martes, 30 de mayo de 2006

Próximamente: El regreso de Michelle Pfeiffer

Mi musa, mi amor, mi debilidad. La actriz por excelencia. De las pocas que aúna interpretación, belleza y elegancia, regresa, por fin, tras cuatro años de silencio. Después de varios fiascos seguidos con papeles de telefilme de sobremesa, Michelle Pfeiffer parece que ha encontrado el rumbo y rueda estos días en Inglaterra una película, Stardust, que, a falta de un año para estrenarse, promete ser todo un éxito.
De entrada, por sus compañeros de reparto. Claire Danes (Romeo y Julieta), Rupert Everett, Peter O’toole, Alfred Molina y Robert de Niro, junto a Pfeiffer, forman un cartel nada desdeñable. La historia, un cuento de hadas basado en una novela de Nail Gaiman, puede tener buena acogida, sobre todo tras los éxitos de otras fábulas fantásticas como El señor de los anillos o Las crónicas de Narnia. De hecho, Michelle Pfeiffer encarnará a una bruja sospechosamente parecida, y con idéntico vehículo de locomoción, a la bruja blanca que Tilda Wilson interpretó de forma magistral en la nueva saga de Walt Disney (ver imagen).
Stardust se desarrolla en Muro, un pequeño pueblo que hace de límite entre la campiña inglesa y el reino mágico de Faerie. Cada siete años, la puerta que separa los dos mundos se abre para que sus habitantes celebren una feria conjunta. Fruto del idilio entre un humano y una elfa nació Tristian, un joven que, tras prometérselo a la chica más hermosa del lugar, deberá entrar en el país de las hadas en busca de una estrella fugaz caída. Estrella a su vez codiciada por el guardián del reino y la malvada bruja. Con semejante argumento es evidente que estamos ante un cuento infantil en toda regla.
La película, segunda obra del director Matthew Vaughn, no se estrenará hasta junio de 2007 en Estados Unidos. Espero que con ella, Michelle Pfeiffer deje atrás películas de segunda fila como Historia de lo nuestro, Yo soy Sam o La flor del mal y regrese a grandes papeles como los que le dieron fama: Lady Halcón, Los fabulosos Baker Boys, La casa Rusia, La edad de la inocencia,… Dios, cuánto la echo de menos!

