarrollo de la cinta tampoco es el más satisfactorio, repleto de pesquisas aburridas en detrimento de las escenas puramente terroríficas. Pero Pesadilla en Elm Street (el origen) ni es un bochorno ni un despropósito. Los críticos deberían interiorizar que no todos los remakes tienen por qué formar parte siempre del club de una sola estrella.

domingo, 25 de julio de 2010

Hay un niño en mí

El comienzo de Toy story 3 ya es toda una declaración de intenciones. Pura adrenalina, imágenes de vértigo y un alto nivel de carcajadas por minuto. Woody y Buzz Lightyear intentan salvar un tren a punto de despeñarse en pleno lejano oeste cuando de repente aparecen los huerfanitos asomando por los vagones. Desternillante. Los malvados de esta escena de acción tampoco se quedan atrás. Ver al matrimonio Potato, al cerdito y a los tres marcianos intentando boicotear al resto de protagonistas es un gran acierto y, sobre todo, una buenísima terapia de risa. La buena noticia es que el metraje que sigue a la impactante introducción tampoco se queda corto.
Once años han tenido que pasar para que el equipo de Pixar explotara de nuevo el éxito de Toy story, la cinta de John Lasseter que dio fama y prestigio a la productora del flexo allá por el año 1995. En esta tercera entrega han decidido echar mano de la nostalgia para tocar de lleno nuestra fibra sensible, logrando incluso que a más de uno se le resbale una lagrimita con la emotiva secuencia final. Mirado fríamente no deja de ser ridículo llorar por cuatro juguetes, pero cuando los encargados de provocarlo son estos maestros de la animación el llanto queda dignificado.
El espíritu de “hay un amigo en mí” se multiplica pero a su vez permite la entrada de nuevos personajes que en ningún momento distorsionan la esencia de la saga, algo que parecen no haber conseguido Shrek y sus secuelas. El ansia por explotar la gallina de los huevos de oro no ha ocasionado en este caso un estrepitoso declive sino más bien lo contrario, el resurgimiento de buenos recuerdos que permanecían dormidos. Con el ogro verde, apenas nos han dejado tiempo para echarlo de menos. El temor viene ahora cuando los mandamases de la Disney comiencen a plantearse cuanto tiempo debe pasar para una rentable cuarta entrega de Toy story.
Mientras cruzamos los dedos, hoy por hoy solo hay motivos para alegrarse de estas secuelas. Y uno de los motivos lo encontramos de nuevo en los personajes secundarios, el gran acierto de todas las producciones de Pixar. Quien necesita a Woody cuando el Sr. Pricklepants, ese erizo tirolés con ínfulas de dramaturgo, nos hará desternillar con sus breves apariciones mucho más que el sheriff protagonista. Por no hablar de Buzz, que a pesar de su arrebato andaluz, no consigue hacernos reír como Ken y su pase de modelos.
El gran momento de Toy story 3 nos lo sirven los de Pixar a mitad del filme, cuando un payaso atormentado nos narra el pasado del oso de peluche Lotso. Él es el líder de la guardería Sunnyside, donde van a parar nuestros juguetes totalmente desencantados después de descubrir que su dueño Andy ya se ha hecho mayor. Tras su tacto delicado y su aroma de fresas se esconde una historia turbadora, de la que también fue partícipe el personaje más terrorífico del filme, un bebé medio tuerto con cara de psicópata. Por no mencionar al jefe de vigilancia del recinto y su particular método de alarma. Buenísimo.
El humor de Toy story se mantiene pues en plena forma gracias a esos guiños al espectador basados en la infancia y en escenas tan cinematográficas como los juegos clandestinos, el western o las fugas carcelarias. El derroche de ingenio se percibe en cada detalle, desde los diálogos, trabajados al milímetro, hasta elementos que pasan más desapercibidos pero que seguro despiertan los recuerdos de más de uno, como ese paquete de patatas fritas de juguete que McDonalds regalaba tiempo atrás con su Happy Meal. Sublime.

