miércoles, 31 de marzo de 2010

ENTRADA Nº 200: Esperando un milagro

Lourdes. Ese lugar del que siempre había oído hablar pero del que apenas tenía más conocimiento que los cuatro tópicos que lo rodean. Ahora, la directora austriaca Jessica Hausner nos ofrece la oportunidad de vivir casi en primera persona el peregrinaje de un grupo de personas en busca de un milagro. Desde un punto de vista casi documental y con un tono más bien aséptico, nos sitúa ante el objetivo a una joven cuya esclerosis múltiple la mantiene paralizada de cuello para abajo. Su rostro, como la mirada de la directora, es neutro. Ni transmite esperanza ni escepticismo.
La cinta nos adentra de lleno en los entresijos del santuario de Lourdes. Más que un lugar de peregrinaje religioso, el insólito rincón de los pirineos franceses se nos aparece más bien como un complejo turístico, perfectamente organizado, que gira en torno a las desgracias ajenas. Dicen que la fe mueve montañas pero en esta en particular ocurre justo lo contrario, se consigue remover la fe de los más desesperados. Aquellos que sólo pueden recurrir a los milagros como última esperanza.
Desde el primer momento, la película nos sumerge detenidamente, a ritmo ralentizado, en el programa turístico ideado para enfermos como Christine. Desde las largas e interminables colas para penetrar en la gruta de la virgen hasta las multitudinarias misas en las que unos pocos elegidos reciben la bendición especial de los sacerdotes, pasando por unas piscinas de agua bendita donde, corre la leyenda, en alguna ocasión se produjo el milagro. En la sordidez de las instalaciones de Lourdes, que recuerdan más bien a un tanatorio, esperan los protagonistas del filme a que se produzca el prodigio.
Y mientras ellos aguardan la llamada del señor, el espectador espera paciente a que se produzca otro milagro, que la cinta consiga alzar el vuelo en algún momento. El ritmo apesadumbrado del principio parece el preludio de algo que finalmente no termina de llegar. Aunque Hausner consigue sorprendernos en alguna ocasión, como por ejemplo con la realidad de una de las voluntarias de la Orden de Malta o con la inesperada recuperación de la protagonista, ni siquiera esos momentos logran resaltar lo suficiente entre tanta secuencia adormecedora.
Uno no deja de pensar qué haría Javier Fesser con semejante material. No hay por qué esperar un claro posicionamiento del director ante una práctica religiosa o grandes momentos dramáticos que consigan trastocar al espectador, tal como hiciera de forma sublime Fesser en Camino. Pero sí hubiera sido deseable un tratamiento menos frío y desapasionado para un tema con tantos matices como los que plantea un lugar como Lourdes.
Es cierto que a la película no le hace falta ningún recurso más para hacer reflexionar al espectador. Las conversaciones entre los peregrinos escépticos, los ojos de Christine, incluso el chiste malvado en boca de un cura, son suficientes para cuestionar la explotación de la fe que practica la iglesia católica en Lourdes. Las imágenes ya desprenden por sí solas un cierto regusto a patetismo y humillación. Al espectador le queda la sensación de haber asistido a una ceremonia de crueldad en la que se ponen en juego las esperanzas de los moribundos. Nada muy diferente de lo que cualquier no creyente extraería de una visita personal al santuario. Falta, por tanto, una mayor implicación de la realizadora para resaltar el mensaje global, el de que finalmente nadie cree en los milagros.