lunes, 22 de mayo de 2006

La fallida mudanza de Da Vinci

Pocas veces tantos espectadores podrán ser testigos del traslado a la pantalla de un libro que ya han leído cerca de 40 millones de personas. El código da Vinci es un éxito editorial indiscutible. Un dulce caramelo que la productora Sony justo ahora empieza a saborear. Las 750 salas en las que este fin de semana se ha estrenado la película de bien seguro habrán estado a rebosar de ávidos lectores deseosos de conocer cómo se ha realizado la mudanza del papel al fotograma (224 millones de dólares ha recaudado en todo el mundo durante su primer fin de semana).
Las críticas en su mayoría han sido feroces, tanto en lo que al libro como a la película se refiere. Los fenómenos de masas suelen ser carne de cañón de los analistas culturales, bien sea por pura pedantería o por aquello de que la cultura cuanto más popular peor. En todo caso, no parece que los comentarios vertidos por la prensa estos días vayan a afectar lo más mínimo a las ventas, tanto de ejemplares como de entradas. Al menos de momento.
El código da Vinci libro es, a mi juicio y aún a riesgo de nadar a contracorriente, un best-seller apasionante, en el que cada capítulo se devora con más intensidad que el anterior. La mezcla equilibrada entre suspense y datos más o menos históricos, pero que se presentan reveladores y fascinantes, es probablemente el motivo de su éxito. No importa si la novela es fiel o no a la historia. El lector no es tonto y sabe que no se encuentra delante de una historia novelada sino ante una obra de ficción con una teoría argumentada de forma brillante.
Es lógico que los historiadores pongan el grito en el cielo (en su momento, los biólogos también harían lo mismo cuando vieron con qué facilidad recuperaba Michael Crichton a los dinosaurios en la también adaptada Parque Jurásico). Sin embargo, no entienden que más que un atentado contra sus disciplinas, estos éxitos comerciales de ficción siembran dudas y generan más interés por ellas.
El problema viene cuando, más que suscitar el interés del espectador, lo único que se consigue es una mayúscula risotada. El código da Vinci filme le hace un flaco favor a la novela en la que se inspira. No porque le sea infiel (más bien al contrario, se trata de una reproducción meticulosamente idéntica de su argumento) sino porque durante la mudanza del papel al fotograma se pierde por el camino la credibilidad. La película es como una ametralladora que dispara sin cesar tesis y más tesis conspiratorias. Lo que comienza siendo sugerente se torna ridículo con el avance del metraje. Cada nueva revelación es más inverosímil y enrevesada que la anterior, hasta que al final ya no interesa lo más mínimo si Maria Magdalena era de sangre real, si Jesús fue un humano normal y corriente con descendencia o si el Priorato de Sión sobrevivió o no hasta nuestros días. Al final lo único que se desea es que termine de una vez ese vómito incesante de teorías incomprensibles. Porque si bien en el libro las diferentes tesis se defienden con suma coherencia hasta parecer mínimamente creíbles, en la película es imposible asimilar tal cantidad de información vertida sin ton ni son. Se llega incluso a la paradoja de que los hechos se suceden muy rápidamente pero el filme se asimila lento y pesado.
Los personajes tampoco aportan demasiado a la credibilidad de la película, pero no es precisamente Tom Hanks el principal culpable. Audrey Tautou no se cree en ningún momento lo que interpreta, su rostro atónito y pasmado a duras penas cambia a lo largo del filme y demuestra ser incapaz de actuar más allá de Amélie. Ian McKellen es el único de todo el repertorio que confiere a El código da Vinci una mínima seriedad (casi paródico es el papel al que han destinado al albino Silas).
En definitiva, Ron Howard encarna la imposibilidad de trasladar un libro de estas características a la gran pantalla. La tarea era complicada, pero se podría haber resuelto de otras formas que no siguieran necesariamente la estructura narrativa de la novela. Por ejemplo, los constantes flashbacks históricos se podrían haber planteado como una buena introducción de la película. Ponerle rostro y cuerpo a Maria Magdalena y Jesús o recrear esas batallas entre la Iglesia y los paganos en la antigua Roma hubieran resultado de lo más útil para dotar a la trama de cierta verosimilitud y para captar el interés, tanto de los neófitos del fenómeno da Vinci como de los lectores, defensores o detractores de la novela. Sin embargo, tal y como está planteada lo único que se consigue es que la Iglesia parezca ridícula en su campaña contra la película. Pueden estar tranquilos. El código da Vinci filme tiene menos credibilidad que los cimientos de la religión católica que pretende tambalear.