jueves, 22 de julio de 2010

I love Alicia Florrick

Alicia Florrick lleva impresa en la cara la imagen de esposa perfecta. Casada con el fiscal general de Chicago, los cimientos de su idílica vida comienzan a tambalearse cuando a su marido le destapan todo un entramado de corrupción e infidelidades. Después del bochorno y la humillación de posar junto a él ante las cámaras y tras años a la sombra de su esposo, decide retomar su carrera de abogada y emprender una nueva etapa en la que no hay cabida para mujeres florero.
Estos días ha terminado en Fox una de las series revelación de esta temporada, no sólo por sus aceptables niveles de audiencia, sino también por un planteamiento que, aunque pueda parecer lo contrario, se aleja de lo habitual. The good wife es mucho más que una serie procedimental sobre abogados. Entre caso y caso se va desgranando la historia de una mujer en plena lucha por la liberación.
A menudo las producciones de corte feminista resultan contradictorias, reivindicando para las mujeres los mismos malos hábitos que critican en los hombres. En esta serie producida por los hermanos Ridley y Tony Scott no existe el discurso fácil sino una crítica sutil, mucho más efectiva, sobre el papel secundario que la sociedad ha encomendado a la mujer.
Alicia, a lo largo de esta primera temporada, ha ido tragando, soportando las alusiones constantes a los engaños de su marido, aguantando las insinuaciones sobre los motivos de su ascenso en el nuevo bufete (uno de los socios fue un antiguo amor platónico de juventud). Por si fuera poco, en casa mantiene el pulso con sus hijos adolescentes, que de forma indirecta le reclaman el perdón hacia su padre, y con su suegra, que se lo exige de manera totalmente directa.
Florrick se debate entre la mujer que quiere ser y la mujer que todos esperan que sea. Entre la rebeldía y la sumisión, entre la libertad y la pose. El destino no se lo pondrá nada fácil porque su marido planea, desde la cárcel, el retorno a la vida política y, desde luego, en la foto de familia debería aparecer ella de nuevo con una gran sonrisa en la cara.
Julianna Margulies es un gran acierto de casting, asumiendo a la perfección el papel de mojigata. La contención de su personaje no es fácil de interpretar, ya que en sus silencios y en su mirada es donde se expresa toda la carga emocional de la protagonista. Pero la otra gran baza es el impresionante plantel de actores secundarios con el que cuenta esta producción, encabezado por dos mujeres de armas tomar (ambas nominadas al Emmy), Archie Panjabi y Christine Baranski. La inteligencia de sus guiones, su crítica social y una perfecta construcción de personajes convierten a The good wife en una de las series indispensables de la temporada.

Secundarios de lujo

Kalinda Sharma
La belleza de origen hindú Archie Panjabi está nominada al Emmy por encarnar a la policía del bufete Lockhart&Gardner, el contrapunto perfecto de Alicia Florrick. Clara, directa y espabilada, siempre cae sobre ella, a veces de manera demasiado casual, la pista que contribuirá a resolver el caso. Sus ironías y su actitud con los hombres (le persigue el rumor de una posible homosexualidad) hacen que este personaje resulte imprescindible en la serie.

Diane Lockhart
La rival de Panjabi en los Emmy es nada más y nada menos que Christine Baranski, a la que vimos recientemente junto a Meryl Streep en Mamma mia. Junto a Will Gardner, con el que mantiene una relación profesional de amor odio, son los dos socios de un bufete en crisis. Demócrata convencida, verá peligrar su ideología política en cuanto aparezca una suculenta oferta laboral o un apuesto amante republicano. Sin ser tan despiadada como Patty Hewes, reúne todas las características del abogado sin escrúpulos, pero su sentido del humor es de lo más estimulante.

Peter Florrick
El eterno Mr. Big de Sexo en Nueva York abandona por fin a Carrie para encarnar al marido de Alicia, el protagonista de los escándalos sexuales y de corrupción que la han hecho replantear su vida. Su ambición no tiene límites. Siente que ha sido traicionado por su sucesor en el cargo y quiere volver a toda costa a ocupar el puesto de fiscal general, pero siempre con el beneplácito de una esposa que ya no está por la labor. Se muestra arrepentido, pero algo me dice que volverá a las andadas.

