martes, 29 de julio de 2008

Del papel a la pantalla: 'El niño con el pijama de rayas', por Mark Herman

Sin apenas enterarnos de su rodaje, se acaba de conocer que la adaptación de El niño con el pijama de rayas luchará por la Concha de Oro en el próximo Festival de San Sebastián. La noticia ha servido para despertarnos y darnos cuenta de que las informaciones que apuntaban a una película basada en el ‘best-seller’ eran más que serias. De hecho, ya pululan por la red multitud de fotogramas del filme.
John Boyne, el autor irlandés que ha hecho realidad algo casi imposible –mostrar el Holocausto desde un prisma absolutamente distinto- ha asegurado que está más que satisfecho con el resultado: "Respeta en todo momento la esencia principal de la historia. Y lo que Mark Herman –director del filme- ha añadido de su propia mano no daña en nada lo que hay que contar", declara en EL PAÍS.
Desde luego, la hazaña no era sencilla. El libro es corto pero intenso, con un evidente protagonismo de la voz narradora, que en este caso es la del inocente hijo de un militar alemán. La historia se nos descubre desde la óptica de un niño de 10 años, con todo lo que ello comporta, y es ahí donde reside la habilidad del escritor. Resulta complicado imaginar cómo se las habrá apañado el director de la película para eludir el impactante poder de la imagen, de forma que no altere la esencia libro.
La ignorancia del pequeño respecto a todo lo que se desarrolla a su alrededor es quizá el aspecto más complicado de llevar a la gran pantalla. Mientras que Boyne nos teletransporta a la infancia y a su manera de razonar, habrá que ver cómo se las ingenia Herman para no alterar esa inocencia. Los detalles que el libro nos va desgranando poco a poco, generando un gran impacto en el lector, puede que queden mermados por la evidencia de la imagen.
De momento, las pocas imágenes que existen sobre la película se asemejan bastante a las que uno se va generando a medida que avanza el libro. Estamos tan acostumbrados al cine sobre la barbarie nazi que apenas cuesta recrear en nuestra mente el horror plasmado en palabras. Cuando parecía que La lista de Schindler o El pianista no dejarían más hueco para nuevos filmes sobre este terrorífico pasaje de la historia, nos llega esta adaptación que, si hace honor a su fuente original, es más que probable que termine dejando una huella de iguales proporciones.
El libro ya lo ha hecho. Traducido a 35 idiomas y con más de tres millones de ejemplares vendidos, El niño con el pijama de rayas ha sabido emocionar con una historia en la que no importa tanto el qué sino el cómo. No es tan trascendente el argumento –que lo es- sino la narración, la manera en que nos son contados los acontecimientos. Porque si bien podemos imaginarnos el horror vivido en los campos de concentración nazi, en pocas ocasiones se nos permite de forma tan eficaz ponernos en la piel de un niño.
Aún así, algunas imágenes del libro convenía verlas en pantalla. La llegada del pequeño Bruno a su nuevo hogar, el encuentro con su nuevo amigo y sobre todo un impactante y sobrecogedor final son algunos de los momentos por los que seguro merecerá la pena acudir al cine. Esperemos que aquello de que la imagen vale más que mil palabras no juegue en contra de la adaptación de un libro cuyo interés reside precisamente en no saber demasiado.

lunes, 28 de julio de 2008

'Expediente X 2': Ver para creer (por jesn)