lunes, 15 de mayo de 2006

Hard Lolita

Poco tiene que ver esta Lolita con la de Nabokov. Los tiempos han cambiado y ya nacen resabidas. No son aquellas adolescentes sin conciencia, sino mujeres de cuerpo y mente más listas que el hambre. Los hombres de mente desviada y ávidos de carne fresca ya no son los que abusan de ellas. La tortilla se ha vuelto del revés y ahora son ellas las que tienen la sartén por el mango. Las que hacen y deshacen a su antojo. Las que buscan a sus víctimas, las que las embaucan, las que conocen a la perfección sus puntos débiles. Las lolitas del siglo XXI llegan por Internet y lo hacen con ganas de revancha.
Hard Candy arranca precisamente con la escena de captación de la víctima. Una pantalla de ordenador nos hace testigos de un flirteo virtual. De fondo, los sonidos de un teclado. En apariencia, un fotógrafo de 32 años encandila a una joven de 14 para tener su primera cita presencial en casa de este. Pero lo que comienza siendo una supuesta inconciencia de la joven y el inicio de una relación pedófila acaba derivando en una auténtica pesadilla para el treintañero. Es decir, que la aparente víctima termina siendo la más cruel de los verdugos.
Ya advierto que toda persona, especialmente masculina, y con un mínimo de sensibilidad, sobre todo en ciertas partes, se abstenga de ver esta película. Yo, como hombre, lo pasé fatal. Se podría decir que el contenido del filme es puro terror psicológico. Pero un terror psicológico de lo más gore. Apenas se muestra nada, pero no hace falta. Sólo con los diálogos yo ya me retorcía en la butaca. Y no era el único, lo puedo asegurar.
Esta es la historia de una venganza fríamente calculada, como fría es la dulce Hayley interpretada por una convincente y aterradora Ellen Page. El ojo por ojo, diente por diente llevado al extremo. Toda persona amante y defensora de la pena de muerte como mecanismo de justicia social, por favor, acuda en masa a visionar Hard Candy. Verá saciados plenamente sus deseos. Disfrutará viendo retorcerse de dolor a un pedófilo, los criminales de peor calaña, los que solo merecen una cosa: que les corten los huevos. Esta es la película de George Bush, Schwazzenegger y tantos otros que opinan que el castigo mortal es el mejor de los castigos que una democracia puede imponer a sus peores verdugos para que escarmienten.
Me sorprende que este fuera el filme ganador en el pasado Festival de Sitges. Quiero pensar que es por su fotografía, azulada, fría y arriesgada. O porque sus dos horas de metraje se desarrollan apenas en un único espacio y se basan en un diálogo ágil entre solo dos personajes, sin que por ello el espectador muestre signos de cansancio. O incluso por la interpretación de la joven Page. Pero en lo que al contenido y al mensaje de la película se refiere, propio de la derecha más ultraconservadora, Hard Candy no merece ni de lejos el reconocimiento de un festival de cine europeo.

miércoles, 10 de mayo de 2006

M:I:III, la envidia de Alias

Hasta el gorro del debate actual entre defensores y detractores de Tom Cruise, mi posición se reduce a una frase: “es idóneo para papeles de héroe”. Punto. De ahí que su interpretación en Misión Imposible III (o M:I:III para los de sigla fácil) me parezca más que correcta. Dejando a un lado sus histriónicas escenas de amor con la otrora sensual y angelical Katie Holmes, este actor de sonrisa blanco nuclear es perfecto para protagonizar esta saga, llamada a sustituir a la caduca 007.
Es mucho más interesante analizar la huella que ha dejado marcada su director en esta secuela. El imaginario de J.J. Abrams es palpable a lo largo de todo el filme, y más si uno ha tenido la oportunidad de seguir los seriales en los que este señor anda del todo metido. Perdidos es el más importante de ellos, sin embargo M:I:III bebe bastante más de otro de sus productos, éste de menor repercusión, al menos en nuestro país. Alias es la precursora a pequeña escala de esta película, en la que se encuentran muchas de las manías, preferencias y vicios que Abrams vierte constantemente en la serie de acción.
El más destacable de ellos es sin duda el flashback. Cuantos capítulos de Alias han empezado con este recurso tan eficaz para la acción… O qué razón de ser tendrían los personajes de Perdidos sin esos constantes retrocesos narrativos… Pues bien, M:I:III arranca con una poderosa y tensa escena inicial con la que J.J. Abrams consigue atrapar desde el primer segundo al espectador. Inmediatamente después aparece la famosa sintonía de la saga y la trama nos sitúa unos cuantos días antes. Es un recurso fácil pero del todo eficiente a la hora de generar expectación.
Esta tercera parte de Misión Imposible, se ha comentado mucho, también pretende humanizar un poco más al personaje de Ethan Hunt y mostrarnos sus sentimientos. En esto también se nota la mano de Abrams y la influencia de Alias, ya que en la serie es muy común la combinación de secuencias de acción con melodramáticas escenas de amor al más puro estilo Felicity (también es significativa la presencia de su protagonista Keri Russell en la película). La agente Bristow, como Hunt, también tiene dificultades para conciliar su vida laboral con la familiar y presenta parecidos traumas psicológicos.
Pero hay más similitudes. El asesor informático y tecnológico de la agencia británica es sospechosamente parecido al alocado Marshall de Alias. Las localizaciones de la película en diferentes partes del planeta son el comer de cada día de la teleserie. Sus personajes tan pronto están en París como en Honolulu. En ambas producciones el enemigo tiene en su poder un arma de calibre mundial y de ridículo nombre. En el filme se trata de la pata de conejo. En el caso de la serie, es imposible acordarme de cómo demonios se llamaban esos artilugios mortales creados por el tal Rambaldi. La sofisticada tecnología utilizada por los dos agentes es igualmente inverosímil en uno y otro caso.
Sólo logro apreciar una importante diferencia entre M:I:III y Alias. El presupuesto. Si Sydney Bristow pudiera opinar al respecto seguramente estaría rabiosa y celosa de su homólogo Ethan Hunt. Mientras ella corretea de un lado a otro del planeta sin salir de los decorados californianos, su semejante ha podido saltar de un rascacielos a otro en la mismísima Shangai. Con la película, J.J. Abrams ha conseguido realizar por fin ese producto trepidante y espectacular que con Alias sólo lograba acariciar. De bien seguro que con este juguetito ha disfrutado el director como un niño pequeño. Ahora tan sólo deberá esperar que la mano santa de Cruise vuelva a señalarlo de nuevo como el director de la cuarta entrega para poder impregnarla otra vez de sus filias y sus fobias.