Will Gardner
Josh Charles, que debutó de bien joven en El club de los poetas muertos, se pone en la piel, 20 años más tarde, del antiguo compañero de clase de Alicia. Como socio del bufete, él es quien le facilita la incursión en el mundo laboral. Tiene una imagen más impoluta que la de Diane. Parece honesto y sensato. Pero no son pocas las insinuaciones sobre un posible lado oscuro que todavía está por descubrir. La tensión sexual entre Will y Alicia es evidente desde el primer capítulo pero no se manifiesta de forma explícita hasta el final de temporada.

Cary Agos
Es el rival directo de Alicia para hacerse con el puesto de asociado del bufete. Durante el periodo de pruebas que es toda esta primera temporada, ambos llevarán a cabo todo tipo de méritos, más o menos dudosos, para conseguir la plaza. Apuntarse todas las bazas o camelarse a Will y a Diane son algunas de las reglas de un juego a dos no demasiado limpio. Cary desconfía en todo momento del enchufismo de Alicia y se considera el justo ganador de la partida.

Jackie Florrick
A Mary Beth Peil la recordamos con cariño por su papel de encantadora abuelita de Jen en Dawson crece. Pero en esta ocasión, su personaje es menos amable. La suegra de Alicia, entrometida y machacona, comienza siendo un engorro en la convivencia pero hacia el final de la temporada destapa un lado más oscuro, más aterrador, el de la madre fría y calculadora que ambiciona todo el poder para su hijo. En futuros episodios, puede llegar a ser toda una amenaza para Alicia.

Glenn Childs
Titus Welliver parece haberle cogido el gusto a los papeles de malvado. Tras su misterioso paso por Perdidos encarnando al humo negro, en The good wife protagoniza el asedio al marido de Alicia. Glenn es el nuevo fiscal general, el que destapó todo el entramado de su antecesor para hacerse con el cargo. Ahora despliega todas las armas en su poder para evitar que su rival salga de la cárcel, aunque en esta lucha no queda muy claro quienes son los malos y quienes son los buenos.

Eli Gold
La incorporación de Alan Cumming al reparto es otro de los grandes aciertos de la serie. Todavía recuerdo su repugnante aportación en Círculo de amigos. En esta ocasión, su papel tampoco es amable. Eli es el despiadado asesor que contrata Peter Florrick para conseguir relanzar su carrera, aunque sus tácticas poco ortodoxas sean bien conocidas. Entre sus atributos no está el de morderse la lengua. De ahí que los comentarios que va soltándole a Alicia, o incluso a la madre de Peter, sean de lo más jugoso.

Kurt McVeigh
La cara de Gary Cole nos suena por su reciente aparición como exmarido de Katherine en Mujeres desesperadas. En la piel de Kurt es el responsable del cambio de mentalidad de Diane, que encuentra en este perito en balística el gusto por las armas y el sentido del humor. Fantástico el episodio en el que él le regala la biografía de Sarah Pallin y ella, la de Hillary Clinton. Su relación ya les ha comportado algún que otro conflicto en los tribunales.

Colin Sweeney
Es uno de los clientes más problemáticos del bufete. La opinión pública lo considera culpable del asesinato de su mujer, del que resultó finalmente exculpado, pero las cosas se complican para este ricachón cuando aparece un nuevo cadáver en su camino. Sus controvertidos gustos sexuales tampoco ayudan a la defensa. Apareciendo en tan sólo dos episodios, el papel de Colin le ha valido a Dylan Baker la nominación al Emmy como mejor actor invitado en una serie dramática.

Elsbeth Tascioni
La repentina aparición de Carrie Preston en The good wife levantó polvareda en Estados Unidos. Enseguida comenzaron las especulaciones sobre la posible marcha de la mítica camarera pelirroja de True blood. Desmentidos los rumores, la fugaz aportación de la actriz como abogada loca, pero brillante, dejó con muy buen sabor de boca y con ganas de más.