miércoles, 24 de marzo de 2010

8 incógnitas, ambigüedades (y algún absurdo) del capítulo de Lost sobre Sawyer

Nuevo episodio ni fu ni fa en Perdidos, sin ningún momento de sobresalto a destacar. Corremos el peligro de que los grandes acontecimientos se aglutinen desesperadamente en los últimos capítulos generando un final atropellado. Aún así, confiemos todavía en la pericia de sus creadores. De momento, el gran impacto nos ha llegado en el flash alternativo, descubriendo a un Sawyer que ha pasado de ladrón a policía.
La primera gran duda que nos asalta al comprobar esta nueva situación del personaje es evidente. ¿Por qué dejó el policía Sawyer escapar a una fugitiva esposada en el aeropuerto de Los Ángeles? Desde luego, su paso al bando contrario no lo convierte de golpe en un ciudadano encomiable, puesto que además de permitir la huida de Kate, sigue manteniendo su sed de venganza hacia Anthony Cooper, el estafador que provocó la muerte de sus padres y, a su vez, padre de John Locke.
Mientras tanto, en la isla, el enemigo de Jacob convence a Sawyer para que investigue quién hay en la isla Hidra (recordemos que Ben finalmente se negó a seguirle). La intención del supuesto ente maligno es huir con el avión de Ajira Airways. ¿Alguien me puede explicar cómo van a salir de la isla con un avión estropeado y en un terreno sin pista de aterrizaje? Desde luego, todo lo relacionado con el vuelo Ajira es de lo menos convincente de esta historia.
Una vez en Hidra, Sawyer es capturado por una nueva y engañosa mujer que trabaja para las órdenes de Widmore. Lo trasladan al submarino que apareció al final del capítulo anterior y, una vez dentro, nos encontramos con una misteriosa habitación en la que seguramente hay alguien encerrado. ¿Estará Desmond, tal como pronostican la mayoría de blogs, en el interior del misterioso camarote del submarino? Francamente, lo echamos de menos.
Sawyer juega al despiste tanto con Widmore como con el enemigo de Jacob convertido en Locke. De momento, parece que ha convencido a las dos partes enfrentadas con sospechosos tratos, pero tanto Widmore como Locke son dos personajes muy inteligentes. ¿Cuál de los tres es mejor mentiroso? Apostamos, como mínimo, a que el enemigo de Jacob no se fía un pelo de Sawyer…
Las sospechas sobre Widmore se mantienen. De momento, parece claro que quiere protegerse de Locke y a su vez terminar con él. ¿Significa eso que Widmore está del lado de Jacob y, por consiguiente, ahora se encuentra en el mismo bando de su archienemigo Ben? Aún recuerdo aquél encuentro entre Ben y Widmore en casa de este último que parecía tan trascendental. Ahora su enemistad se ha reducido de golpe a la nada. Un poco decepcionante, la verdad.
En la otra isla, Claire por fin desata toda su ira contra Kate ante la acojonante pasividad de Sayid. Hasta que Locke aparece. ¿Qué le diría Locke a Claire para que bajara velas respecto a Kate? Parecía sincera cuando pidió perdón, pero puede ser una estrategia.
En una conversación entre Locke y Kate para apaciguar los ánimos, el calvo le confiesa que una vez, hace mucho tiempo, él también tuvo, como Aaron, una madre loca. ¿Tuvo algo que ver esta madre loca con el destino del enemigo de Jacob?
Por último, el insulso final del capítulo nos revela la verdadera intención de Sawyer. No pertenece a ningún bando. Su única intención es huir con Kate en el submarino. ¿Conseguirá despistar a los dos contrincantes enfrentados para poder salir de una vez por todas de la isla?