jueves, 4 de mayo de 2006

El principio del génesis

El origen de una nueva ficción a la española comenzó a vislumbrarse el pasado miércoles con el estreno de la serie Génesis. Los avances y promociones con los que Cuatro nos fue vendiendo el producto vaticinaban algo diferente, algo de calidad, muy alejado de las producciones made in Spain con las que nos suelen deleitar otras cadenas en prime time, léase comedias ligeras de humor rancio o sucedáneos, más bien incomparables, de la ficción norteamericana.
No hay que negarlo. Génesis también se mira en el espejo de Estados Unidos, reflejando un poco de CSI, otro tanto de Millennium y otro tanto bastante de Seven, pero sin acabar de obtener una imagen nítida y parecida. A pesar de que el esfuerzo es loable, la producción todavía está lejos de transmitir solidez en los guiones y, sobre todo, credibilidad.
¿Cómo se entiende, sino, que una policía acuda de noche a casa de un sospechoso de asesinato múltiple para cenar tranquilamente y sin ningún tipo de protección? ¿O que otro sospechoso, sin venir a cuento, aparezca de golpe y se ponga a correr ante las narices de Mateo, el líder de la brigada? ¿O qué éste, en su persecución, lance tiros al aire sin ton ni son? Son pequeños detalles que reiteran aquello de que los españoles todavía estamos a años luz de las series de acción norteamericanas y que seguimos en un querer y no poder. Esto es, en definitiva, tan sólo el principio del génesis de la calidad en la ficción española.
Sin embargo, en otros muchos aspectos se puede comprobar que Génesis es un buen primer paso. La fotografía lograba la atmósfera de misterio idónea para este tipo de tramas psicopáticas. La banda sonora, en general, bastante acertada y efectiva en su intento de provocar tensión. Y, sobre todo, la correcta interpretación de los tres personajes principales.
Verónica Sánchez consigue apartarse de su pasado serrano y encarna con bastante credibilidad a la segunda de a bordo mona y sabelotodo. El personaje de Quim Gutiérrez, en su intento de conectar con un público joven, se nota un tanto forzado, aunque el actor catalán lo interpreta con bastante soltura. Por último, Pep Munné y su particular timbre de voz por fin encuentran un personaje que no parezca sobreactuado. Él es Mateo, una especie de Grissom, pero con la diferencia que, mientras el de Las Vegas padece sordera, este híbrido español tiene el sentido auditivo tan desarrollado que necesita taponarse los oídos en la escena del crimen para así obtener una mayor concentración.
Percibimos ya una futura tensión sexual en la trama de esta serie que incluirá un conflicto fraternal entre los dos protagonistas masculinos, que lucharán por esa chica tan mona y tan sabelotodo. Hacen bien de incluir este tipo de enredos para ganar adeptos. Me temo que si el primer capítulo, ese que debe asombrar y enganchar al público por igual, ha tenido un resultado cercano al notable, en próximos episodios se baje el listón y la guardia. Sólo con una trama y una intriga que se suceda a lo largo de la serie y, por supuesto, con una mejora de los guiones, conseguirá esta Génesis obtener un buen resultado.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Próximamente: un Keanu Reeves animado