martes, 20 de julio de 2010

Un hombre y tres destinos

¿Alguna vez te has arrepentido de tus actos? ¿Has llegado a pensar qué hubiera sido de tu vida si en un determinado instante hubieras optado por otro camino? En el poder de las decisiones ha querido centrar el director belga Jaco van Dormael su última película. Un tema, el del destino, explotado en infinidad de ocasiones en el cine, desde aquella Dos vidas en un instante de Gwyneth Paltrow hasta Corre, Lola, corre, pasando por la más directamente relacionada con Mr. Nobody, El efecto mariposa.
¿Qué hay de nuevo entonces? Es evidente que la manipulación del espacio temporal es como una golosina para guionistas, permite jugar sin límites con el espectador. Confusión, sorpresa, giros inesperados. Elementos muy efectistas para meterse al público en el bolsillo. Además, la frontera entre el destino y el libre albedrío, entre las casualidades y nuestras elecciones, es algo que todos nos hemos planteado alguna vez en la vida. ¿Qué hubiera sido de mí si…?
Nemo Nobody tiene la capacidad de saberlo. Desde el momento en que sus padres se separan y lo obligan a elegir, en una sucesión de preciosas escenas en una estación de tren, su vida discurre por derroteros bien distintos. Si elige al padre, terminará intimando con Elise, siempre y cuando no tome una decisión alternativa por el camino. Si elige a la madre, se verá abocado a protagonizar una historia de amor antológica junto a Anna.
Es impresionante la capacidad del director para hacernos saltar de una realidad a otra, provocando un aturdimiento de lo más placentero. Y es que el gran acierto de la película lo encontramos precisamente en el montaje, elaboradísimo, complejo, impresionante, al más puro estilo Amélie pero sin el regusto infantil que por momentos desprende la cinta de Jeunet.
Planos bellísimos, como el del salto en trampolín o el de la piel erizándose mientras los protagonistas hacen el amor, se acompañan de una banda sonora muy bien escogida. Los siete años que el director ha invertido en esta película se aprecian en cada detalle, cuidados con mimo para ofrecer una experiencia distinta y de lo más gratificante. Etiquetada en el género de la ciencia ficción por razones obvias (Nobody, además, aparece en pleno año 2092), la película es sobre todo puro romanticismo, un drama intenso de enorme sensibilidad.
La carga dramática la mantienen por todo lo alto el trío de actores protagonista. Jared Leto demuestra una vez más que el destierro al que lo tiene sometido la industria de Hollywood es del todo injustificado. Diane Kruger, por su parte, deja patente que tras su belleza se esconde un talento igualmente innegable, mientras que Sarah Polley se reserva el papel más desgarrador y una de las mejores escenas del filme, la de la mujer que, tan cegada por el amor, no es capaz de vislumbrarlo ante sus narices.
Mr. Nobody es todo un reto para el espectador, no porque resulte demasiado compleja de entender, sino porque requiere el esfuerzo de superar la confusión de los minutos iniciales y el final abierto a múltiples interpretaciones (nada más comenzar, varias personas abandonaron la sala, mientras otras tantas rompieron en aplausos al terminar la cinta). Su desenlace es el punto más cuestionable del filme. Quizá no hacía falta entrar en demasiadas explicaciones. El placer ya lo proporcionan la atracción de sus imágenes y lo atractivo de su planteamiento. Motivos más que suficientes para incluirla en la lista de obras maestras inesperadas.