lunes, 22 de marzo de 2010

Conflicto interior

Los estragos de la guerra es un tema tan recurrente en el cine que uno ya no espera grandes sorpresas en torno a la cuestión. Hermanos parecía tener como único aliciente a un trío de actores muy sugerente, junto a una historia de amor cercana al culebrón que parecía basarse también en una trama ya explotada: mujer de soldado en conflicto bélico recibe la noticia de su muerte y termina cayendo en los brazos de alguien cercano, hasta que un buen día aparece el marido de repente (Pearl harbor, sin ir más lejos, y salvando las distancias, tiene un argumento parecido). Pero la cinta de Jim Sheridan esconde tantas sorpresas sobrecogedoras que, como mínimo, resulta inexplicable su ausencia en unos premios como los Oscars, donde Hermanos podría haber sumado varias nominaciones.
No puede obviarse que la película es un remake del filme danés de Susanne Bier Brothers, estrenado en 2004, pero cuando no se ha tenido la oportunidad de visionar la obra original, como es el caso, sólo cabe valorar la adaptación de Sheridan como una cinta independiente. El director irlandés, responsable de obras maestras como En el nombre del padre o Mi pie izquierdo, parece que ha suavizado el tono amargo empleado por Bier. Más allá de lo acertado de esta decisión, su simple trabajo con los actores, de los que consigue extraer todo el potencial, ya es digno de admiración.
Todo en Hermanos es un crescendo apoteósico, desde la historia, que arranca suave y sin llamar demasiado la atención, hasta el trabajo interpretativo, que alcanza niveles espectaculares hacia el final del metraje. El clímax y la tensión se van palpando poco a poco y no es hasta la última media hora que adquieren su máximo esplendor, pero en cuanto aparecen atrapan al espectador de tal forma que el filme consigue sobrepasar con creces el notable.
La película muestra el drama de una viuda de guerra con dos niñas pequeñas que encuentra el consuelo en el hermano de su marido, la oveja negra de una familia de tradición militar. Mientras va surgiendo algo más que amistad entre ambos, la cinta nos traslada al mismo tiempo a Afganistán, donde el capitán terminó en brazos peores que los de la muerte. Su cautiverio en zona talibán al principio parece superfluo. Las imágenes de la tortura incluso entorpecen el desarrollo de la trama más adictiva, la que nos enseña como va fraguándose el amor. Pero finalmente resultan indispensables para entender la terrible evolución del personaje principal.
Tobey Maguire es el responsable de la increíble transformación. El actor se desprende de su traje de hombre araña para regalarnos una de las interpretaciones más sorprendentes de los últimos años. Su mutación de ciudadano ejemplar a víctima perturbada de la guerra, acompañada también de un espeluznante deterioro físico, es de auténtico pavor. El talento escondido de Maguire protagoniza los dos momentos más terroríficos de la cinta, uno protagonizado por un globo y el otro, por una pistola. Escalofriantes.
Pero Maguire no es la única sorpresa de la cinta. Aunque a Natalie Portman y a Jake Gyllenhaal no se les puede reprochar ni un solo desliz, terminan eclipsados por una criatura de apenas diez años. Bailee Madison es el rostro de los auténticos daños colaterales de una guerra, los que además de provocar bajas innecesarias consiguen matar en vida al resto de supervivientes. Sus momentos de confesión con la madre, en los que la madurez se ha zampado de cuajo su inocencia, son los que arrancan las lágrimas más profundas del espectador. Hermanos no sólo muestra los estragos de un conflicto bélico sino que además consigue trastocarnos.