Anoche fui a ver Expediente X: creer es la clave con la esperanza de que fuera la película definitiva que cerrara la trama de la serie o que abriera nuevas vías para una siguiente entrega cinematográfica, tras 10 años desde el estreno de la primera. Cual fue mi desilusión cuando al transcurrir el metraje me di cuenta de que se trataba de un capítulo más de la serie, tirando a flojo, pero con más duración.
La película empieza como si fuera la continuación del último capítulo de la serie, con Mulder y Scully juntos. Dos agentes del FBI, interpretados por Amanda Peet (como acaba la pobre…), y Xzibit, piden la ayuda de la pareja para resolver un caso sobre la misteriosa desaparición de varias mujeres en un pueblo de Virginia. La trama no convence en ningún momento, no hay nada paranormal en ella. Más bien parece el argumento típico de un capítulo de CSI o de Mentes criminales con tópicos como el de presentar a los rusos como los malos de la película. Incluso su creador, Chris Carter, había comentado que la película daría miedo y la verdad es que nadie en la sala se sobresaltó en ningún momento.
Lo único paranormal es la presencia del actor británico de comedias televisivas y telefilmes Billy Connoly, que hace el papel de un excura pedófilo con visiones y que ayuda al FBI a encontrar a una agente desaparecida. Sin embargo, esta trama del adivinador ya la explotaron en su momento en la serie, con un excelente y premiado capítulo (Clyde Buckman’s final repose, Emmy al mejor actor invitado para el recientemente fallecido Peter Boyle) con mucha más gracia y credibilidad.
La trama de Scully en su nuevo trabajo en un hospital no aporta nada o casi nada a la película y además apenas tiene un desenlace, algo de lo más normal en una serie de televisión pero que no resulta tan lógico en un filme sin vistas a una continuación.
Cabe destacar la referencia “especial” a George Bush y al fundador del FBI, John Edgar Hoover, al principio de la película y sobre todo la SORPRESA final con la presencia de uno de los personajes míticos de la serie. Sorpresa porque NO sale en los créditos ni salía tampoco en su momento en páginas especializadas como IMDB.COM. Carter ha querido hacer un guiño a los fans de la serie, aunque sólo fuera con un personaje testimonial pero con cierto peso en la trama del filme.
En definitiva, la película decepciona y sólo consigue que los fans de Expediente X esperen con ansia el filme definitivo que haga justicia a la serie. Esperamos que para ello no hagan falta otros diez años, aunque todo parece indicar que nos quedaremos con las ganas de una tercera entrega.

Comentario elaborado por Jesn

lunes, 21 de julio de 2008

Del papel a la pantalla: 'Shutter island', por Martin Scorsese

Atención, porque el próximo filme de Scorsese poco o nada tiene que ver con el crimen organizado. Es más, el director neoyorquino ha decidido abordar un género, el del cine de terror, que no tocaba desde El cabo del miedo (1991). Y teniendo en cuenta que la historia que relata Shutter island se adentra bastante en el terreno del terror psicológico, podemos afirmar que estamos ante un proyecto de características inusitadas en su carrera, a pesar de que cuente de nuevo, y ya van cuatro, con el que ya es su actor fetiche, Leonardo DiCaprio.
Scorsese juega sobre seguro y por ello ha decidido basar su nueva película en una novela del autor que ha dado momentos de gloria a Clint Eastwood con Mystic river y a Ben Affleck con Adiós, pequeña adiós. Dennis Lehane es uno de los escritores de moda en Hollywood y no es para menos. Sus historias se sumergen entre el misterio y la tragedia con suma facilidad, generando tramas que atrapan al lector desde la primera hasta la última línea. Shutter island es el máximo exponente, pues, sin duda, es de sus novelas la que logra una atmósfera más inquietante.
Ambientada en 1954, la historia narra la investigación del agente federal Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) y su compañero Chuck Aule (Mark Ruffalo), destinados al centro penitenciario para enfermos mentales de Ashecliffe, en Shutter Island. Su objetivo es encontrar a una presa desaparecida, Rachel Solando (Michelle Williams), que asesinó a sus hijos ahogándolos en un lago. Desde el momento de su llegada, los dos policías deberán enfrentarse a la hostilidad tanto de los enfermos como del personal del hospital, capitaneado por el inquietante Dr. Cawley (Ben Kingsley).
Realidad e imaginación se irán confundiendo a medida que avanza la trama, de manera que el lector (en breve, espectador) será magistralmente conducido de una suposición a otra sin tiempo para el descanso. La confusión que vive el atormentado protagonista se traslada también a un público que no esclarecerá sus dudas hasta el final del metraje. Hasta ese momento, le habrán pasado por delante personajes tan ambiguos como logrados.
Como logrado es precisamente el casting de esta película, que no podría encajar mejor en el imaginario del lector de la novela original. Leonardo DiCaprio es quizá el que menos se asemeja a su alter ego en papel, seguramente debido a sus facciones aniñadas y que lo alejan bastante de la masculinidad que desprende el protagonista de Shutter island. En contrapartida, Ben Kingsley y Michelle Williams (la novia del fallecido Heath Ledger) son la justa encarnación de sus personajes. Resulta difícil imaginar a otros actores que reúnan el misterioso temple del Dr. Cawley y la histeria de Rachel Solando.
Si a ello sumamos que el guionista es Steven Knight, responsable de Promesas del este, y que tras las cámaras se encuentra el infalible Scorsese, podemos augurar sin miedo a equivocarnos que estamos ante una de las películas más prometedoras del año. Del año 2009, porque aunque ya se ha iniciado el rodaje en Massachussets (ver imágenes), Shutter island no llegará a las pantallas hasta octubre del año que viene.