lunes, 19 de julio de 2010

Del papel a la pantalla: 'Cualquier otro día', por Sam Raimi

Dennis Lehane es sello de garantía. Tres de sus novelas se han trasladado a la gran pantalla con excelente resultado, respaldadas por dos directores de renombre y un prometedor debutante. El primero en echarle el ojo fue Clint Eastwood que, en pleno auge de su carrera como realizador, sumó una nueva obra maestra a su filmografía adaptando a la perfección la sórdida atmósfera de Mystic River. Ben Affleck, por su parte, decidió debutar tras las cámaras por todo lo alto con la novela Desapareció una noche, mientras que Martin Scorsese apostó por Shutter island, uno de los trabajos más adictivos y turbadores del escritor estadounidense.
Compré el último libro de Lehane publicado en español, Cualquier otro día, por pura adscripción, desconociendo por completo su posible adaptación a la gran pantalla. Pero a medida que se acercaba el final de sus más de 700 páginas caí en la cuenta. No es solamente que el autor ya estará por inercia en el punto de mira de los productores, sino que la novela cuenta con todos los elementos para su traslado inmediato al cine. Y efectivamente. En 2008, diferentes medios publicaron la noticia de que el nuevo director consagrado encargado de adaptar a Lehane sería Sam Raimi. The given day, título original de la obra, verá la luz previsiblemente en 2012, si bien Raimi parece haberse enfrascado con mayor énfasis en reinventar a Jack Ryan o en adaptar el videojuego World of Warcraft.
Así, Cualquier otro día tiene todos los números para caer en saco roto. En los tiempos que corren, además, su adaptación requeriría un esfuerzo económico demasiado arriesgado para afrontar. El libro recrea una de las grandes huelgas de la historia, la que llevaron a cabo el 9 de septiembre de 1919 los policías de la ciudad de Boston. A la inevitable recreación de época se le añade la brutal oleada de disturbios que conllevó la insólita medida sindical. Demasiado dinero para una temática que se aleja bastante de la intriga a la que Lehane nos tiene acostumbrados.
A pesar del riesgo, la operación podría tener sus recompensas. Y es que estamos ante una gran novela histórica susceptible de convertirse en obra maestra. Por un lado, Lehane reivindica el papel de los sindicatos mirando al pasado, cuando la sola idea de una huelga se consideraba el peor de los sacrilegios. Más de un responsable de UGT y CCOO sentirá vergüenza al comprobar la función prácticamente testimonial a la que han derivado estas instituciones.
Danny Coughlin es el hijo del capitán de la policía de Boston, donde las jornadas se alargan más allá de las 60 horas semanales y los uniformes y las balas corren a cargo de los empleados públicos. Cuando comienzan a surgir en la ciudad las primeras organizaciones de trabajadores, el joven policía se debatirá entre la fidelidad a su padre y la reivindicación de sus propios derechos. Mientras, Luther Laurence, el otro protagonista de la historia, mantiene una lucha mucho más complicada contra el arraigado racismo de la sociedad norteamericana hacia los negros. En sus planes no se contempla la posibilidad de alzar la voz, simplemente la de sobrevivir.
Al gran conflicto social se le suman los conflictos personales de cada uno, cargados de una enorme tensión dramática a la que también contribuyen sus respectivas historias amorosas. Muchos ingredientes para triunfar pero también para cometer grandes errores, el más peligroso de ellos, la saturación de tramas. Cualquier otro día no será fácil de guionizar, pues cuenta con demasiados elementos difíciles de obviar, ni tampoco de interpretar. Se requieren dos grandes actores capaces de llevar todo el peso de la trama, junto a un tercer protagonista con menos peso en la historia, y secundarios de lujo en papeles de malvado (Robert Duvall encarnando al tío de Danny se me antoja indispensable). Demasiado esfuerzo, creativo y económico, para que el proyecto tire adelante. Pero demasiado goloso también como para desaprovechar semejante material. Crucemos los dedos.