miércoles, 17 de marzo de 2010

7 preguntas de Lost en torno al Dr. Linus

Nuevo episodio decepcionante en la irregular temporada final de Lost y esta vez con Ben Linus como protagonista. El personaje ya no es lo que era y durante este capítulo nos han querido mostrar su transformación hacia el supuesto lado bueno de la historia. Pero ni su flash alternativo ni su actualidad en la isla han deparado grandes momentos.
A pesar de todo, es interesante la primera mención que se hace en el flash de Ben como profesor de historia en un instituto público. “Y fue en esa isla donde todo cambió”. La afirmación se refiere al exilio al que fue condenado Napoléon en la isla de Elba. El líder tuvo que enfrentarse a la pérdida de poder. ¿A quien puede hacer referencia este explícito paralelismo, al propio Ben o a la situación del enemigo de Jacob, que fue condenado a no salir de la isla? Y lo más importante, ¿será en esta isla donde todo cambie y accedamos a la realidad alternativa?
En otro de los flashes observamos a Ben cuidando de su padre, en una relación paternofilial muy diferente de la que pudimos ver durante la quinta temporada. Gravemente enfermo, el padre de Ben nos constata que ambos pertenecieron a la iniciativa Dharma, pero ¿por qué regresaron Ben y su padre de la isla? Ante la duda de si su vida hubiese sido mejor, está clara la respuesta. No. O bien se hubiesen llevado a matar o bien acabarían sumergidos bajo el agua…
Los flashes de Ben también sirven para comprobar el cambio de actitud del personaje. Si en la realidad de la isla vimos como su absoluta falta de escrúpulos provocó la muerte de Alex (ahora convertida en prometedora estudiante), en la realidad alternativa renuncia a sus ansias de poder para no perjudicar a la joven. ¿Será esta realidad una recompensa de Jacob hacia sus aliados en la que pueden por fin redimir sus pecados? Recordemos que, de momento, Sayid es el único al que la vida paralela le va fatal.
Mientras Ilana, tremendo error de cásting de la serie, mantiene a Ben cavando su propia tumba, aparece el enemigo de Jacob transmutado en Locke. ¿Para qué quiere este supuesto ente malvado reclutar a Ben si no es ninguno de los candidatos de Jacob?
En su camino hacia el templo, Jack y Hurley se encuentran con Richard en la selva. Cuando Hurley comenta que puede ver a Jacob, el perpetuo joven le avisa: ¿Por qué Richard no se fía ahora de Jacob y por qué quiere matarse?
En todo caso, su intento de suicidio, tal como predice Jack, fracasa. Es lo mismo que le ocurrió a Michael en sus sucesivos intentos de acabar con su vida. ¿Cuándo Jacob toca a alguien se adueña de su destino? Parece que Jack ha asumido su papel en esta historia y baja velas a favor de Jacob.
Tras una escena exagerada con la música lacrimógena y trascendental de los grandes momentos, surge del mar un periscopio descaradamente digital. En su interior, nada más y nada menos que Widmore, otro gran personaje que, como Ben, ha quedado en un segundo plano. ¿Será Widmore el Wallace número 108 que Jacob avisó que llegaría a la isla para salvarla, o por el contrario viene a unirse al bando contrario?

domingo, 14 de marzo de 2010

Del papel a la pantalla: 'Hater', por Juan Antonio Bayona

El éxito arrollador de El orfanato le abrió las puertas de Hollywood a un primerizo Juan Antonio Bayona. Al menos es lo que se aseguraba desde la Universal en 2008, cuando se anunció que el director español volvería a estar cobijado por Guillermo del Toro en Hater. El rodaje debió iniciarse el año pasado pero desde entonces nada ha vuelto a saberse de este proyecto fantasma. Mientras, este mismo mes se conocía que el esperado segundo largometraje de Bayona se centrará en el tsunami de Indonesia de 2004. Ni rastro de Hater.
El filme americano del director novel iba a centrarse en la novela homónima de ciencia ficción de David Moody. De hecho, su editorial española, Minotauro, se ha espabilado en potenciar la portada del libro con el gancho de ser la próxima película del director de El orfanato. Esperemos que no tengan que renunciar a tan atractivo eslogan, pues de bien seguro que las ventas no serán demasiado espectaculares sin el reclamo de la adaptación.
La novela de Moody sólo puede salir ganando con su traslado a la gran pantalla. No sólo por el aumento de ejemplares vendidos sino por una trama que pide a gritos imágenes en celuloide. La historia se centra en Danny McCoyne, un hombre hasta las narices de lidiar con los cabreados ciudadanos que han sido multados por el ayuntamiento y de llegar a cuentagotas a fin de mes. Sumido en una existencia anodina, su entorno comienza a sufrir una serie de inexplicables sucesos. Personas corrientes adoptan de repente una actitud de violencia brutal contra todo aquél que los rodea.
El fenómeno se inicia con un hecho aislado. Un hombre la emprende a golpes contra una señora mayor en un supermercado ante el estupor de su clientela. La violencia es extrema y, desde luego, el efectismo de la posible secuencia es indudable. Los sucesos comienzan a extenderse por toda la ciudad, hasta alcanzar al mismísimo entorno del protagonista, obligado a vivir terribles experiencias en compañía de sus hijas pequeñas.
El libro abusa demasiado de estas situaciones inexplicables, llegando a ser reiterativo, pero de bien seguro que su traslado al cine puede constituir una excelente cinta de terror, repleta de momentos de alto impacto. Su lectura no es muy placentera, incluso excesivamente simple, pero en manos de Bayona puede convertirse en un trepidante filme de acción cargado de escenas como las de la abuela atropellada de El orfanato.
Por si fuera poco, la novela presenta un giro bastante inusual en su argumento, que pude suponer uno de los momentos más espectaculares de la posible cinta. Pocas veces se nos brinda en el cine la oportunidad de formar parte de un punto de vista como el que nos ofrece Moody en Odio, si bien es cierto que resulta mucho menos complicado de ejecutar en la literatura que en la gran pantalla.
En todo caso, habrá que esperar a que el proyecto llegue finalmente a buen puerto. Sin actores confirmados y, sobre todo, sin fechas previstas, la adaptación de Odio ha quedado en punto muerto y sin expectativas de arrancar. De su puesta en marcha depende la popularidad de un libro innecesario y para olvidar, concebido únicamente con la voluntad de terminar en manos de un gran estudio. ¿Demasiado comercial para Bayona?

