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Mostrando entradas de abril, 2006

De etiqueta

Los humanos solemos etiquetar al resto de mortales con suma facilidad. Forma parte de nuestra razón de ser, ya que clasificando a las personas que nos rodean es más sencillo para nosotros adoptar una actitud u otra hacia ellas. Es un proceso simple pero inmutable. Todos quedamos tatuados casi de por vida con una marca que difícilmente podremos borrar y con la que pocas veces nos sentiremos identificados.
Etiquetas hay de muchas clases, pero una posible división la podemos establecer entre aquellas que son amables y otras que, por el contrario, tienen un marcado cariz despreciativo. Unas se reciben como una bendición y las otras, lógicamente, constituyen una auténtica lacra para el que las sufre. Iñaki Gabilondo encarna esta segunda opción. No importa su dilatada carrera periodística, su perfecto dominio del lenguaje, la capacidad de análisis ni su portentoso timbre de voz. Para muchos, Gabilondo es simple y llanamente sociata.
Y claro, dicha etiqueta puede que le cuelgue durante largo t…

No más vidas

Lo reconozco. No vi el último capítulo de 7 vidas. A pesar de que era un fiel seguidor de la serie y que no perdonaba ni uno sola de sus emisiones, su despedida no despertó en mí ningún interés. Y es que si Globomedia ha decidido retirar la serie antes de que perdiera fuelle para convertirla así en referente de la ficción española, para mí hace tiempo que 7 vidas dejó de respirar.
No es por agotamiento, estoy convencido. Podría haber tenido ocho, nueve o veinte vidas más si sus guionistas o sus responsables de casting hubieran sido más espabilados. Han sido precisamente sus últimas decisiones las que han condenado a la serie a una muerte anunciada a gritos. Nuevos personajes sin nada que aportar, y algunos dudosamente interpretados, son el principal motivo del fracaso de esta temporada y del descenso en las audiencias (no hay que olvidar que hasta la infumable Mis adorables vecinos venció durante algunas semanas a esta otrora serie prodigio).
Si el personaje de Mónica, interpretado por …

V de veleidad

No hay duda de que a los hermanos Wachowski les preocupa sobremanera la alienación y la pasividad sociales. Ya en Matrix nos advertían de que todo aquello que nos rodea es una gran mentira, diseñada para convertirnos en fieles esclavos del poder. Pero si en aquella película, que muchos infravaloraron por sus alardes tecnológicos pero que resultaba redonda en su planteamiento, los Wachowski conseguían denunciar la ceguera occidental haciendo un buen uso de la ciencia ficción, en esta V de Vendetta caen de lleno en aquello que pretenden denunciar y que no es otra cosa que la demagogia.
Es tan poco sutil esta película y resultan tan facilones sus argumentos y sus mensajes que en todo momento uno siente que le están vendiendo una moto como la que les vende el líder a sus súbditos. Se meten en un mismo saco tantos problemas, medidos todos con la misma vara, que el conjunto termina rozando la banalidad. Y eso que no hay que negarle a este filme, producido desde Hollywood, la osadía de denunc…

Cuando House se convirtió en paciente

Odioso, chulesco, ególatra, gruñón, excesivamente sarcástico, engreído, mordaz. Los adjetivos no se acaban para definir la personalidad de alguien al que detestaríamos con todas nuestras fuerzas si formase parte de nuestro entorno real. Pero el Dr. House, por suerte, surge de la imaginación de unos guionistas que han conseguido crear uno de los personajes más peculiares del panorama televisivo. Su audacia y particular modus operandi son comparables a los que en su momento nos brindaron el teniente Colombo o el letrado Perry Mason. Personajes sin los que sus series, por no tener, no tendrían ni título. Y es que ¿no sería House sin House otra fotocopia más de Urgencias?
No interesan lo más mínimo los casos que esta serie nos muestra cada semana, ni la enrevesada terminología médica con la que pretenden dar credibilidad a sus tramas. No las entiendo. Lo que interesa es House. Sus comentarios jocosos, sus salidas de tono, sus ironías, la conflictiva relación con sus pacientes. Y sobre todo…

El reclamo es una ardilla

No sé que tiene esta ardillita pero su simple aparición en escena provoca auténticas carcajadas. Se trata de Scrat, el personaje por excelencia de Ice Age 2 que sin embargo, y paradójicamente, no tiene un papel fundamental en la trama. El animal y su esquiva bellota protagonizan la apertura, el cierre y los intermedios de este filme animado en una serie de sketches sin los cuales la cinta perdería toda la gracia. Corrían el riesgo de matar al personaje abusando de su presencia, pero en cambio consiguen que cada situación a la que se enfrenta la sufrida ardilla sea todavía más desternillante que la anterior. ¿Serán sus gestos, sus muecas, sus ojitos desorbitados, sus gemidos? Lo que está claro es que detrás de Scrat se percibe buen trabajo y grandes dosis de ingenio.
Esta segunda parte vuelve a narrar una migración animal, pero en esta ocasión motivada por el calentamiento global, que amenaza con derretir una gran placa de hielo y con inundar el valle en el que hasta ahora habitaban plá…