domingo, 18 de julio de 2010

Un truño más en España

Hay películas que cumplen a rajatabla los tópicos predominantes sobre el cine español. Guiones ligeros, personajes simplones, sonido de andar por casa y una percepción general de que el Ministerio de cultura, Televisión Española y Canal+ no han sido muy generosos con el presupuesto. Sin duda, esa es la impresión que hace que gran parte del público de la espalda al cine local, evitando incluso a los productos honrosos que ya no son la excepción. Pero entonces llega David Serrano con su última comedia musical y alimenta de nuevo las malas lenguas que, esta vez con razón, despotrican de toda cinta made in Spain.
Basta ver la vergonzosa introducción de Una hora más en Canarias para que a uno le entren ganas de abandonar la sala. Cualquier comparación con El otro lado de la cama es una broma de mal gusto, puesto que la frescura y originalidad de la primera dan paso aquí a la cutrez más absoluta. El nivel de las canciones y de las coreografías es un fiel reflejo de la trama que nos espera: estúpida, caótica y sin sentido. Capítulos de Aída han tenido argumentos más sofisticados, con enredos más ingeniosos, que esta producción injustamente sobrepublicitada.
No pierdan detalle. Una chica quiere recuperar a toda costa el amor de su exnovio, comprometido con una ingenua jovencita. Para ello, se alía con su hermana y engatusan al chaval para montar un chiringuito en las Canarias, donde los planes, lógicamente, no saldrán como esperaban. El chaval en cuestión es Quim Gutiérrez, una joven promesa que todavía espera con el pulgar levantado a que pase una nueva oportunidad como Azuloscurocasinegro. Mientras, no está el sector para tirar cohetes, se esfuerza en dotar de credibilidad al humor marrón oscuro y nada negro de Una hora más en Canarias, constituyendo una de sus dos gratas sorpresas.
La otra es sin duda Miren Ibarguren, la única capaz de provocar con sus breves apariciones las dos o tres carcajadas con las que cuenta el filme. Su papel de novia histérica y psicópata es de lo más garbancero, pero al menos sirve de contrapunto en una historia con escasas concesiones a la comedia. En cambio, Angie Cepeda y Juana Acosta, los otros dos ángulos de este cuadrado amoroso, terminan agotando al espectador con sus maquinaciones de serie barata. La química entre las dos colombianas y los dos españoles brilla por su ausencia, discurriendo las unas y los otros en paralelo, cada cual a su rollo.
Como pegotes desubicados funcionan también los escasos números musicales que, por llamarlos de alguna forma, terminan de hundir la película en los más bajos fondos del cine español. Podría parecer que el nivel de improvisación, casi casi amateur, que desprenden las coreografías en plena calle es intencionado, con tintes satíricos. Pero estaríamos sobrevalorando un producto sin ningún miedo al ridículo, una nueva mancha negra en el panorama desolador de la comedia española. Un motivo más para que González-Sinde se eche a temblar y termine culpando de la debacle a la socorrida piratería.

martes, 13 de julio de 2010

Vuelve el director femenino

El día que Rodrigo García nos cuente una historia de hombres nos pillará por sorpresa. El universo femenino se ha convertido en el eje central de su filmografía, retratado al detalle y desde el más intimista de los extremos. Ninguna directora, ni siquiera las de mayor reivindicación feminista, ha logrado convertir su carrera en una radiografía tan fidedigna de la mujer como lo ha hecho este realizador colombiano. El día que Rodrigo García nos cuente una historia de hombres, igual deja de ser Rodrigo García.
En esta ocasión, ha dejado aparcadas las relaciones de pareja y, sobre todo, los experimentos esotéricos de su último trabajo (Passengers) para adentrarse en el lazo más estrecho y complejo de toda mujer, el que la une con su madre y viceversa. Y el punto de vista lo ha puesto precisamente en la ausencia de ese referente vital, obteniendo así el relato de tres mujeres atormentadas por el desamparo.
Naomi Watts se reserva la mejor historia y, a cambio, ofrece la interpretación de su vida. Abogada con una frialdad pavorosa, sus relaciones sociales se reducen a la mínima expresión. No entiende de afectos ni de cordialidades, probablemente porque su madre la dio en adopción con tan sólo 14 años. Hasta que su vida da un giro inesperado que la enfrenta de lleno a lo que más temía, el amor.
Mientras, su madre biológica, interpretada por la gran Annette Bening, vive martirizada por tan amarga decisión. El trato con los demás tampoco es su fuerte y en cuanto alguien se le acerca con las mejores intenciones se abalanza como una fiera. La comunicación con su entorno, empezando con la propia madre, brilla por su ausencia. Hasta que un buen día aparece alguien que descubre lo que oculta su coraza.
Y en último lugar, Lucy y su marido encuentran en la adopción el único remedio para ser padres. En su búsqueda del retoño se topan con la sorpresa más grata del filme, una exigente y jovencísima madre con la cabeza demasiado bien amueblada. Entre la embarazada y la adoptiva surge una perfecta conexión, hasta que comienzan a surgir las traiciones y los remordimientos.
García se agarra de nuevo a una historia coral pero esta vez adopta una estructura lineal en la que finalmente las tramas principales se van entremezclando. Abandona así la sutileza de Nueve vidas, donde los nueve relatos en plano secuencia apelaban de forma más directa a la imaginación del espectador. Madres & hijas, en ese sentido, es más convencional, menos arriesgada, por momentos demasiado reiterativa.
Aún así, el director consigue añadir un nuevo e interesante capítulo a su particular estudio sobre la mujer. Por su objetivo ya han pasado las relaciones amorosas y ahora las familiares, y si añadimos sus contribuciones en A dos metros bajo tierra, En terapia o Dime que me quieres, también ha tratado la convivencia con la muerte o el sexo en la tercera edad. Madres & hijas viene a confirmar que entre actrices y con tramas femeninas es donde García mejor sabe moverse.