miércoles, 10 de marzo de 2010

El Sundown de Lost en 6 interrogantes

Capítulo sorpresa en el que se rompe la estructura de la primera temporada. Si todo apuntaba a que la protagonista sería Sun (el título ‘Sundown’ era francamente engañoso), finalmente el episodio se ha centrado, y de qué forma, en Sayid. La acción se ha apoderado de la trama y nos adelanta una lucha entre el bien y el mal muy prometedora.
Tras una emocionante lucha entre Dogen y Sayid, finalmente es el japonés el que tiene la sartén por el mango. Pero una pelota de béisbol cae de repente y al guardián del templo se le quitan las ganas de cortarle el cuello al iraquí. ¿Qué significado tiene esta pelota para Dogen que le impide acabar con Sayid? Quizá el recuerdo de su hijo y de un pasado en el que era un buen hombre.

Sayid parece debatirse entre el bien y el mal desde que fue resucitado por las aguas turbias. Tal como nos recuerda el resumen de capítulos anteriores, su infección no hará efecto hasta que invada su corazón. Tras el fallido intento de matar a Locke (con todas las sospechas que eso implica en torno a las intenciones de Dogen), el enemigo de Jacob le plantea la posibilidad de conseguir todo lo que quiera, incluida la fallecida Nadia. ¿Cómo piensa resucitar a la amada de Sayid este ente maligno? De nuevo se refuerza la teoría de que los flashes no son más que el futuro de los personajes actuales de la isla. Sayid finalmente recupera a Nadia, pero no cómo a él le gustaría. Mal negocio.

Mientras tanto, vemos a Kate cometiendo un predecible error. Sin tomarse ni un segundo, le suelta a Claire que es ella la que sacó a su hijo Aaron de la isla y la que lo crió, en una de las escenas más siniestras del capítulo. La cara de la rubia es un poema. “No soy yo la que necesita ser rescatada, Kate”, le suelta. Pero ¿Por qué no ejecuta su venganza inmediatamente y decide reclutar a Kate, sin ella saberlo, en el grupo del mal?

Pero el momento más impactante del episodio se presenta con la constatación de que Sayid se ha convertido definitivamente en un aliado del enemigo de Jacob. Por primera vez, uno de los protagonistas de la serie nos transmite auténtico terror, mientras se vaticina una lucha en la que tanto Jacob como antiJacob cuentan ya con dos reclutas. Pero ¿dónde dejaron Claire y Locke a Jin? ¿Lo metieron por arte de magia en la nevera del mafioso Keamy? ¿Pero no lo habían pillado los policías del aeropuerto LAX? ¿Y Sun?


En mitad de este fregado se encuentra Kate que, sin saber muy bien cómo y totalmente descolocada, se ve inmersa en un bando turbio de oscuras intenciones. ¿Terminará Kate dándose cuenta de que está en el lado equivocado o, por el contrario, se convertirá en la tercera pieza del enemigo de Jacob?