A Scanner Darkly no es una película de animación al uso. Primero se rodaron las imágenes reales con Keanu Reeves, Robert Downey Jr y Winona Ryder como protagonistas. Después, se colorearon todos los planos mediante la técnica del rotoscopiado, una tarea en la que han invertido más de quince meses, consiguiendo unos efectos espectaculares. El filme lo ha dirigido Richard Linklater, un cineasta independiente del que próximamente también podremos ver Fast Food Nation, un nuevo documental sobre las dudosas costumbres gastronómicas de Estados Unidos. Basada en otra historia futurista de Philip K. Dick (Blade Runner, Minority Report), A Scanner Darkly se estrena este verano en Estados Unidos. Ya puedes ver el tráiler en
http://wip.warnerbros.com/ascannerdarkly/

martes, 2 de mayo de 2006

El embolado de Julianne Moore

¿Cómo es posible que una película protagonizada por Julianne Moore y Samuel L. Jackson se estrene en tan sólo tres salas de Barcelona? Era la pregunta que rondaba por mi cabeza momentos antes de entrar en uno de esos tres cines en los que proyectaban El color del crimen. Dos horas más tarde, al atravesar la salida de emergencia, entendí perfectamente el motivo. La película es un bodrio.
Capítulos de Sin rastro desarrollan mucho mejor en 45 minutos lo que este filme alarga a 120, la misteriosa desaparición de un niño blanco cerca de un gueto habitado por negros en New Jersey. Desde el momento en que la policía decide acordonar toda la colonia para encontrar al secuestrador, estalla un conflicto racial con dramáticas consecuencias.
La película muestra, a su manera, algunos de los males que azotan Estados Unidos. Como es evidente, uno de ellos el racismo y las desigualdades sociales, pero también algunos otros que producen igual repugnancia, como es por ejemplo esa tendencia al asociacionismo obsesivo y al victimismo exagerado. Lo observamos cuando aparece en escena esa asociación de madres que monta un auténtico espectáculo para buscar al niño desaparecido. Y se evidencia también con Brenda Martin, el personaje de sufrida madre que interpreta Julianne Moore.
Muecas, lloriqueos, sollozos, griteríos, es todo lo que nos depara la protagonista, hasta tal punto que uno termina por odiar a la mismísima Julianne Moore! A la actriz de El fin del romance, de Lejos del cielo, de Las horas, de Hannibal! ¿Qué hace una mujer como ella en un telefilme barato como este? Sorprende que se haya dejado engatusar por el pobre guión de esta película, como también sorprende que en su momento Catherine Zeta-Jones y Julia Roberts decidieran intervenir en La pareja del año otro de los bodrios que también ha dirigido el norteamericano Joe Roth. Qué tendrá este hombre, que toda buena actriz que pasa por sus manos acaba teniendo una mancha en su expediente.
De todo menos talento, está claro. La historia no es más que una anécdota convertida en un argumento que cae por sí solo. La combinación de misterio con denuncia fracasa en los dos sentidos. El color del crimen ni inquieta ni conciencia. El filme ni siquiera se salva con Samuel L. Jackson en el papel de policía mediador ya que, como todos, es un personaje poco sólido y carente de interés, como lo es en sí todo el largometraje. Es justo, por tanto, no sólo que no ocupe un lugar preferente en la cartelera sino que en pocos días desaparezca por completo de ella.