lunes, 14 de julio de 2008

Posdata: ¡no te olvides de esconder el micro!

Los espectadores que suelen fijarse en esos detalles, y los que no también, se llevarán las manos a la cabeza en cuanto comprueben la cantidad de veces en las que aparece en pantalla el micrófono de ambiente y demás artilugios cinematográficos en Posdata: te quiero. Cuando el micro casi se convierte en un personaje más de la película uno termina por plantearse si en realidad nos estarán colando la cinta del Así se hizo en vez de la original.
Es sólo una muestra de hasta que punto esta producción se toma en serio a sí misma y, por consiguiente, al espectador. El argumento y los diálogos terminan de corroborarlo: nadie creía en Posdata: te quiero y la única forma que han tenido de salvarla es mediante una impresionante campaña de publicidad. La misma que tuvo la cortesía, o la desfachatez, de invitarme a su preestreno, cuando en realidad la invitación debería ir bien acompañada de un cheque en blanco.
La gran pregunta que plantea esta película es quien demonios sobornó a Hilary Swank para que interpretara el papel principal. La actriz que ha logrado dos Oscars con los brillantes personajes de Boys don’t cry y Million dollar baby no tiene nada que ver con la escuálida jovencita de prominente dentadura que aquí nos presentan. Encarnando a la pobre viuda Holly, Swank desmerece su talento y se aproxima al nivel de actrices más comerciales, y mucho más idóneas para este tipo de filmes, como Jennifer Garner.
Ni los esfuerzos en vano de Lisa Kudrow por deshacerse de su papel de Phoebe en Friends ni el interesante cambio de registro de Gerard Butler tras su fibrado paso por 300 logran sacarle la punta a un guión más flojo que el de la media de comedias románticas al uso. Si la intención de la película era demostrar, tal como reza su eslogan, que el verdadero amor nunca muere, su argumento plasma justamente lo contrario: más vale morir sin amor que con este tipo de demostraciones crueles. Y es que sólo a un sádico retorcido se le ocurriría martirizar a su novia, todavía recuperándose de la pérdida, con mensajes de voz y cartas diarias.
No se me ocurre peor manera de vengarse de alguien. El sujeto le recuerda de forma constante cuan maravillosa fue la vida con él, la conduce a estar pendiente del buzón cada dos por tres, la obliga a escuchar su canción favorita en el lugar donde se conocieron sin pensar por un momento que aquello puede que le esté haciendo más daño que bien. Mientras, su amada se ve arrastrada por una depresión de caballo que él va alimentando a diario con sus malditas cartas.
Desde luego, el espectador romántico que persigue esta película puede terminar huyendo despavorido de la sala de cine, no sólo por esta idea sadomasoquista del amor que transmite, sino también por el tedioso desarrollo de la historia, a caballo entre el humor estúpido y los diálogos interminablemente banales. Sólo hay un momento de carcajada, el que protagoniza el personaje de Lisa Kudrow en su intento de hallar al pretendiente perfecto, y ni un solo momento que haga creer en el concepto de amor que suelen explotar este tipo de filmes, con lo que Posdata: te quiero, como comedia romántica, es también un rotundo fracaso.