A su salida del templo, Locke observa orgulloso a sus discípulos Sayid y Claire, pero con Kate, en cambio, adopta una mirada desconcertante. ¿Qué piensa hacer con Kate el ente oscuro? En el siguiente capítulo no hay lugar para la confusión. Dr. Linus ya nos lo dice todo.

lunes, 8 de marzo de 2010

Unos Oscars para olvidar

Jamás imaginé que lo diría, pero este año los Goya han superado a los Oscars. Los cambios introducidos para ganar audiencia televisiva han jugado en contra del ritmo y la espectacularidad que suelen reinar en la ceremonia del Kodak Theater. Ni la presentación a dúo de Steve Martin y Alec Baldwin, ni el overbooking de candidatas a mejor película, ni la desubicada presencia de ídolos adolescentes como Zac Efron o Miley Cyrus han conseguido insuflar dosis de ingenio a una edición bastante previsible. El Hollywood más acomplejado le da la espalda a los rentables efectos digitales de James Cameron y corona al impecable cine de acción bélica de su exmujer, Kathryn Bigelow, mientras el Oscar al mejor guión adaptado recae en Precious alias “nadie me quiere”. Contradiciendo aquello de más es mejor, ninguna de las diez aspirantes de este año alcanzaba el nivel de la pasada edición, mientras filmes notables como The road o A single man quedaban injustamente fuera de la quiniela. Solo hay algo que cabe esperar de cara a los Oscars siguientes: ¡Que vuelva Hugh Jackman! Y si no está disponible siempre les quedará Andreu Buenafuente.

jueves, 4 de marzo de 2010

Buceando de nuevo en el fondo del pozo

Las horas bajas de una estrella del pasado no es un argumento desconocido en el cine y menos cuando todavía está reciente en la memoria la historia de El luchador, que hizo resurgir de las cenizas, apenas hace un año, a Mickey Rourke. En aquella ocasión, los paralelismos entre su personaje, un jugador de Wrestling en plena decadencia, y su propia experiencia como actor fueron claros. Aquella resurrección cinematográfica bien le mereció un Oscar. Esta vez no estamos frente a un intérprete tocando fondo pero sí ante una carrera, la de Jeff Bridges, que ha pasado injustamente desapercibida a lo largo de los años. Nueva oportunidad de la Academia de Hollywood para redimir sus pecados y nueva estatuilla casi cantada.
Las semejanzas entre El luchador y Crazy heart no terminan aquí. Ambas se centran en protagonistas de glorioso pasado enganchados al alcohol, que se mueven por ambientes sórdidos y que terminan encontrando el apoyo inesperado de bellas y luchadoras mujeres. Las dos nos acercan al corazón de dos hombres torturados por el paso del tiempo, enfrentados a las consecuencias de la mala vida y con atisbos de arrepentimiento. Demasiadas coincidencias como para no pensar, como mínimo, en un plagio creativo.
Sin embargo, esta evidente inspiración no resulta tan condenable una vez comparados los dos filmes. Las interpretaciones de Rourke y de Bridges están a la misma excelente altura, satisfaciendo al espectador de igual forma pero con sus respectivos matices. Mientras en la cinta de Aronofsky nos adentramos en el submundo de la lucha libre, en esta ocasión nos metemos de lleno en el universo desconocido de la música country. Un pretexto que nos sirve de nuevo para conocer más de cerca la América más profunda y real, la que apenas tiene cabida en las cintas que nos llegan de Hollywood.
A través de la mirada de Bad Blake, el ídolo country al que da vida Bridges, nos acercamos a los Estados Unidos de paisajes desérticos y moteles de carretera. Su música no alcanza grandes escenarios como el Madison Square Garden de Nueva York pero triunfa en locales de Nuevo México y Texas, donde abunda una clientela trasnochada y ajena al glamour.
Con los años, el mítico Bad Blake está quedando en el olvido, actuando en boleras de tres al cuarto o como telonero de su joven discípulo. Situaciones humillantes para quien vivió tiempos mejores pero que apenas lo acomplejan. El cantante se mantiene fiel a un estilo de vida en el que abundan las botellas de whisky y las mujeres. Hasta que un buen día aparece una joven e ingenua periodista que le roba el corazón al imperturbable veterano, momento en el que descubrimos las flaquezas que se esconden tras su coraza.
La historia ha sido mil veces contada y no hace falta ser un lumbreras para vaticinar más o menos por donde deambulará la trama. A pesar de ello, los personajes y sus debilidades logran conmovernos de nuevo. Porque aunque existe un cierto regusto repetitivo, las interpretaciones de Maggie Gyllenhaal y de Jeff Bridges, dotadas de auténtico costumbrismo, siempre se reciben como aire fresco.