jueves, 8 de julio de 2010

Emmys 2010: ¿El destrono de 'Mad men' y '30 Rock'?

Nueva entrega de los Emmy y nuevo acaparamiento de Mad men (17 nominaciones), salvo que en esta ocasión ha irrumpido con mayor fuerza el fenómeno televisivo de la temporada, Glee, que acumula nada más y nada menos que 19 candidaturas. Tras llevarse el último Globo de oro, nada hace pensar que el particular coro de instituto no le arrebatará este año la estatuilla a la incombustible 30 Rock, que lleva tres victorias consecutivas como mejor comedia en los premios más importantes de la televisión.
La categoría dramática se presenta mucho más suculenta. Mad men ve peligrar su tercera estatuilla consecutiva con la irrupción del final de temporada de Lost, la exitosa segunda entrega de True blood, el impresionante desenlace de Dexter y la grata sorpresa de este año, The good wife (además de Breaking bad).
Los académicos se debatirán entre el continuismo de otro galardón para la serie de Don Draper y compañía o el premio de consolación para Lost, que desde su primera temporada no ha logrado alzarse con la estatuilla a mejor drama televisivo. A pesar de que esta sexta entrega ha sido la más decepcionante de todas, Perdidos seguirá siendo la serie más adictiva de los últimos tiempos.
Complicado hacer una porra en esta edición, pero ahí va mi quiniela particular (en verde las que creo que ganarán y en naranja las que me gustaría):

MEJOR SERIE DE DRAMA:
Mad Men
Lost
True Blood
Breaking Bad
Dexter
The Good Wife

Todo parece indicar que por fin Mad Men logrará ser desbancada del podio, bien por la justicia moral hacia Lost o bien por la acertada apuesta legal de la CBS. El decepcionante final de la misteriosa isla ha arrebatado el título de obra maestra a la serie, por lo que la producción protagonizada por Julianna Margulies merece más el galardón.

MEJOR SERIE DE COMEDIA:
The Office
30 Rock
Glee
Curb Your Enthusiasm
Nurse Jackie
Modern Family

Pocas dudas al respecto. La serie revelación del año ha irrumpido con tanta fuerza y tanta frescura en el panorama audiovisual que Tina Fey y Alec Baldwin ya pueden despedirse de su acomodado reinado.

MEJOR ACTOR DE DRAMA:
Jon Hamm (Mad Men)
Bryan Cranston (Breaking Bad)
Michael C. Hall (Dexter)
Kyle Chandler (Friday Night Lights)
Hugh Laurie (House)
Matthew Fox (Lost)

Aunque su serie arrasa en los Emmy, el elegante protagonista de Mad men no ha logrado alzarse todavía con la estatuilla. Puede que esta sea su ocasión, aunque algunas voces claman por la victoria de Matthew Fox, injustificada para mi gusto. Michael C. Hall también lleva dos años persiguiendo el galardón y, tras la brillante cuarta temporada de Dexter, lo merece más que nunca.

MEJOR ACTOR DE COMEDIA:
Steve Carell (The Office)
Tony Shalhoub (Monk)
Larry David (Curb Your Enthusiasm)
Alec Baldwin (30 Rock)
Jim Parsons (Big Bang Theory)
Matthew Morrison (Glee)

Es la categoría en la que menos puedo opinar. El único papel que conozco, el de Matthew Morrison en Glee, no parece digno de un galardón a la mejor interpretación. Porque en la última película de Woody Allen supo mimetizar al singular director, mis simpatías van más hacia Larry David.