miércoles, 3 de marzo de 2010

5 enigmas de Lost a la luz del faro

Siguiendo la estructura de la primera temporada, el episodio 5 ha versado sobre Jack, esta vez siguiendo su realidad alternativa sin accidente aéreo. Curioso que, junto a Kate, hayan protagonizado los dos capítulos más insulsos de esta última temporada. Su largo paseo por la selva con Hurley y sus flashes eternos han ralentizado de golpe la trama, sobre todo si la comparamos con el impecable episodio anterior sobre Locke.
Aún así, este destino alternativo de Jack nos ha ofrecido algunos enigmas que nos remiten al inicio de la temporada. En primer lugar, nos encontramos con que el personaje se sorprende con una cicatriz en su vientre y que no sabe exactamente cuando le operaron de apendicitis, algo que recuerda a la extraña gota de sangre que Jack se encuentra en el cuello en el avión de Sidney a Los Ángeles. ¿Es esto realmente una realidad alternativa de las vidas de los protagonistas sin accidente aéreo o comienzan a cobrar fuerza las teorías de que en realidad estamos asistiendo a su futuro tras la trama actual de la isla?
La aparición sorpresa de un hijo adolescente de Jack no hace sino fortalecer la teoría, puesto que suponemos que las vidas de los personajes deberían ser iguales hasta el momento de las turbulencias en el avión. Si Jack no tenía hijos en la primera temporada, no se explica que ahora aparezca de la nada este niño. A no ser que su madre sea alguien que, como el japonés Dogen o el propio Ben, haya tenido una vida fuera de la isla y en algún momento entrara en la vida de Jack. ¿No será Juliet la misteriosa madre del niño de Jack, puesto que a Kate la podemos descartar casi por completo?
La gran aportación del capítulo, sin embargo, la encontramos en la realidad de la isla, con la aparición, casi por arte de magia, de un faro. A él acuden Jack y Hurley guiados por el fantasma de Jacob. Una vez en el interior, ambos descubren una inmensa rueda en la que aparecen los mismos nombres tachados de la cueva del capítulo anterior con sus respectivos números, que coinciden con los grados de orientación del faro. Más allá de la reacción de Jack al ver ‘Shepard’ en el 23, se plantea una gran pregunta. El 108, que es el grado al que Hurley tenía que girar el faro para ayudar a los que tienen que venir a la isla, pertenece a un tal Wallace, que aparece tachado. ¿Quién es Wallace y para qué tiene que venir a la isla?
Tras entrar en cólera y romper los cristales del faro, Jack se queda pensativo mirando el mar, momento en el que se le aparece de nuevo Jacob a Hurley. ¿Cuál es la misión de Jack que debe encontrar por sí mismo?
Por último, la trama de Claire nos presenta a una enferma tan obsesionada con su hijo como para recrear una cuna con huesos de animales. Se confirma lo que ya nos adelantó Dogen, que la rubia está infectada y que además, es amiga del enemigo de Jacob en forma de Locke. ¿Qué pasará con Jin cuando Claire descubra que la ha engañado sobre el destino de Aaron? ¿Y con la pobre Kate? La semana que viene es el turno de Sun.