MEJOR ACTRIZ DE DRAMA:
January Jones (Mad Men)
Mariska Hargitay (Ley y orden: SVU)
Jualianna Margulies (The Good Wife)
Kyra Sedgwick (The Closer)
Glenn Close (Damages)
Connie BRitton (Friday Night Lights)

El Globo de oro es un precedente más que suficiente como para pronosticar un nuevo premio para la protagonista de The good wife. Pero es que su papel de mujer sumisa y mojigata en plena revolución personal desborda precisamente por su contención al resto de contrincantes.

MEJOR ACTRIZ DE COMEDIA:
Edie Falco (Nurse Jackie)
Lea Michelle (Glee)
Tina Fey (30 Rock)
Julia Louis-Dreyfus (Old Christine)
Toni Collette (The United States of Tara)

Toni Collette se lo llevó el año pasado, y Tina Fey el anterior, así que puede que sea el turno de Edie Falco en su impresionante cambio de rol tras Los soprano. Sin embargo, esa chica que no tiene abuela llamada Lea Michelle, junto a su imponente voz, merecerían más el galardón.

MEJOR ACTOR SECUNDARIO DE DRAMA:
John Slattery (Mad Men)
Aaron Paul (Breaking Bad)
Andre Braugher (Men of a Certaing Age)
Martin Short (Damages)
Terry O'Quinn (Lost)
Michael Emerson (Lost)

Ha sido el gran protagonista del final de Lost, hasta el punto que no se entiende la inclusión de Jack en la categoría de actor principal en detrimento de la Locke, cuyo personaje ha experimentado una aterradora transformación. Aunque Jack abriera y clausurara la serie en el imaginario colectivo de sus fans quedará siempre para el recuerdo la interpretación de Terry O'Quinn.

MEJOR ACTOR SECUNDARIO DE COMEDIA:
Jesse Tyler (Modern Family)
Jon Cryer (Dos hombres y medio)
Eric Stonestreet (Modern Family)
Chris Colfer (Glee)
Ty Burrell (Modern Family)
Neil Patrick Harris (Cómo conocí a vuestra madre)

Es uno de los personajes más carismáticos de Glee, mucho más interesante que el guaperas protagonista principal. Ante la monotonía del resto de candidatos, sólo hay cabida para este joven talento.

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA DE DRAMA:
Christina Hendricks (Mad Men)
Archie Panjabi (The Good Wife)
Elisabeth Moss (Mad Men)
Rose Byrne (Damages)
Sharon Gless (Burn Notice)
Christine Baranski (The Good Wife)

Para mi gusto, la categoría más estimulante de esta edición. ¿Kalinda o Diane? ¿Diane o Kalinda? Junto a Julianna Margulies son el auténtico reclamo de The good wife, una serie de abogados que, sin su presencia, sería otra más del montón. Feminismo, humor inteligente, elegancia. Esto son mujeres del siglo XXI y no lo de Sexo en Nueva York!

MEJOR ACTRIZ SECUNDARIA DE COMEDIA:
Jane Lynch (Glee)
Kristen Wiig (Saturday Night Live)
Julie Bowen (Modern Family)
Jane Krakowski (30 Rock)
Sofia Vergara (Modern Family)
Holland Taylor (Dos hombres y medio)

¿Alguien duda de su merecimiento? La entrenadora de las animadoras de Glee es desde ya uno de los personajes malvados más entrañables de la historia de la televisión. Y buena parte de la culpa la tiene su intérprete, Jane Lynch.

MEJOR ELENCO DE COMEDIA:
Glee
Nurse Jackie
Modern Family
30 Rock
United States of Tara

Es una de las grandes bazas de la serie, su elenco. Si bien los guiones y las tramas no son para tirar cohetes, lo que atrapa en Glee son sus personajes (fantástico trabajo de casting), su humor irreverente y la tremenda banda sonora.

MEJOR ELENCO DE DRAMA:
Mad Men
Dexter
Big Love
Friday Night Lights
True Blood
The Good Wife

En Mad men ya están hartos de recibir premios. Son buenos y lo saben. No estaría mal darle la oportunidad de saborear las mieles del éxito al elenco de The good wife. Personajes muy bien construidos y repletos de matices son el hecho diferencial de esta serie de abogados en la que las mujeres son las auténticas protagonistas.